Moral conyugal: tabúes, licitudes y pecados según la doctrina católica (2-2)

c) Los actos preparatorios y complementarios 

Hemos indicado que los elementos subjetivos del acto conyugal son el placer pleno masculino, el femenino y la simultaneidad entre ambos. Puede haber muchos factores que dificulten alguno de ellos, como frigidez masculina o femenina, intemperancia masculina o simplemente dificultad para lograr la simultaneidad. Por tal motivo, tienen relación con el acto sexual conyugal otros actos que se denominan “preparatorios” y “complementarios”[1], y que tiene como fin el capacitar al varón, a la mujer o a ambos para realizar el acto conyugal, o bien simplemente fomentar el amor entre los esposos.

Por regla general, se dice que es lícito todo cuanto se haga en orden al debido fin del acto conyugal y que sea necesario o conveniente para facilitar ese acto con tal que se cumplan dos condiciones: 1º) no envuelva peligro próximo de polución y, 2º) se haga con intención de realizar el acto principal o fomentar el amor conyugal. De modo más concreto podemos decir:

  • El ritmo sexual del varón y de la mujer son diversos y varían según las personas; sea como fuere, por la misma naturaleza es el esposo quien –habitualmente– llega más rápidamente al acto sexual pleno (orgasmo) que la mujer; es por ello que, para lograr la unión plena (y aunque no sea imprescindible) podrán mutuamente ayudarse en las intimidades conyugales “preparando” el acto conyugal pleno. Esto evitará que los cónyuges no se sientan “usados” por el otro para una mera satisfacción pasional, al no haber llegado a la plena satisfacción, habiendo puesto todos los medios de su parte. Es a esto lo que podemos denominar “actos preparatorios” del acto conyugal. En cuanto a la moralidad entonces, hay que decir que:
  • Son lícitos los actos preparatorios del acto conyugal (tactos, abrazos, besos, etc.) mientras cumplan las dos condiciones arriba mencionadas (no envuelva peligro próximo de polución y se haga con intención de realizar el acto principal -penetración del miembro viril en la vagina de la mujer y eyaculación en ella- o fomentar el amor conyugal. En este ámbito, por más que suenen fuertes los términos, pueden entrar el denominado “sexo oral” (del esposo a la esposa o viceversa)[2] con el fin de llegar juntos al acto conyugal completo y sin que haya –de nuevo lo recalcamos- peligro de polución. La licitud moral de estos actos dependerá del fin que se tenga, es decir, siempre y cuando se haga uso de ellos para facilitar el acto conyugal completo y teniendo en cuenta la virtud de la caridad, a saber: si uno de los cónyuges no quisiera prestarse a alguno de los actos por pudor, vergüenza, u otra razón, el otro cónyuge deberá aceptarlo como se aceptan tantas otras razones en el matrimonio.
  • El llamado «abrazo reservado»: es la unión física de los esposos (cópula) seguida de la separación sin que se haya producido el orgasmo (a no ser accidental e involuntariamente, es decir: no premeditadamente). San Alfonso dice que de ordinario hay pecado mortal a causa del peligro próximo de polución, a menos que los esposos tengan hecha experiencia de lo contrario. Vermeersch sostiene la licitud cuando hay grave causa (por ejemplo, si no pueden tener un nuevo hijo, ni recurrir a los períodos infecundos) y si el peligro de polución es raro.
  • Los actos íntimos fuera del acto conyugal, que suelen denominarse «intimidades o actos imperfectos»: su moralidad depende del riesgo de producir el orgasmo de modo independiente del acto sexual completo; por tanto, se pueden considerar lícitos mientras no encierren este peligro e ilícitos cuando hay peligro próximo de que el acto termine de modo innatural.
  • Consumación del placer sexual por parte de la mujer. Los moralistas señalan que, a la mujer que no ha experimentado el placer completo durante el acto conyugal rectamente realizado, le es lícito procurárselo ella sola o su cónyuge, inmediatamente después del acto sin que ello entrañe una masturbación. La razón de ello es sencilla: el placer u orgasmo es un complemento natural del acto sexual completo, al que tiene derecho tanto el varón como la mujer, cuando ha puesto todos los medios lícitos.
  • Imágenes, pensamientos, deseos o recuerdos. También es lícito el pensamiento, recuerdo o deseo gozoso del acto conyugal entre los legítimos esposos, con tal que no envuelva peligro próximo de polución. Porque para quien es lícita una determinada acción, es también lícito el pensar, desear o gozarse en ella. Obviamente por ello, no sería lícito el deseo, la imaginación o recuerdo de alguien que no fuese el cónyuge, ni tampoco las imágenes (películas, vídeos, etc.) que estimulen el acto pues, de esta manera, se estaría faltando a la fidelidad conyugal.

