Malvinas: gesta olvidada

Hoy, 2 de Abril de 2014, presentamos partes de un excelente artículo sobre la gesta de Malvinas, con el objeto de descubrir el velo que la mantiene oculta desde que la “historia oficial” hizo del pasado un monopolio.

4257A 32 años de la Gesta de Malvinas

Prof. Andrea Greco de Álvarez

Hace 32 años por medio del Operativo Rosario puesto bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario la Argentina el 2 de abril de 1982 recuperaba aquel territorio de las Islas Malvinas usurpadas por Gran Bretaña 149 años antes.

Han pasado 32 años desde aquella gesta heroica que no queremos olvidar porque con ella la Argentina supo ponerse de pie, como no lo había hecho desde aquellos lejanos días de 1845 cuando se enfrentó a la operación conjunta de las dos más grandes potencias de la época.

No es casual que, ante el estado de postración, sometimiento e injusticia que vive hoy nuestra Patria evoquemos a aquella Argentina Grande. Como dijera el maestro Jordán Bruno Genta en la memorable conferencia del 26 de octubre de 1974, en vísperas de su muerte a manos de la canalla marxista:

“¿Cuál es la Argentina que yo quiero, cuál es la Nación que yo quiero?. Es una Nación como aquella que ya existió, como aquella de 1848, 49, 50, cuando las más poderosas potencias del mundo, Inglaterra y luego Francia, una con Southern, la otra con Lepredour, firmaron con Arana, con Juan Manuel, los Tratados más honrosos de la historia argentina.

Yo quiero una Nación como aquella en la que un día todo el pueblo porteño fue convocado al puerto, y ante ese pueblo de varones y mujeres fuertes, entró en la rada la fragata inglesa Sharpy, arrió el Pabellón inglés, enarboló el Pabellón argentino y lo saludó con veintiún cañonazos. Esa Argentina de señores, que obligaba a un trato de señores a los poderosos de la Tierra. ¡Comparad la riqueza de aquella Argentina tan pobre, con la pobreza de esta Argentina tan rica!”[1].

Podríamos agregar nosotros algunos párrafos a esta magnífica síntesis gentiana. ¿Cuál es la Argentina que yo quiero? Es una Nación como aquella que ya existió, como aquella de 1982 cuando las más poderosas potencias del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, se unieron en contra del intento viril de los más nobles de nuestros compatriotas que ofrendaron sus vidas, sus esfuerzos y sus sueños por la reconquista de “la hermanita perdida”, por la recuperación de aquel retazo del suelo patrio. Y lo hicieron conscientes de la directa proporción entre la indispensable integralidad del territorio para obtener la auténtica soberanía nacional.

Yo también quiero aquella Argentina. Es esa Argentina que no tenía dudas ante la disyuntiva: de un lado, entreguismo, prepotencia y desarraigo o del otro, donación de sí, auténtica unidad y arraigo a la tierra, la fe y la cultura. Ante ese par de opciones, aquella Argentina Grande se decidió de modo indeclinable por la segunda.

Ese debate entre esos dos proyectos contradictorios y excluyentes es en gran medida la cruz nacional que hasta el día de hoy llevamos sobre los hombros.

La Guerra de Malvinas, hecho señero

Mi tierra cuyana dio a la Patria, una vez más, como otrora en la Campaña Libertadora del General San Martín, lo mejor de la sangre de sus hombres. Muchos son los nombres que podríamos traer a la memoria, pero sólo evocaremos dos, “para honor de nuestro emblema, para orgullo nacional”. El Capitán Giachino, el mendocino, el primer muerto en la Gesta Malvinera. El Subteniente Silva, sanjuanino, que, como el Zonda abrazador de su provincia natal, fue el torbellino que muriera en el último día.

