Fray Bartolomé de las Casas y sus contemporáneos

A raíz de algunos comentarios surgidos en otro blog (AQUÍ), publicamos un artículo que teníamos pendiente sobre Fray Bartolomé de las Casas, de quien ya hemos hablado aquíaquí y  aquí.

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Cuando los mariólogos se ponen a estudiar a la Virgen María terminan siempre con esta frase: de Maria numquam satis… (“sobre María nunca es suficiente”); lo mismo habría que decir del fraile dominico Bartolomé de las Casas.

Amado por unos y denostado por otros, parece que nunca se llegase a una conclusión por los ríos de tinta que se han publicado.

¿Loco? ¿exagerado? ¿defensor de los “derechos humanos” antes de tiempo? ¿evangelizador? ¿propagandista? ¿encomendero primero y anti-encomendero después? ¿esclavista o defensor de los esclavos?

¿Quién sabe…? –como responden a veces los mexicanos con hermosa tonada.

Como bien indican los padres León Lopetegui, S. J. y Félix Zubillaga, S. J., hasta el presente no hay una historia de Las Casas que sea completamente aceptada por todos; su personalidad y el sujeto histórico en sí, es tan polémico y complejo que siempre dividirá las aguas y, habiendo litis pendiente, difícilmente se llegue a una historia objetiva, totalmente objetiva digo, con sabor a cosa juzgada. Y esto simplemente porque los hechos que el historiador rescata son regidos por su voluntad, que puede estar –y muchas veces lo está– torcida.

Pero si concebimos la historia como la narración de los hechos trascendentes del pasado, tendremos que ver no sólo aquellos nobles arquetipos que marcaron una época sino todos los arquetipos, incluso aquellos que son “piedra de toque”. Como el de Las Casas. Querer llegar a una certeza es obvio pero el reclamar para la historia el mismo grado de certeza que las matemáticas o la metafísica es desenfocar la cuestión; y esto porque simplemente la historia depende de la moral, por lo que la certeza a la que se llegue será meramente moral, probable, imperfecta. No por nada Aristóteles la tenía por debajo de la Poética.

En el caso de Las Casas (valga la cacofonía) se podrán decir varias cosas. Nosotros y las hemos dicho.

Que exageró, o que no vio bien; que veía múltiples ríos donde nunca existieron; que multiplicaba los abusos y por ende las calumnias sobre los españoles, etc. Es decir, macaneaba, c’est à dire, agrandaba las cosas.

También se ha objetado que debió haber sido un gran evangelizador pues los lugares donde estuvo hoy son católicos.

–          “¡Pero hombre!- dirá alguno- mire nomás Las Verapaces (Guatemala) donde estuvo Fray Bartolomé y verá que son casi todos católicos”.

A lo que se podría responder:

–          “Sí, como es católica hoy la Patagonia, pero no porque fue evangelizada por los primeros jesuitas en el siglo XVI sino por los salesianos en el XIX…

Es cierto que Fray Bartolomé estuvo en ese vergel natural y también es cierto que hoy la mayoría de aquéllos son cristianos, pero ojo, no caigamos en la famosa falacia post hoc, propter hoc (muy común en el ámbito histórico): porque algo esté después de esto, aquéllo no necesariamente es su causa. El lunes está antes que el martes, pero no es causa del martes.

Las Casas llegó, efectivamente a Tezulutlán (La Verapaz) con los primeros dominicos en 1536 pero sólo estuvo allí tres años… pues ya en 1540 lo encontraremos (¡nuevamente!) en España para discutir con Carlos V lo que serán Las Leyes Nuevas. Luego volverá a América como obispo a Chiapas. Al parecer, quienes sí se dedicaron a la evangelización de esa zona serán los hermanos en religión del fraile dominico, especialmente Fray Luis Cáncer de Barbastro y Fray Pedro de Ángulo, quienes sí estudiaron la lengua de los aborígenes y permanecieron en aquella zona…

–          “¡Pero no, hombre! ¡Las Casas evangelizaba con sus escritos, con sus denuncias!”.

Y está bien, es un modo de evangelizar completamente lícito; pero la cosa cambia. Entonces habrá que ver si su “evangelización” surtió efecto y si fue conforme a la verdad y la justicia; y en esto es, principalmente, en lo que no se ponen de acuerdo los autores contemporáneos.