d) La anticoncepción dentro del matrimonio

La anticoncepción consiste en la separación voluntaria y artificial de las dos dimensiones del acto sexual, la unitiva y la procreativa, buscando la unión sin fertilidad. En línea de principio recordemos que «la reinciden­cia en los pecados de anticoncepción no es en sí misma motivo para negar la absolución; en cambio ésta no se puede impartir si faltan el suficiente arrepentimiento o el propósito de evitar el pecado»[3]. Esto significa que si hay recaídas, éstas pueden deberse tanto a la fragilidad (a pesar de que la intención sea firme y sincera) como a la falta de un propósito sincero. El confesor debe discernir ante cuál de las dos situaciones posibles se encuentra.

 a. Tipos de anticoncepción

La anticoncepción conyugal, de cualquier forma que se practique es siempre pecado mortal: «la Iglesia siempre ha enseñado la intrínseca malicia de la anticoncepción, es decir, de todo acto conyugal hecho intencionalmente infecundo»[4]. Se divide en natural y artifi­cial:

  • Natural: consiste en la efusión del semen fuera de la vagina por retirarse el varón prematuramente con intención de que no haya fecunda­ción («onanismo» propiamente dicho); pueden asimilarse a este caso, los lavados vaginales por parte de la mujer.
  • Artificial: consiste en el recurso a medios artificiales como preservativos, pesarios, píldoras anticonceptivas, dispositivos intraute­rinos, inyecciones anticonceptivas, sustancias espermicidas, etc. En este orden de cosas hay que recordar que «una malicia moral específica y aún más grave se encuentra en el uso de medios que tienen un efecto abortivo, impidiendo la anidación del embrión apenas fecundado o también causando su expulsión en una fase precoz del embarazo»[5].

La calificación moral no cambia en el caso del recurso al preservativo cuando uno de los cónyuges es portador de una enfermedad contagiosa y su intención principal se limita a evitar el contagio del cónyuge sano. El problema moral no proviene aquí de la intención (que es buena) sino del medio u objeto del acto el cual entraña una disociación de los dos significados del acto conyugal (independientemente de que, por otra parte, este medio no evita realmente la transmisión de algunas enfermedades, como por ejemplo el Sida, y, en este sentido, la intención de quien recurre a un preservativo no consigue tampoco evitar el contagio sino, a lo sumo, disminuir hasta cierto punto las posibilidades del contagio).

b. La cooperación a la anticoncepción

El problema de conciencia sobre la cooperación al acto infecundo puede afectar a cualquiera de los dos cónyuges (aunque suele presentarse con más frecuencia la consulta de parte de esposas angustiadas por este drama). La cooperación puede ser:

1º Cooperación formal subjetiva: es cuando se comparte la intención anticonceptiva del cónyuge. El acuerdo con la conducta del agente principal puede ser explícito (si se aprueba el delito con palabras o simplemente con los hechos) o implícito (cuando uno se queja reiteradamente del número de hijos, o de los dramas que puede acarrear un nuevo embarazo, etc.). Es siempre intrínsecamente inmoral, y no puede prestarse nunca bajo ningún pretexto, ni siquiera para salvar la propia vida.

2º Cooperación formal objetiva: se trata de la cooperación prestada a una acción de suyo intrínseca­mente mala (o sea, por su propia naturaleza). Puede considerarse que una acción es intrínsecamente mala si la misma está viciada en su naturaleza desde el principio del acto, no cuando, habiendo comenzado lícitamente, se vicia en el transcurso de su realización[6].

El ejemplo que podría colocarse aquí se da cuando el varón, contra la voluntad de la mujer, realiza el acto conyugal usando preservativo, o la mujer, contra la voluntad del varón, desea hacerlo utilizando un diafragma. La calificación moral del acto del cooperador no cambia por el hecho de que se esté en desacuerdo con la intención del agente principal; por tanto, hay que decir que jamás es lícito cooperar de este modo por tratarse de una acción intrínsecamente inmoral desde el principio[7]. Mausbach dice que es una cooperación siempre ilícita y la llama «cooperación formal implícita o material en acto perverso»[8]. Por eso, suele decirse que, si el marido es el agente principal respecto de la mujer (o viceversa), quien padece el acto debe defenderse como si fuera un invasor extraño[9], y si a pesar de su resistencia se da un atropello a viva fuerza, debe rechazar el consentimiento interior al placer que se produzca en este último caso (aunque ya no estamos frente a una situación de cooperación sino de «violencia o de injusta imposición por parte de uno de los cónyuges, a la cual el otro no se puede oponer»[10]).