20120330160155487437Pedro Edgardo Giachino, capitán de fragata, fue herido en la casa del gobernador inglés cuando las fuerzas de desembarco el mismo día 2 de abril intimaron a los británicos a la rendición. El Capitán Giachino fue alcanzado fatalmente por un proyectil en la arteria femoral a las 7:30 y murió unas horas después. Sin embargo, sobre el sacrificio de su sangre la Patria llena de gloria a las 12:15 izó la bandera argentina en la casa del gobernador[2]. 149 años había esperado la Argentina ese momento. Las Islas Malvinas habían vuelto a casa.

Ese sacrificio de nuestros hombres fue acompañado, alentado e igualado por el de las valerosas mujeres como Delicia de Giachino quien respondió como digna heredera de la estirpe como Doña Ángela Zeballos. Doña Ángela, fue aquella mujer que en las listas de donativos ante las invasiones inglesas de 1806 y 1807, no teniendo qué entregarle a la patria, anotó con orgullo “un hijo para soldado”[3]. Con esa misma entereza nuestra querida Delicia, en pleno siglo XX, ofreció a la patria un hijo para soldado. La patria le devolvió un héroe, el primer caído en aquel glorioso día 2 de abril de 1982.

74 días duró aquella contienda. 74 días en que las flores más bellas de heroísmo y amor genuino sembraron un jardín de cruces blancas en aquella fría turba, o de corales en las profundidades de las heladas aguas.

73 días después del sacrificio de Giachino, Oscar Silva, subteniente sanjuanino, regó con su sangre las colinas de Tumbledown, el 13 de junio de 1982 en las últimas horas de la guerra. Al llegar a su última posición había presentido que era el final. Cuentan que en aquel día ordenó, disparó, condujo a sus soldados y los animó permanentemente. No podía parar hasta encontrarse con el momento que había soñado toda su vida: el del máximo sacrificio por la Patria. Dicen que usó un arma, otra y otra, hasta que se quedó sin munición. Miró a su alrededor y entonces vio a un soldado muerto con un fusil pesado a su costado. Lo tomó y decidió no separarse más de él. Siguió disparando. En un momento, sintió algo caliente cerca de su cintura y comenzó a formarse un manchón rojo sobre su uniforme de combate. Luego, lo mismo, pero cerca de su hombro. Tocó su sangre y se aferró aún más a su arma. En su entorno, los soldados fueron muriendo uno a uno. Pareció quedarse solo. Pero no era así, pues Dios estaba con él. Y aquel fusil, que era su compañía en el último instante. Era su “novia” como le decían en el Colegio Militar. Cayó. Con mucho esfuerzo, se incorporó a medias y ordenó a todos que se retirasen. ¡Él tenía ese fusil para proteger a los demás en el repliegue! El enemigo siguió avanzando. Juntó sus escasas fuerzas, disparó el arma que tenía tomada con una sola mano, apoyando a los que se retiraban. Alcanzó a gritar: “¡Viva la Patria, carajo!” Y el bramido se escuchó desde Puerto Argentino… hasta el Cielo[4].

La Guerra de Malvinas sin duda es un hecho señero de nuestra historia. Fue un hecho ejemplar porque nos regaló a los argentinos del siglo XX el inapreciable contacto directo con los héroes, con sus familias, con sus herencias. Nos dejó el ejemplo de esos argentinos cercanos a nosotros en el tiempo, que no dudaron en ponerse al servicio de la Patria. Nos regaló el ejemplo de esos argentinos para los cuales no importaban los beneficios, los intereses económicos ni materiales, argentinos que tenían una estricta y exacta jerarquía de valores: primero Dios, después la Patria, después la familia.

La Guerra de Malvinas sin duda es un hecho señero de nuestra historia, porque la Causa de Malvinas revitalizó el espíritu patriótico y religioso del pueblo argentino. Uno de los protagonistas, el Teniente 1° Roberto Estevez en carta a su padre escribía:

“Lo único que a todos quiero pedirles es: que restauren una sincera unidad en la familia bajo la Cruz de Cristo. (..) Papá, hay cosas que en un día cualquiera no se dicen entre hombres, pero que hoy debo decírtelas: gracias por tenerte como modelo de bien nacido, gracias por creer en el honor, gracias por tener tu apellido, gracias por ser católico, argentino e hijo de sangre española, gracias por ser soldado, gracias a Dios por ser como soy, y que es el fruto de ese hogar donde vos sos el pilar. (…) Dios y Patria o Muerte. Roberto”[5].