Si ir más lejos, el mismo William H. Prescott (nada favorable a España) notó algo asombroso al hablar de Las Casas; al estudiar el caso de la campaña de Hernán Cortés en Cholula, por ejemplo, verificó entonces que ninguno de los testigos presenciales de los hechos (Bernal Díaz del Castillo, Andrés Tapia, etcétera), ni de los cronistas inmediatos (padre Francisco Clavijero, etcétera), confirmaban los relatos sangrientos de Las Casas, de lo que concluyó que el obispo: “Estaba siempre propenso a creer crédulamente todo lo que hacía a su propósito y a recargar sus cuadros con tantas escenas de sangre y exterminio, que de puro extravagantes y exageradas sus noticias, traen su refutación consigo mismas”.

Con los otros 369 escritos de Las Casas, recopilados por Pérez Fernández, sucede lo mismo. Prácticamente, apunta Lewis Hanke “ningún lascasiano parece aprobar en su totalidad las interpretaciones de sus colegas”. Lo atribuye al hecho de que “seamos individuos singularmente beligerantes y a quienes nos gusta la controversia por sí misma” y recomienda definir actitudes ante Freud, dados los autoengaños[1].

Disputas que se generan en su fuente última. Tal, por caso, la entablada entre Luciano Pereña Vicente y fray Manuel María Martínez a propósito de la autoría del tratadoDe regia potestate. Este libro de Las Casas recogía a su vez dos de sus obras anteriores: Principia quaedam ex quibus procedendum est in disputatione ad manifestandumy los Tesoros del Perú y fue publicado en Frankfurt en 1571. Pereña sostuvo que el libro era un entero plagio del tratado político de Lucas de Penna In tres posterioris libros codicis iustiniani, autor al que cita al pasar. Fray Manuel María Martínez dice que Las Casas no pudo conocer esa obra y por lo tanto, no pudo copiarla. Habrá sido casualidad, telepatía o clarividencia que lo llevó a repetir literalmente las páginas del otro…

¿Plagiario? Nunca se sabrá.

Pero frenemos acá…; seguimos escribiendo desde el presente y esto no es lo que buscamos pues, como dice Belloc, no es historiador el hombre que no sabe responder desde el pasado”.

¿Cómo sería si intentásemos ver a Las Casas de costado, es decir, visto por sus contemporáneos? ¿qué habrán dicho? Pues bien, pasemos a ellos entonces para que después, cada uno, saque sus propias conclusiones[2].

  1. Pánfilo de Narváez y Antonio Velázquez, procuradores de Cuba, 1516: “Este clérigo es una persona liviana, de poca autoridad y crédito. Habla de lo que no sabe ni vio. Que piensa conseguir prelacía y mandato por la murmuración en que se pone[3].
  2. Fray Bernardino de Manzanedo, de los padres Jerónimos, refrendado por fray Luis de Figueroa, al Juez de Residencia, 1518: “Que Las Casas no se traslade a España porque es una candela que todo lo encenderá[4].
  3. Rodrigo de Contreras, gobernador de Nicaragua, 1536: “El dicho fray Bartolomé de las Casas es hombre muy desasosegado y perjudicial y que todos los más sermones que predica son después de haber habido algún enojo o pasión, para manifestarlo en el púlpito, muy fuera de la doctrina evangélica y en escándalo y alteración de los oyentes”[5].
  4. Memorial de los vecinos de Guatemala al Rey, 10 de septiembre de 1543: “Engáñase el Padre religioso Las Casas, Dios se lo perdone. Un fraile no letrado, no santo, vanaglorioso, apasionado, inquieto y no falto de envidia”[6]. Téngase en cuenta el carácter “democrático” y “popular” de este dicho de los vecinos guatemaltecos.
  5. Alonso de Maldonado, presidente de la Audiencia de los Confines de Guatemala, 22 de octubre 1545: “Sois un bellaco, mal hombre, mal fraile, mal obispo, desvergonzado y mereceríais ser castigado”. Escribió al emperador CarlosV diciendo que “mucho mejor sería que Las Casas estuviese encerrado en un monasterio y no como obispo en las Indias”[7].
  6. Francisco Marroquín, obispo de Guatemala al rey Carlos V, 17 de agosto de 1545: “Yo sé que él ha de escribir invenciones e imaginaciones, que ni él las entiende ni entenderá… porque todo su edificio y fundamento va fabricado sobre hipocresía y avaricia y así lo mostró luego que le fue dada la mitra: rebozó su vanagloria como si nunca hubiera sido fraile y como si los negocios que ha traído entre las manos no pidieran más humildad y santidad para confirmar el celo que había mostrado”[8].
  7. Licenciado Juan Rogel, oidor de la Audiencia de los Confines de Guatemala, marzo 1546: “…una de las razones que las han hecho aborrecidas (las leyes nuevas, de 1542) es ver la mano de Vuestra Señoría (Las Casas) puesta en ellas… como los conquistadores tienen a Vuestra Señoría por tan apasionado contra ellos, entienden que lo que procura por los naturales, no es tanto por el amor de los indios, cuanto por el aborrecimiento de los españoles[9].
  8. A Fray Toribio de Benavente o Motolinía lo veremos con más detenimiento por el lugar que le tocó en la historia de Las Casas. El fraile franciscano, escribía al rey Carlos V, el 2 de enero de 1555, de donde extractamos las partes:

012.-Escudo 10“No tiene razón el de Las Casas de decir lo que dice y escribe e imprime y más adelante, porque será menester, yo diré hasta dónde llegan y en qué paran sus celos y sus obras, si acá ayudó a los indios o los fatigó…”. “Por cierto que para con unos poquillos cánones que el de Las Casas oyó, él se atreve a mucho y muy grande parece su desorden y muy poca su humildad y piensa que todos yerran y que él solo acierta…”. “Yo me maravillo de ver cómo Vuestra Majestad y los de vuestros Consejos han podido sufrir tanto tiempo a un hombre tan pesado, inquieto e importunador y bullicioso y pleitista en hábito de religión tan desasosegado, tan malcriado y tan injuriador y perjudicial y tan sin reposo. Yo conozco al de Las Casas hace quince años. Antes de venir a esta tierra, él iba a ir a la tierra del Perú. No pudo pasar allá, estuvo en Nicaragua y no se sosegó allí mucho tiempo. De allí vino a Guatemala, y menos paró allí. Después estuvo en la nación de Guaxaca y tan poco reposo tuvo allí como en las otras partes. Y después que aportó a México, estuvo en el monasterio de Santo Domingo y en él luego se hartó y tornó a vagar y andar en sus bullicios y desasosiegos; siempre escribiendo procesos y vidas ajenas, buscando los males y delitos que por toda esta tierra habían cometido los españoles, para agraviar y encarecer los males y pecados que han acontecido…”. “El acá apenas tuvo cosa de religión… porque todos sus negocios han sido con algunos desasosegados, para que le digan cosas que escriba conforme a su apasionado espíritu contra los españoles, mostrándonos que ama mucho a los indios y que él solo los quiere defender y favorecer más que nadie. En lo cual acá muy poco tiempo se ocupó, si no fue cargándolos y fatigándolos. Vino (así) el de Las Casas, siendo fraile simple y aportó a la ciudad de Tlaxcala, traía tras de sí cargados 27 o 37 indios, que acá llaman tamenses… Yo entonces le dije al de Las Casas: ¿cómo, padre, todos vuestros celos y amor, que decís que tenéis a los indios, se acaba en traerlos cargados y andar escribiendo vidas de españoles y fatigando a los indios, que sólo vuestra caridad traéis cargados más indios que treinta frailes? Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis; bien sería que pagaséis a cuantos traéis cargados y fatigados…”. “Cuando vino Obispo de Chiapas… le prestaron dineros para pagar deudas que de España traía y a los muy pocos días los excomulgó…”. “Después el de Las Casas tornó a sus desasosiegos y vino a México y pidió licencia al virrey para volver a España y aunque no se la dio, no dejó de ir allá sin ella, dejando acá muy desamparadas y muy sin remedio las ovejas y almas a él encomendadas, así españoles como indios…”. No tuvo sosiego en esta Nueva España, ni aprendió lengua de indios ni se humilló ni se aplicó a enseñarles. Su oficio fue escribir procesos… y ciertamente este oficio solo no lo llevará al cielo. Y lo que así escribe, no es todo cierto ni averiguado…”. “Después que el de Las Casas allí (en Chiapas) entró por obispo, quedó destruida en lo temporal y en lo espiritual, que todo lo enconó y ruego a Dios que no se diga de él que dejó las almas en las manos de los lobos y huyó… la tal renuncia más se llama apostasía… no sabemos si delante de Dios estará muy seguro el tal obispo…”. Vuestra Majestad le debía mandar encerrar en un monasterio, para que no sea causa de mayores males. “Quisiera yo ver al de Las Casas quince o veinte años perseverar en confesar cada día a diez o doce indios enfermos, llagados y otros tantos sanos, viejos que nunca se confesaron y entender en otras muchas cosas espirituales tocantes a los indios. Y lo bueno es que allá a Vuestra Majestad y a los demás de sus Consejos, para mostrarse muy celoso, él dice: fulano no es amigo de los indios, es amigo de los españoles, no le déis crédito. Ruego a Dios que acierte él a ser amigo de Dios y de su propia alma…”.