3º Cooperación material (o como la llaman otros: «puramente material»[11]): es la del cónyuge que presta su cooperación con disgusto y desagrado a un acto que de suyo respeta la estructura fundamental del acto conyugal (los vistos más arriba al tratar de la “forma apta”), pero que se vuelve infecundo exclusivamente por acción del agente principal. La cooperación se considera puramente material si se dan conjuntamente tres condicio­nes: «1. La acción del cónyuge cooperante no debe ser en sí misma ilícita. 2. Deben existir motivos proporcional­mente graves para cooperar en el pecado del cónyuge. 3. Se debe procurar ayudar al cónyuge (pacientemente, con la oración, con la caridad, con el diálogo: no necesariamente en ese momento, ni en cada ocasión) a desistir de tal conducta»[12].

Un caso podría ser, por ejemplo, cuando la relación comienza de manera apta y, antes de culminar, el marido eyacula fuera del lugar indicado sin el consentimiento de la mujer.

Por tanto, el cónyuge inocen­te puede cooperar, siempre y cuando haya causa grave y no esté de acuerdo con la inten­ción del cónyuge que lleva la iniciativa en el acto, porque en este caso el acto no ha sido intrín­seca­mente inmoral desde el principio, sino que empezó bien y terminó mal por parte del agente princi­pal. El cónyuge inocente pone un acto que, de suyo, cumple la condición esencial de estar abierto a la vida; es el cónyuge culpable quien contradice luego esa potencialidad.

Concretando estos elementos, podemos decir:

  1. La cooperación voluntaria que se presta al cónyuge que usa preservativo o algún medio de barrera, es siempre pecado, porque desde el comienzo ambos cónyuges aceptan o toleran un acto objetivamente viciado.
  2. La cooperación de la esposa al acto sodomítico del esposo (es decir, consumado en lugar innatural, a sabiendas por parte de la mujer), es también cooperación al pecado del marido.

3. La regulación natural de los nacimientos

El recurso a los ritmos temporales (períodos naturales infecundos) para regular la natalidad, cuando hay serios motivos para hacerlo, «es profun­damente diferente de toda práctica anticonceptiva, tanto desde el punto de vista antropológico como moral»[13]. Reservar las relaciones sexuales para los períodos infecundos es un acto «no conceptivo» (pues de tales relaciones no puede seguirse una concepción por razón de la misma naturaleza) y no «anticonceptivo», puesto que los esposos no hacen nada en contra (anti) de la naturaleza (no alteran la biología con píldoras o inyecciones, ni la estructura del acto con métodos de barrera). Es importante que el confesor comprenda esta diferencia esencial (antropológica y moral) para corregir los errores de concepto y lenguaje de sus penitentes (que a veces hablan de «método anticonceptivo lícito»).

En línea de principio es lícito para los esposos regular los nacimientos (tanto el número, cuanto la periodicidad de los mismos) recurriendo a los medios naturales, es decir, a los períodos infecundos de la mujer, siempre que haya causa suficiente para hacerlo.

En cuanto a los motivos que pueden considerarse causa suficiente dependen de varias condiciones concretas que mudan de matrimonio en matrimonio. Pueden indicarse principalmente tres:

  • Indicación médica ante el grave peligro que podría correr la vida de la esposa con un nuevo embarazo o el peligro de transmitir a los hijos graves enfermedades hereditarias.
    • Situación económica angustiosa que haga delicado aumentar momentá­neamente la familia con un nuevo hijo.
    • La frecuencia de los embarazos que haga conveniente espaciarlos por razones económicas, médicas, etc.

En este último “etc.” entra a jugar la conciencia recta de los cónyuges, es decir, cuando vean en conciencia y frente a Dios (y no por un mero egoísmo) que por el momento no será conveniente traer nuevos niños al mundo.

En este ámbito, la Iglesia no da un “listado” de “hasta dónde es conveniente” o qué significa “espaciarlo por razones económicas”. A la Iglesia le corresponde dar, en este ámbito, los principios morales. La aplicación la verán en cada caso los esposos de cara a Dios.

Sea como sea, hay que recordar siempre que a Dios no se le cae una hoja de un árbol sin que Él al menos lo permita; menos se le va a caer un hijo…

Podría llegar a ser lícito, incluso, el recurrir a los períodos infecundos para evitar definitivamente nuevos nacimientos, por el resto de la vida. Se entiende que tal caso se plantea sólo cuando hay motivos muy graves e irreversibles (en el orden de la salud física, por lo general). De todos modos siempre debe quedar abierta la posibilidad de un nuevo hijo si desaparecieran tales obstáculos.