QUIJOTE DE MALVINAS1

Las desgracias de la desmalvinización

Lamentablemente después de la guerra vino la desmalvinización. Con ella, como decíamos en otra ocasión, pareciera que alguien hubiera tomado esta carta y hubiera dicho:

‒ ¿Qué deberíamos hacer para hacer lo contrario de lo que pide el héroe?

‒ Pide la unidad de la familia, pongamos el divorcio; tiene un concepto del honor, eduquemos a las nuevas generaciones ignorantes en absoluto de lo que es lo honorable, lo honrado; agradece ser católico, argentino e hijo de sangre española, enseñemos a nuestros niños que todas las religiones o no tener ninguna es igual, que ser argentino es poca cosa y que la mayor parte de nuestros males nos vienen del “genocidio descubridor”; agradece por ser soldado, denigremos al extremo a la milicia convirtiendo a los militares en mercenarios profesionalizados; agradece a Dios su hogar, prendamos fuego a los hogares…

El 9 de junio de 2011 el Concejo Deliberante de la ciudad de Mar del Plata, donde está enterrado el primer héroe de Malvinas, ese primer caído por la Patria, el Capitán de Fragata Pedro Edgardo Giachino, decidió retirar el cuadro del héroe por asociarlo a la represión de los años ‘70. La madre del Capitán Giachino escribía entonces una carta a la Sra. Presidente donde decía:

“Resulta no sólo doloroso, sino insultante, que se denigre en esa forma la memoria de un héroe nacional que con su sangre devolviera a la patria su íntegra soberanía, mancillada desde 1833 por el usurpador inglés”.

¿Qué hicimos entonces nosotros los argentinos? Cuadros del Capitán Giachino deberíamos colgar en todas las aulas y cada vez que nos bajen un héroe, deberíamos sostenerlo con el alma hasta que la historia diga la verdad.

La historia Maestra de la Vida

Es conocida la sentencia de Cicerón acerca de la historia “maestra de la vida y testigo de los tiempos” o la expresión del genial Cervantes “La historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo yaviso de lo presente y advertencia del porvenir”. Y si es así como creían los antiguos deberíamos aprender del pasado.

Esta tamaña aberración desmalvinizadora tiene sus antecedentes en nuestra propia historia. El General San Martín, el llamado Padre de la Patria, fue calumniado por sus contemporáneos y tratado de dictador. De él la prensa emigrada (Carreras y Alvear), desde Montevideo, en El Hurón lanzaba sus invectivas denunciándolo como dictador. “Monstruo de corrupción, crueldad y sobre todo ingratitud”, decía del General San Martín el periódico carrerista[6]. Una de las primeras biografías de San Martín, escrita en vida del General por su archienemigo Carlos Alvear[7], lo definía como “insigne impostor y despreciable pillo”. Para no privarse de nada, Alvear ilustraba sus infamias con dibujos donde representaba a San Martín como un burro coronado, todo ensangrentado, con un cuchillo en la mano montado sobre un asno con cara de O’Higgins. La historia dijo después la verdad.

¡Dios lo quiera!, así habrá de suceder con Malvinas. Siempre que sepamos mantener enhiesta la conciencia de nuestros derechos y peraltado el ánimo patriótico. Con este espíritu es que algunos veteranos se refieren a la Guerra de 1982 como la “Batalla de Malvinas”, para indicar que aquel fue sólo un episodio en una guerra que terminará, algún día, con el triunfo argentino. Pero para que esto sea posible, no hay que bajar los brazos. Mantener el sentido de la soberanía y el valor inclaudicable de su defensa.

