San Valentín: patrono de los enamorados y enemigo del doblez liberal

14 de Febrero, día de San Valentín, patrono de los enamorados. Pero… ¿por qué? Veamos la verdadera historia.

Entre los numerosos mártires que en tiempo del emperador Claudio derramaron su sangre por Jesucristo, san Valentín[1], sacerdote, fue uno de ellos (+270). Al parecer, el emperador había prohibido los matrimonios, creyendo que con ellos se impedía la proliferación y libertad de sus súbditos. San Valentín, sabiendo que el matrimonio no sólo es un sacramento, sino que es el fundamento de la familia, desoyó la orden, por lo que fue llevado a su presencia, maniatado y cargado de cadenas. Al verlo, el mismo emperador, le dijo:

– “¿Por qué no quieres gozar de nuestra amistad, sino ser amigo de los cristianos? Yo te oigo alabar de hombre sabio y cuerdo, y por otra parte te veo vano y supersticioso” –a lo que respondió Valentín:

– Si conocieses el don de Dios, serías dichoso tú, y bienaventurada tu república: te apartarías de los demonios y falsos dioses, y adorarías a Jesucristo, único Dios verdadero”.

Oyendo esto un letrado que estaba presente gritó en alta voz:

“¡Ha blasfemado contra nuestro dioses!”.

Valentín seguía hablando al emperador que lo escuchaba atentamente, de manera que Calpurnio, prefecto de la ciudad, exclamó temeroso de que el emperador se convirtiese:

– “¿No veis cómo este hombre está engañando a nuestro príncipe? ¿Es posible que dejemos la religión que mamamos con la leche, y con que nos criamos nuestros mayores?”.

Entonces Claudio, temiendo algún alboroto, mandó que retirasen a Valentín de su presencia, pero que se le diese audiencia en otra parte, y que si no diese cuenta de sí, le castigasen como a sacrílego, y si la diese, no le condenasen.

Le oyó, pues, en su casa el teniente Asterio, y al entrar en ella Valentín, oró a Dios diciendo:

“¡Oh luz verdadera del mundo! alumbrad a tantos hombres que viven ciegos en las tinieblas de la gentilidad!”.

Al escuchar estas palabras, dijo el teniente:

“Si esto es así como lo dices, enseguida lo probaremos: tengo una hija, que hace dos años que está ciega. Si tú la sanas, creeremos que Cristo es luz y Dios verdadero”.

Trajeron, pues a la niña y poniendo Valentín las manos sobre sus ojos, le restituyó la vista. Entonces Asterio y su mujer se echaron a los pies del santo suplicándole que les dijese lo que debían hacer para salvarse. El santo les mandó hacer pedazos todos los ídolos que tenían, ayunar tres días y perdonar a todos los que los habían agraviado, y después se bautizasen, con lo cual se salvarían. Asterio cumplió todo lo que le fue ordenado: soltó a todos los fieles que tenía presos y se bautizó con toda su familia, que era de cuarenta y seis personas, contando a los criados. Supo esto el emperador y teniendo miedo por el revuelo que se había desatado en Roma, aunque considerase a Valentín un hombre de Dios, mandó martirizar a todos con distintos géneros de tormentos, haciendo apalear y degollar a Valentín en la vía Flaminia, donde el Papa Teodoro le dedicó un templo.

Reflexión: El respeto humano y la “prudencia” política, costó la vida al glorioso san Valentín y a tantos otros fieles de Cristo; como si la política estuviese sobre la ley de Dios, y no estuviese la ley de Dios sobre todo gobierno y manera de gobernar. Jamás ha sido ni será lícito obrar el mal para alcanzar algún bien y menos tampoco la imposible dualidad inventada por el liberalismo que hace que algunos se muestren católicos en el ámbito particular pero se muestren como ates o agnósticos en la vida pública; y todo para no “discriminar” o “incomodar” a los que no opinan distinto de uno. Justamente lo contrario que decía Cristo: “vosotros sois la luz del mundo”.


[1] Cfr. Francisco de Paula Morell, SJ, Flos sanctorum de la familia cristiana, Santa Catalina, Buenos Aires 1949.

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