 “El acá apenas tuvo cosa de religión… Y pues un indio no bautizáis ni doctrináis… Quisiera yo ver al de Las Casas quince o veinte años perseverar en confesar cada día a diez o doce indios enfermos, llagados y otros tantos sanos…”.

No estaba, entonces, muy contento el fraile Motolinía en el modo de hacer apostolado de Las Casas; es cierto que los dominicos son frailes que se dedican al estudio, la predicación y la oración, pero en aquellas tierras se necesitaban misioneros y no frailes que, con la mejor buena intención, exagerasen sin ser pastores con olor a oveja, como andan diciendo por ahí.

Pero sigamos con su relación:

 “Y Dios perdone al de Las Casas, que tan gravísima deshonra y disfama y tan terrible injuria y afrenta a una y muchas comunidades y a una nación española y a sus príncipes y consejeros con todos los que en nombre de Vuestra Majestad administran justicia en estos reinos… Sabido es qué pecado comete el que deshonra y difama a uno y más el que difama a muchos y mucho más el que difama a una república y nación. Si el de Las Casas llamase a los españoles y moradores de esta Nueva España tiranos y ladrones y robadores y homicidas y crueles salteadores cien veces, pasaría; pero llámalos cien veces ciento…”.

9788498163414“¿Dónde se halló condenar a muchos buenos por algunos pocos malos?”.

Y sepa Vuestra Majestad por cierto que los indios de esta Nueva España están bien tratados y tienen menos cargas y tributos que los labradores de la vieja España, cada uno en su manera…”.

“De diez años a esta parte falta mucha gente de estos naturales; y esto no lo ha causado malos tratamientos, porque hace muchos años que los indios son bien tratados, mirados y defendidos, mas lo han causado muy grandes enfermedades y pestilencias que en esta Nueva España ha habido… si las causan los grandes pecados e idolatrías que en esta tierra había, no lo sé”.

“Bien parece que supo Las Casas poco de los ritos y costumbres de los indios de esta Nueva España… también parece que sabe poco de lo que pasaba en las guerras de estos naturales; porque ningún esclavo se hacía en ellas, ni rescataban ninguno de los que en las guerras prendían, mas todos los guardaban para sacrificarlos… por lo cual las guerras eran muy continuas. Porque para cumplir con sus crueles dioses y para solemnizar sus fiestas y honrar sus templos, andaban por muchas partes haciendo guerra y salteando hombres, para sacrificar a los demonios y ofrecerles corazones y sangre humana; por lo cual padecían muchos inocentes”. “2 de enero 1555 años. Humilde siervo y mínimo capellán de Vuestra Majestad Motolinía, fray Toribio’“[10].