Durante 32 años, desde el día de la rendición el 14 de junio de 1982 la Patria volvió a ser deshonrada no porque los ingleses lograran el triunfo…

Deshonrada porque sus propios hijos quisieron olvidar la hazaña, olvidar a los héroes, esconder todo lo grande y todo lo noble, para poner a la luz todo lo negro y todo lo sucio. Durante 32 años se desmalvinizó al país con insistencia, con palabras mentirosas y con silencios culpables.

Hoy, 32 años después, la versión oficial del 2 de abril de 1982, en boca de la Presidente y otros funcionarios es una mentira escandalosa, al servicio de los intereses británicos. Para ellos nuestra guerra no fue justa sino prolongación del supuesto genocidio militar; según ellos, no hubo una gloriosa reconquista sino una invasión argentina bajo los efectos de una borrachera; según ellos, la gesta malvinera no tuvo apoyo popular y sólo por medio del engaño de los medios se logró ese apoyo; y según ellos, el único mérito de la Guerra de Malvinas fue que gracias a la rendición del 14 de junio tuvimos democracia. Hoy, 32 años después no necesitamos de Inglaterra para deshonrar a la Patria. Los argentinos mismos lo estamos haciendo.

Hoy se nos dice que una guerra librada contra el extranjero bajo una dictadura, no puede ser legítima ni justa. Sin la soberanía popular y la democracia no hay ninguna soberanía. Por esta vía, deberíamos repudiar todas las grandes hazañas de la patria: la Reconquista y Defensa ante las Invasiones Inglesas, la formación del Primer Gobierno Patrio, la Declaración de la Independencia, la Guerra de la Independencia, los triunfos federales ante el Bloqueo Francés y Anglofrancés. Ninguno de estos grandes hechos patrios, fueron gestados ni consumados al amparo de la soberanía popular ni la democracia liberal.

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Malvinizar la Patria

Por todo esto es que tenemos que tener como objetivo central malvinizar a la Patria. Porque tenemos que llenar la Patria de declamaciones patrióticas. Porque nuestra guerra fue justa. Porque fue una gloriosa reconquista. Porque todo el pueblo argentino se unió ante la causa común, porque retornó a la fe católica, porque Hispanoamérica se unió, como escribiera el teniente Estévez en otra memorable carta a su hermana, el 25 de mayo, tres días antes de morir. Porque los héroes de Malvinas y la Gesta de Malvinas honran a la Patria.

¿Cómo vamos a malvinizar? Cada uno en su casa, en nuestras escuelas, en los grupos parroquiales, en los clubes, en los grupos de amigos, en los congresos juveniles, en las reuniones familiares… Cada uno de nosotros ha de preguntarse ¿qué puedo hacer yo para malvinizar a la patria? Debiera ser para nosotros una misión de honor. ¿¡Quién será el que se comprometa más con esta idea!? ¿¡Qué profesor dejará mejor en sus alumnos una huella más profunda!? ¿¡Qué grupo será el que más empeño ponga en resaltar los verdaderos ejemplos y virtudes!? Eso es malvinizar a la Patria.

Pocos días antes de la conmemoración del 2 de abril de 2012, el 8 de marzo, fue arrestado, por implicancias de su accionar militar en 1977 en Bahía Blanca, el Contraalmirante Carlos Büsser, impecable comandante del Operativo Rosario, realizado con la mayor profesionalidad y con la mínima efusión de sangre. Allí murió el 29 de setiembre de 2012 cumpliendo arresto domiciliario. El Operativo de recuperación de las Islas fue un hecho casi único en la historia bélica mundial, porque logró su objetivo sin lamentarse más muertes que las del Cap. Giachino en Puerto Argentino y el cabo Patricio Guanca y los conscriptos Mario Almonacid y Jorge Néstor Águila en Grytviken (Georgia del Sur); ya que no hubo víctimas inglesas, ni militares, ni civiles.