Es pecaminoso recurrir a los períodos infecundos sin motivo o sin causa suficiente.

P. Javier Olivera Ravasi

26-6-2017

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[1] Tomamos distancia aquí levemente de la nomenclatura tradicional, que engloba ambos actos en “complementarios”.

[2] El denominado “sexo anal”, por el grave riesgo de eyaculación de parte del hombre, por no ser el lugar habitual que predisponga al orgasmo femenino y por lo antinatural del acto en sí mismo, es considerado por moralistas serios (vgr. San Alfonso María de Ligorio) como sodomía y, por ende, ilícito incluso como acto preparatorio. Hay también algunos autores que plantean que, si termina en vaso legítimo (eyaculación dentro de la vagina), sería lícito.

[3] Pontificio Consejo para la Familia, Vademecum sobre algunos temas de moral conyugal, 2002, 3,5.

[4] Pontificio Consejo para la Familia, Vademecum sobre algunos temas de moral conyugal, 2,4.

[5] Ídem, 2,5.

[6] Decimos «viciada en su naturaleza» para subrayar que lo que está viciado desde el origen, en este tipo de cooperación, es el mismo acto elegido (el cual es en sí mismo inmoral) y no sólo la «intención» del agente principal.

[7] Ésta es la opinión comúnmente sostenida por los moralistas. Por ejemplo, Royo Marín (Royo Marín, O.P., Teología moral para seglares, T., I, nº 554; II, nº 626), Mausbach (cf. Mausbach-Ermecke, Teología Moral Católica, Pamplona 1974, vol. T. III, nº 23, 335), Zalba (cf. M. Zalba, Theologiae Moralis Compendium, B.A.C., Madrid 1958, I, nº 1544).

[8] Mausbach, III, nº 23, 335.

[9] Cf. Respuesta de la Sagrada Penitenciaría del 3 de abril de 1916.

[10] Pontificio Consejo para la Familia, Vademecum sobre algunos temas de moral conyugal, 3,13.

[11] Cf. Royo Marín, O.P., Teología moral para seglares, T. I, nº 554.

[12] Pontificio Consejo para la Familia, Vademecum sobre algunos temas de moral conyugal, 2,6. Pío XI dice «… no se descuide en disuadir y apartar del pecado al otro cónyuge» (Casti connubii, AAS 22 [1930] 561).

[13] Pontificio Consejo para la Familia, Vademecum sobre algunos temas de moral conyugal, 2,6; cf. Juan Pablo II, Familiaris consortio, 32.


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24 Comments

  1. ¿Es pecado la autoestimulacion masculina o femenina, sin llegar, en el caso del hombre por ejemplo, a la eyaculacion, ya sea si se es casado o soltero?
    ——————-
    La masturbación lisa y llana siempre es pecado. Ahora, como se expresa en el artículo, dentro del acto matrimonial, los actos preparatorios tendientes al acto conyugal completo, son lícitos según las condiciones explicadas allí. Dios lo guarde. PJOR

  2. En caso de que los dos cónyuges acostumbrados a practicar irregularidades anticonceptivas, como el onanismo, y uno se convirtiera de repente y el otro se negara a mantener la moral católica ¿Cual sería la actitud moral correcta, asumiendo que la parte no convertida se negara en rotundo a adaptarse a la moral, porque la negación absoluta de una de las partes podría conducir a la destrucción del matrimonio?

    • Que No Te La Cuenten

      Copio lo que trae el Padre Miguel Ángel Fuentes en su libro “Revestíos de entrañas de misericordia:

      “La calificación moral del acto del cooperador no cambia por el hecho de que éste esté en desacuerdo con la intención del agente principal; por tanto, hay que decir que jamás es lícito cooperar de este modo por tratarse de una acción intrínsecamente inmoral desde el principio . Mausbach dice que es una cooperación siempre ilícita y la llama «cooperación formal implícita o material en acto perverso» . Por eso, suele decirse que, si el marido es el agente principal, la mujer debe defenderse de él como si fuera un invasor extraño , y si a pesar de su resistencia es atropellada a viva fuerza, debe rechazar el consentimiento interior al placer que se produzca en este último caso (aunque ya no estamos frente a una situación de cooperación sino de «violencia o de injusta imposición por parte de uno de los cónyuges, a la cual el otro no se puede oponer», cfr. “Vademecum para confesores”).