  1. Bernal Díaz del Castillo, 1568: “Lo que dice el obispo fray Bartolomé de las Casas, aquello y otras cosas que nunca pasaron”[11].
  2. Domingo de Soto, O. P, 1552: “El señor obispo Las Casas, si yo no me engaño, se engaña[12].
  3. Juan Ginés de Sepúlveda, 1551: “Me sería muy enojoso traer ahora a colación todos los chismes, artificios y maquinaciones de que se ha servido este astuto y hábil charlatán (Las Casas) para quitarme la razón y obscurecer la verdad, dejando pequeñito en astucia al célebre Ulises. Para ello, como digo, se ha valido de toda clase de artimañas y se ha rodeado de un grupo de amigos dispuestos a corearle… Más astuto que un zorro y más dañino que un escorpión… se dedica a contar a los príncipes toda clase de chismes y embustes?”… “Si me apuras un poco te diré que es uno solo el que tal calumnia ha lanzado; ahora bien, uno solo que por su doblez, charlatanería y orgullo vale por muchos (fray Bartolomé de las Casas)[13].

 

 *         *           *

            A menudo suele acusarse a quien hace historia de ver los hechos pretéritos con la mirada actual. Si esa mirada es circunstancial, entonces comete un exceso; si esa mirada hace al fondo de la cuestión, lo blanco es blanco y lo negro es negro, aquí y ahora o en Egipto hace 2000 años.

Las Casas sigue abriendo polémicas por su modus operandi y sus exageraciones, macaneos y extrañísimo modo de “evangelizar”. Quizás por eso el proceso de beatificación (a pesar de la enorme propaganda que los progres le han hecho) aún no prospera.

 

Que no te la cuenten

R.P. Dr. Javier Olivera Ravasi, IVE

 

 

 

 

[1] Lopetegui, León, S. I. y Zubillaga, Félix, S. I., Historia de la Iglesia en la América española, México, América Central, Antillas, Madrid, bac, 1965, p 107; Prescott, William H., Historia de la conquista de México, México, ed i. Cumplido, 1844, p 371; Giménez Fernández, Manuel, Bartolomé de las Casas, Vol I: Delegado de Cisneros para la reformación de las Indias, Sevi­lla, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, 1953, p XI; juicio compar­tido por: Pardo Tovar, Andrés, “A manera de prólogo”, a: Hanke, Lewis, Bartolomé de las Casas. Letrado y propagandista, Bogotá, Ediciones Tercer Mundo, 1965, p 13; Carro, Venancio Diego, O. R, Los postulados teológico-jurídicos de Bartolomé de las Casas. Sus aciertos, sus olvidos y sus fallos, ante los maestros Francisco de Vitoria y Domingo de Soto: Estudios Lascasianos. IV Centenario de la muerte de fray Bartolomé de las Casas (1566-1966), Sevilla, Facultad de Filosofía y Letras de la Univer­sidad de Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1966, p. 205 nota, 102, 227, 237 nota 152.

[2]Nos servimos aquí del jugosísimo libro de nuestro maestro, Díaz Araujo, Enrique, Las Casas visto de costado, Folia universitaria, 2002, pp. 319.

[3]Colección de documentos inéditos, relativos al descubrimiento, con­quista y organización de las antiguas posesiones españolas de América y Oceanía (primera serie), Madrid, 1864-1884,t VII, p 12. En todos los casos, hemos actualizado la grafía para hacerla inteligible al lector contem­poráneo.

[4]  Las Casas, Bartolomé de, Historia de las Indias, III, 95, t IV, p 346. Confrontar con Sigüenza, fray Joseph de, Historia de la Orden de San Jerónimo, parte tercera, Madrid, 1605.

[5] Informaciones hechas en la ciudad de León, de Nicaragua, a pedimento del señor gobernador de aquella provincia, don Rodrigo Contreras, contra fray Bartolomé de las Casas, sobre ciertas palabras dichas con escándalo en el pulpito y otras cosas, en: CDIR América y Oceania, tvii, p 116-146(CDIR es abreviatura de: Colección de documentos inéditos relativos al descubri­miento, conquista y colonización de las posesiones españolas).

[6] García Peláez, Francisco de P., Memorias para la historia del antiguo reino de Guatemala, 1851 -1852,11, c 14; Fabié y Escudero, Antonio María. Vida y escritos de Fr. Bartolomé de las Casas. Obispo de Chiapas. Madrid: Miguel Ginesta, 1879, t. II, 125.