Que aquel bramido del Subteniente Silva “¡Viva la Patria, carajo!”, sea el grito de guerra que se escuche de nuestros labios. Que ese grito nos lleve al cielo como a los que supieron morir por Dios y por la Patria, y nos ayude a llevar con nosotros esta tierra bendecida por Dios, cuna de tantos valientes, destinada por su nombre y por su historia a ser fiel a nuestra santa Fe.

Prof. Andrea Greco de Álvarez

 


[1] Jordán Bruno Genta. Testamento Político. Conferencia pronunciada el 26 de octubre de 1974 en Buenos Aires con motivo del VII Centenario de Santo Tomás de Aquino.

[2] Hay quienes opinan que esa misma fue la causa de la muerte del General Güemes. Sobre el sacrificio de su vida ocurrida el 17 de junio de 1821; tres años después, en 1824, la Patria Grande, la Gran Nación Americana, concluía de manera definitiva la Guerra de la Independencia con el triunfo en Ayacucho en 1824.

[3] Caponnetto, Antonio. El Deber cristiano de la lucha. Buenos Aires, Scholastica, 1992, p. 327.

[4] Alberto Mansilla. Argentina tiene héroes. Buenos Aires, Nueva Hispanidad, 2003.

[5] Roberto Estévez, Carta a su padre, 27 de marzo de 1982.

[6] Enrique Díaz Araujo. Don José y los chatarreros. Mendoza, Diké, 2001, p. 18.

[7] Carlos María de Alvear, Primera parte de la vida del general San Martín, Buenos Aires, 1845. Cit. enIbidem, p. 41.

4 Comments

  1. COSAS QUE HAY QUE SABER: Hebe de Bonafini ha dicho “Los que participaron en el conflicto bélico de Malvinas eran todos FACHOS y no tendría que haber vuelto ninguno”.
    Esta señora siempre tan homenajeada y bien recibida en la Rosada ¿se anima a decir esto públicamente? Se anima porque hay toda una simiesca comparsa de “intelectuales” que la avalan.

    O acaso no se ha dicho como ponemos en el artículo “que una guerra librada contra el extranjero bajo una dictadura, no puede ser legítima ni justa. Sin la soberanía popular y la democracia no hay ninguna soberanía”. Como recordamos allí, con ese argumento, tendríamos que empezar por repudiar todas las grandes hazañas de la patria: la Reconquista y Defensa ante las Invasiones Inglesas, la formación del Primer Gobierno Patrio, la Declaración de la Independencia, la Guerra de la Independencia, los triunfos federales ante el Bloqueo Francés y Anglofrancés, porque ninguno de estos grandes hechos patrios, fueron gestados ni consumados al amparo de la soberanía popular ni la democracia liberal.

    Hoy se invoca, en consonancia con el interés inglés, que no hubo justicia en la acción Argentina porque el gobierno que entonces dirigía los destinos del país no era un gobierno democrático. El principio de la integridad territorial es primordial, lo demás es secundario (y esto sin entrar a analizar cuán decadente y corrupta puede ser esta artificial “civilización” política).

    Los supuestos intelectuales, pensadores, escritores, historiadores y científicos de renombre escribieron hace un par de años un documento pidiendo al gobierno revisar la política sobre Malvinas porque aún así como la hemos descripto, todavía les parece demasiado “patriótica”. Entonces el historiador Luis Alberto Romero (14 de febrero 2012, La Nación) se animó a escribir con descaro un artículo titulado “¿Son realmente nuestras las Malvinas?”. En él se atrevió a poner en duda todas las razones en las que se fundan el derecho y la soberanía argentina sobre las islas; y en la más caradura y grosera audacia escribe: “La convicción de que la Argentina tiene derechos incuestionables sobre esa tierra irredenta está sólidamente arraigada en el sentido común y en los sentimientos. No es fácil animarse a cuestionarlos públicamente”. Esto significa que este historiador se anima a presentarse como un “valiente” por cuestionar lo que todos sabemos es una verdad irrenunciable: las Malvinas son argentinas.