      Pero más abajo:

      “Sin embargo, en orden a la confesión, pueden darse casos singulares de cooperación formal objetiva en los cuales el penitente: a) se halle en ignorancia invencible sobre su deber de no colaborar y crea no pecar por el hecho de no compartir las malas intenciones del agente principal; b) el negarse a colaborar pueda acarrearle graves males; c) el confesor perciba por la formación y carácter del penitente que, conocido su deber, no será capaz de poner los medios; d) y, lo que es fundamental, tal acción no acarree un perjuicio para un tercero inocente. En estos casos, el confesor puede y debe guardar silencio. Por ejemplo, si una mujer al ser interrogada por el confesor sobre su situación familiar, le comenta que ella anda muy bien pero añade, a modo de comentario y sin sospechas de encontrarse en una situación irregular, que su esposo evita nuevos hijos contra la voluntad de ella, usando preservativos, a pesar de que ella le ha manifestado muchas veces que no está de acuerdo y que quisiera tener más hijos; pero él se pone violento y amenaza con abandonar la familia. El confesor se da cuenta de que la mujer estima haber hecho todo cuanto estaba obligada a hacer y cree no pecar porque no comparte las intenciones pecaminosas de su esposo. En este caso, como la mujer no le consulta sobre el tema sino que se limita a comentarlo (hallándose —se puede suponer— en ignorancia invencible respecto del tipo de cooperación que presta), y además es probable que, de ser advertida, no solucionará su situación, el proceder prudente del confesor será guardar silencio”.

      • Muchas gracias padre, desde el punto de vista femenino parece claro, pero ¿y si fuera al revés? ¿si el marido fuera el convertido? es decir que fuera la mujer la que no desee tener más hijos ni adaptarse a la moral catolica y la única forma de tener el acto sexual por parte del marido sería hacer lo que habían venido haciendo preconversión con el uso de alguna medida anticonceptiva (onanismo, preservativo..) porque sino la mujer se negara en rotundo e igualmente se niegue a observar medios naturales o similares por su costumbre anterior o rechazo. Es decir llegado a este punto y si la mujer amenaza que de pretender cambiar sus costumbre anteriores y ella no está de acuerdo estaría dispuesta a romper el matrimonio ¿moralmente sería la única vía para el marido aceptar esa ruptura ante la imposibilidad de hacer nada?

        ¿Podría entenderse que en tal caso caeríamos en el caso que usted ha descrito d) y, lo que es fundamental, tal acción no acarree un perjuicio para un tercero inocente, puesto que si hay hijos tal acción conlllevaría un mal para el tercero inocente que son los hijos con la destrucción del núcleo familiar ante la amenaza de la mujer de provocar una separación ó “divorcio”?
        Gracias

        • Que No Te La Cuenten

          El varón no puede usar preservativo pues el acto estaría viciado desde un inicio.
          Ahora, respecto de la licitud o ilicitud de la cooperación con su esposa no convertida, le copio lo que el Padre Fuentes dice:

          “3º Cooperación material (o como la llaman otros: «puramente material» ): es la del cónyuge que presta su cooperación con disgusto y desagrado a un acto que de suyo respeta la estructura fundamental del acto conyugal (los elementos objetivos que indicamos en el nº 435), pero que se vuelve infecundo exclusivamente por acción del agente principal. La cooperación se considera puramente material si se dan conjuntamente tres condiciones: «1. La acción del cónyuge cooperante no debe ser en sí misma ilícita. 2. Deben existir motivos proporcional-mente graves para cooperar en el pecado del cónyuge. 3. Se debe procurar ayudar al cónyuge (pacientemente, con la oración, con la caridad, con el diálogo: no necesariamente en ese momento, ni en cada ocasión) a desistir de tal conducta» . Por tanto, el cónyuge inocente puede cooperar, siempre y cuando haya causa grave y no esté de acuerdo con la intención del cónyuge que lleva la iniciativa en el acto, porque en este caso el acto no ha sido intrínseca¬mente inmoral desde el principio, sino que empezó bien y termina mal por parte del agente principal. El cónyuge inocente pone un acto que, de suyo, cumple la condición esencial de estar abierto a la vida; es el cónyuge culpable quien contradice luego esa potencialidad”.

          Con mi bendición.
          PJOR

          • entiendo que la cooperación del varón en este caso sólo puede ser tolerando que la otra parte si quiere usar alguna medida la use, ajena a él, pero en ningún caso él. ¿Es esto correcto? No entiendo bien sino como se solventaría el dilema de otro lado ¿qué medidas tomaría la mujer porque tengo entendido que los DIU y pastillas en verdad suelen ser abortivos?