[7] Remesal, Antonio de, O. P, Historia de la Provincia de S. Vicente de Chiapas y Guatemala de la Orden de nuestro glorioso Padre Santo Do­mingo, Madrid, 1619, VIII, 5, 3. Hay una edición guatemalteca en 2 v, de 1932. Adoptamos una grafía uniforme, nombrando a la localidad con su denominación actual y no Chiapa o Chyapa

[8] Fabié, Antonio María, op. cit., 149-150.

[9] Remesal, Antonio de, O. P., op. cit., VII, 13, 5 a 7.

[10] Colección de documentos inéditos, etcétera, cit., t VII, p 261-267; reprodu­cida en: Motolinía, Historia de los indios de la Nueva España, Barcelona, 1914, p 260-274. También: Motolinía, Toribio de, Carta al emperador. J. Gili, Refutación a Las Casas sobre la colonización española, México, Jus, 1949. En la carta de Motolinía, además de modernizar la grafía, hemos adaptado alguna sintaxis especialmente obscura y la hemos dividido por parágrafos conceptuales.

[11] Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, Madrid, Biblioteca de Autores Españoles, 1853, XXVI, p 129.

[12]Soto, Domingo de, O. R, Disputa entre el obispo Las Casas y el doctor Ginés de Sepúlveda, Sevilla, 1552; reimpreso por la Biblioteca de Autores Españoles, ex, 1958, p 305 a y b. Como es sabido, tanto Soto como Carranza y Melchor Cano, en la Junta de Valladolid estuvieron a favor de Las Casas. Pero, la perorata de su verborrea y logorrea los hartó. “Esta catarata verbal, dice Lewis Hanke, continuó cinco días, hasta que la lectura terminó o hasta que los miembros de la Junta, tal y como Sepúlveda sugirió, ya no pudieron resistir más”: “La humanidad es una, etcétera”, cit., p 94. Lo cual tal vez explique el parrafito de Soto, en su Síntesis.

[13]Epistolario de Juan Ginés de Sepúlveda (selección). Primera traducción castellana del texto original latino, introducción, notas e índices por Ángel Losada, Madrid, e Cultura Hispánica, 1966, p 156, 157, 212, 213, 215, 240, 241, 242, 243. Hay varios textos más, coincidentes con los transcritos.

2 Comments

  1. En los comentarios del otro blog algunos repetidamente han insistido en que no se ha demostrado las exageraciones o falsedades de Las Casas, y en todo caso “si las hubieren” dice que esto es debido a la inexactitud de los datos demográficos. Esto no es así y por ello me permití enviar este comentario.
    Estimados: el P. Olivera ya lo expuso en los posts anteriores, Las Casas no sólo exagera. Si todavía alguien puede decir “Sobre la exageración (si la hubiera) se debe exclusivamente a una falta de datos demográficos fidedignos”, me parece que es por mala fe. Voy a dar un par de datos, todos tomados de la “Brevísima”, que no son demográficos para que no sea esa la causa de su falta de fidelidad. De la Isla de Cuba dice que tiene una distancia “como de Valladolid a Roma”. Bueno, resulta que de Valladolid a Roma hay 2105 km, mientras que la isla de Cuba desde Sandino a Guantánamo, o sea de punta apunta, tiene 1144 km. Digamos que la exageración (“si la hubiere”) es de el doble. En la Isla La Española (Haití) afirma haber visto en el reino de Maguá (el primero de los 5 reinos que describe) 30.000 ríos y arroyos, “doce de ellos tan grandes como el Ebro, el Duero y el Guadalquivir”. Pues no sé cómo se puede llamar a esta exageración (“si la hubiere”) puesto que en toda la isla hay tres ríos (el Artibonito, el Bayaha y el Dajabón) pero el fraile vio 30.000 en uno solo de los reinos. En todos esos ríos había oro, según Las Casas, en un barco los españoles mandaron oro a Castilla, el barco se hundió y “pereció el grano grande” que según el fraile pesaba 3600 castellanos (esta medida equivalía a 1/20 fanega, la fanega equivale a 43 kg, 1/20 es 2,15 kg, por lo que 3600 celemines castellanos equivaldría a 7740 kg). Advierto también aquí alguna “exageración”… Fíjese que con ninguna de estas “exageraciones” salvaba la vida de ningún indio y aun así “exagera”.
    Si me disculpan creo que seguimos dando vueltas en círculo. La verdad es diáfana.

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