    Beatriz Sarlo, otra de los supuestos intelectuales (24 de febrero 2012, La Nación) escribía que “Las Malvinas no pueden ser una cuestión nacional sagrada” y pedía que el gobierno adoptara una posición que tuviera en cuenta el principio de autodeterminación de los isleños. ¡Qué casualidad estos intelectuales usan el argumento inglés! ¡La autodeterminación de esa población que fue puesta por Inglaterra en las islas después de usurparlas! . Y todavía se animaron a suspirar deseando “Ojalá que el dos de abril y el año 2012 no den lugar a la habitual escalada de declamaciones patrioteras”.

    El 2 de abril de 2012, a los 30 años de la Gesta de Malvinas fue el momento elegido para hablar de supuestas violaciones a los derechos humanos de los soldados argentinos por sus jefes, de soldados judíos discriminados, y un interminable etcétera de bajezas y miserias. ¿Dónde quedó el honor, la soberanía, el heroísmo, el valor, la integridad nacional? ¡Si esto no es servir el interés del enemigo de la Patria, no sé qué otro nombre puede tener tal felonía!

  2. Pues a nosotros, aquí en España, la Gran Bretaña aun nos mantiene colonizado Gibraltar, en pleno siglo XX. La reivindicación de Gibraltar siempre fue recurrente de todos los gobiernos españoles, menos el del socialista Zapatero que además dio status de parte negociadora al gobierno regional gibraltañero.
    A los españoles que reivindicamos la españolidad de Gibraltar, muchas veces, se nos trata de “fachas” sólo por pretender la integridad territorial nacional.
    Gibraltar es y ha sido desde siempre un lavadero de dinero negro y de evasión de capitales. Baste decir que para un pequeñísimo territorio, son miles las empresas que están registradas.

  3. Debemos seguir velando las armas.Lo contrario es regalarles la última batalla a los pérfidos ingleses.
    Malvinas fue y es gracias a Dios,nuestra epopeya ,querida o sin querer ,en éste ciclo histórico de la Patria.
    Y una epopeya es un escalón de grandeza ,que un pueblo se atreve a pisar para propiciar los hados de la historia; y ésto no es gratis lo acompañan el dolor,la incertidumbre,la incomprensión.Pero fue una expresión de la Argentina universal intentando robarle una pluma de gloria al Angel.
    Pensando en Malvinas y en ésa volubilidad proteica ,burguesa de los argentinos(principalmente Bs.As.)capaces de gestos heroicos,pero en camino a la degradación más miserable,que ahora mira de soslayo intentando olvidarlas.Pero ya su legado nos alumbra ,a pesar de todos los actos y gestos traidores que nos escarnecen .Finalmente me permito usurparle a mi maestro L.Marechal,una epopeya de su espíritu,que también nos sostiene en éstas subterráneas maduraciones de nuestro pueblo.Se puede escuchar en:http://98.139.21.31/search/srpcache?ei=UTF-8&p=heptameron+leopoldo+marechal&fr=ytff1-yff18&u=http://cc.bingj.com/cache.aspx?q=heptameron+leopoldo+marechal&d=4859649426130112&mkt=en-US&setlang=en-US&w=_huVN8LkFNSh6ZMUD_SlFgxGgDVa5pxN&icp=1&.intl=us&sig=S2QzpGH5EiDE60mYoW61gQ–

  4. Misael:España miró hacia la atea construcción del Mercado común Europeo,a la cual le fue a pedir humildemente permiso para entrar. Y se olvidó de todas sus hijas en la otra orilla ,que aún la esperan para seguir construyendo la Civilización Católica que alguna vez soñó.
    Cuando retomemos ésta ruta entonces sí le vamos a pegar una patada en el c….,a los rubios agentes de todas las maléficas insidias.En Gibraltar y en Malvinas.

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