          • Que No Te La Cuenten

            El varón pone de suyo, como dice Cafarra, los medios adecuados, pero no puede usar ningún medio malo él, de lo contrario, pasa de ser cooperador a actor.
            En cuanto a lo otro, mantengo lo que dice el Padre Fuentes y que ya expliqué: “El cónyuge inocente pone un acto que, de suyo, cumple la condición esencial de estar abierto a la vida; es el cónyuge culpable quien contradice luego esa potencialidad”.
            Dios lo guarde. PJOR

          • Muchas gracias padre. Entonces si no entiendo mal sería lícito en tal situación grave expuesta que el marido católico le expusiera a la mujer que él no está de acuerdo con esos métodos que emplee (DIU…) y que le gustaría seguir la moral católica, que él no va a emplear ninguna medida y que si ella lo quiere hacer ya es cosa de ella, pero que él no está de acuerdo. Bajo esa premisa dada la gravedad de la situación que amenaza el matrimonio no sería pecado la cooperación material del marido, procurando por todos los medios dure lo menor posible. ¿Es correcta esta conclusión?

          • Que No Te La Cuenten

            Exacto

  3. Bendiciones padre. Excelente artículo. Me queda una duda, y según creo es importante. No me queda claro lo que es el “riesgo de polución”.
    Y otra cosa, un sacerdote me dijo en confesión hace varios años que la mujer podía también llegar al orgasmo antes de la penetración cuando había dificultad para lograr la simultaneidad, esto con las caricias del esposo.
    ¿Me ayuda con estas dos cuestiones por favor?
    Dios lo bendiga abundantemente.
    ———–
    1) “Riesgo de polución”, según la RAE: “efusión del semen”.
    2) Uno de los fines del matrimonio es el unitivo y los actos preparatorios son para eso, para intentar llegar juntos a la unión plena. De todos modos, no hay que olvidar que la capacidad orgásmica en la mujer es diversa a la del hombre. Dios la guarde. PJOR

  4. Buenos días Padre. Con asombro leo que se acepta el uso del sexo oral, aunque queda claro que usted lo explica cómo un medio y no como un fin en sí mismo. Yo tenía entendido que todo uso del sexo oral es intrínsecamente malo. Agradecería claridad al respecto.

    • Que No Te La Cuenten

      Según moralistas serios, si es parte de los actos preparatorios que tienden al fin unitivo del matrimonio y no hay riesgos de polución/eyaculación, ni atentan a la caridad o prudencia del cónyuge, puede practicarse siempre y cuando el acto termine en vaso debido (eyaculación en la vagina de la mujer).
      Esa es la moral que está en Royo Marin, Mausbach, el padre Fuentes y la que yo he aprendido.
      Dios la guarde. PJOR

  5. “Por regla general, se dice que es lícito todo cuanto se haga en orden al debido fin del acto conyugal ” agrego: excepto los actos intrínsecamente malos, el fin jamás justifica los medios y es el caso del sexo oral. En caridad le digo padre está totalmente equivocado con respecto a lo del sexo oral, el mismo es un acto en sí mismo desordenado al igual que el sexo anal. Lamento tal confusión que, considero en usted, no es de mala fe. Dios lo bendiga!

    • Que No Te La Cuenten

      La frase citada es del Padre Miguel Ángel Fuentes, moralista que sigue en esto al Padre Antonio Royo Marín, Maubach, Noldin, etc., entre tantos otros moralistas católicos ortodoxos e incluso pre-conciliares. Dios lo guarde. PJOR

      • Padre podría gentilmente darme al menos la cita del Padre Antonio Royo Marín donde hace mención explicita a la licitud moral del sexo oral. Espero su respuesta gracias! El Señor lo guarde siempre!

        • Que No Te La Cuenten

          Si busca explicitación en las palabras y quiere que Royo Marín diga las palabras “sexo oral”, olvídese pues no las hallará. Por un lado porque no es su estilo y, por otro, porque habitualmente ese concepto hace referencia a la culminación del acto sexual fuera del “vaso debido” (no deseo ser tan explícito aquí, pero el sexo oral completo, tanto del varón hacia la mujer o viceversa, se entiende cuando se busca el orgasmo femenino o masculino no como acto preparatorio, sino en sí mismo, cosa que es absolutamente reprobable).
          Lo que Royo Marín como muchos teólogos expresan son los actos preparatorios (no me extiendo en el tema pues ya lo he tratado en este post). Va el texto entonces y la referencia:

          Son lícitos los actos preparatorios o complementarios del acto conyugal (tactos, ósculos, abrazos, miradas, conversaciones excitantes, etc.), con tal que no envuelvan peligro próximo de polución y se hagan con la intención de realizar el acto principal o de fomentar el amor conyugal. La razón es porque, siendo lícito el fin, también lo son los medios que se ordenan naturalmente a su mejor consecución” (Antonio Royo Marín, Teología moral para seglares, Bac, Madrid 1994, nro 621, pp 691-692).

          Hay textos de moralistas que son más explícitos aún (San Alfonso en su “Theologia moralis” hasta concede la posibilidad de la “preparación” de la mujer que difícilmente llega al orgasmo).

          Si desea cotejar la cita de Royo Marín, aquí se encuentra el libro completo: http://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/2_Teologia_Moral_para_seglares,_Fr_A._Royo_Marin_OP.pdf

          Dios lo guarde. PJOR

          • Muchas gracias por su respuesta padre, pero temo que esa es una interpretación errónea por infundada que hacen el padre Fuentes y usted de la cita del padre Antonio Royo Marin referida a la licitud de los actos preparatorios del acto conyugal. El “estimular” oralmente los genitales del cónyuge (independientemente de si hay o no polusión) se llame o no sexo oral es un acto desordenado, que rebaja el acto amoroso a una búsqueda de mero placer genital-sexual (hedonista). No intento refutarlo por refutarlo padre entienda que en conciencia no podía dejar de decírselo. Me encomiendo a sus oraciones, Dios lo bendiga!

          • Que No Te La Cuenten

            El tema es que son muchos los moralistas ortodoxos que piensan lo mismo y desde hace tiempo. El punto central está en que a algunos matrimonios eso les resultará “un acto desordenado” y a otros no. Y acá no se trata de subjetivismo. Simplemente, es que como no hay Magisterio de la Iglesia sobre los actos preparatorios/complementrios (y si no lo hubo en 2000 años de Iglesia, no creo que se baje a actos tan concretos), sacando las directivas generales (Casti connubii, Humanae vitae, Evangelium vitae, etc.) de que el acto debe estar siempre abierto a la vida, los matrimonios cristianos deben guiarse por ese instinto sobrenatural que, según la doctrina católica, el Espíritu Santo va infundiendo en las almas en gracia. Pretender que la casuística o el Magisterio resuelva todo es rabinismo cristiano.

            Por último: si este punto le causa un problema moral, siempre tiene la posibilidad de consultar a la Congregación para la Doctrina de la Fe, o incluso, a través de un confesor de confianza, a la Sagrada Penitenciaría (esto último como caso de conciencia personal, porque, según el principio de la moral tradicional, incluso si lo que ud. dice estuviese errado, mientras esté absolutamente convencido de que es así, debe seguirlo en conciencia, aunque no puede imponerlo a los demás como opinión teológica personal si no está avalado por serios y fieles autores; ésta es la praxis usada siempre por san Alfonso).
            Dios lo bendiga
            PJOR

  6. 1)”El tema es que son muchos los moralistas ortodoxos que piensan lo mismo y desde hace tiempo” respuesta: preferiría dudar de esta proposición sin al menos una fuente y un argumento constatable, su pagina se llama “que no te la cuenten”. Por tal motivo le pedí que me cite al menos a Royo Marin, y a mi respuesta sobre la cita que me proporciono no objeto nada cuando le dije que usted y el padre Fuentes realizaron una errónea interpretación de la misma, ya que se trató de una conclusión desconectadas de las premisas, como una especie de “axioma” arbitrario.
    2)”no puede imponerlo a los demás como opinión teológica personal”. Respuesta: en todo caso tampoco usted ni un teólogo “ortodoxo” ni”serios” o “fieles autores” pueden, y no solo eso sino tampoco proponer positivamente sin ningún fundamento serio una práctica en materia sexual tan delicada. Según la misma escolástica el argumento de autoridad es el más débil. La autoridad de un autor esta respaldada por una constante (aunque falible y limitada) adecuación de su intelecto a la realidad. (“muchos”)La cantidad jamás sera criterio de verdad.
    3) “Por último: si este punto le causa un problema moral, siempre tiene la posibilidad de consultar a la Congregación para la Doctrina de la Fe, o incluso, a través de un confesor de confianza…etc.etc.etc.”. respuesta: Para que voy a consultar en ellos si usted mismo reconoce que en este punto no hay Magisterio de la Iglesia sobre los actos preparatorios/complementrios (y si no lo hubo en 2000 años de Iglesia, no creo que se baje a actos tan concretos).
    Como verá padre usted esta dando por lícito (moralmente) un acto (concreto)del cual no puede dar un fundamento objetivo, por el contrario se limita a mencionar serios moralistas ortodoxos de modo general(saco a San Alfonso de entre “ellos”)sin una referencia clara y que aclare nada sobre este punto casuístico.
    Y otra cosa más, obviamente con el respeto que me merece, lo mio no es casuística rabínica, esa me parece nuevamente una mirada errónea de su parte. Desde ya le pido que si tiene argumentos sólidos y serios de los que brindo gentilmente hasta el momento los proporcione. La caridad en la verdad padre! Dios lo colme de bendición y fuerza! lo saludo filialmente!

    • Que No Te La Cuenten

      Ad unum: Noldin, De usu matrimonii, Summa Theologiae moralis, Complementa, I. De sexto praecepto et de usu matrimonii, n. 94, quien a su vez cita a otros autores.
      También Mausbach-Ermecke, Teología Moral Católica, Pamplona 1974, t 3, 23,3, obra que no puede ser tildada de “progre”, por cierto: “Entre los actos incompletos se cuentan los que preparan la plena unión sexual o son como un eco posterior de la misma. Algunos cónyuges están en un error de conciencia respecto a estos actos. Los consideran moralmente ilícitos, cuando, en realidad, si no se realizan con el propósito deliberado de masturbación, están legitimados por el acto indudablemente lícito de la unión plena, a la cual tienden. Tales actos pueden ser reprochables desde un punto de vista estético, o perjudiciales desde un punto de vista psicológico, e incluso, si van contra el amor debido, moralmente ilícitos, por faltar a la caridad. Pero no son contrarios a la virtud de la castidad ni al orden moral del matrimonio”.
      Arregui-Zalba, Compendio de Teología Moral, Ed. El Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao 1965. Entre otros.

      Todos los autores que yo he citado son los fieles al magisterio

      Ad secundum: en temas filosóficos, los argumentos de autoridad son los más enclenques, es cierto, pero no por ello dejan de ser argumentos. Aquí estamos en el terreno de la teología y de la teología moral, donde la opinión de autores respetados, cuando hay cuestione dudosas, cuentan para la Iglesia. Un detalle: todos los autores citados han escrito antes del Concilio Vaticano II, con nihil obstat y bajo el Santo Oficio, una institución mucho más activa que la actual Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. Son autores utilizados incluso en documentos magisteriales y denostados por la progresía.

      Ad tertium: La Sagrada Penitenciaría o la Congregación para la Doctrina de la Fe, va lenta y firmemente aclarando los criterios respecto de estos temas, tanto en fuero interno como en fuero externo. Como responden directamente a las indicaciones de los pontífices, ud. podría preguntar, si quisiera, sobre estos puntos (realmente basta con escribir y esperar, pues responden). Si no lo desea, entonces no sabría qué decirle: confíe en otros que ya lo han hecho explicándolo en sus tratados.

      Lo de la “casuística rabínica” no es para ud.; en absoluto. Es para muchos de los moralistas actuales (incluso de excelente línea) que, dejando de lado la espiritualidad conyugal, intentando regular absolutamente todo lo se hace en la intimidad de los esposos, sin dejar librado al rectus sensus fidelium, lo que es lícito y lo que no, planteando dos o tres principios básicos. He releído en estos días los lugares comunes donde el Aquinate planteaba estas cosas y es notable ver cómo la espiritualidad tradicional no bajaba a estos puntos tan particularmente, limitándose apenas a decir que los actos matrimoniales debían ser para dos fines: la procreación y el remedio de la concupiscencia.

      No por nada personal, pero yo aquí termino pues no quiero entrar polémicas interminables. Lo que debía decir ya lo dije y muchísimas almas me lo han venido agradeciendo en estos días.
      De todas maneras, le agradezco enormemente sus planteos y objeciones al estilo tomista pues me han ayudado a explayar un poco más lo que quería decir.

      Dios lo guarde
      P. Javier

  7. Muchas gracias padre! yo también doy por concluido este asunto, y si hay algo que me ayudo a ver con claridad es que sobre este punto hay muchas “lagunas” por tal motivo me parece prudente no dar indicaciones tan explicitas solo basándose en “interpretaciones” aun más confusas. El terreno de la teología (una) también se propone objetividad en sus proposiciones (aun en materia probablemente verdadera).

    “Es para muchos de los moralistas actuales (incluso de excelente línea) que, dejando de lado la espiritualidad conyugal, intentando regular absolutamente todo lo que se hace en la intimidad de los esposos, sin dejar librado al rectus sensus fidelium, lo que es lícito y lo que no, ” ÚLTIMA RESPUESTA: En esto, así como lo plantea, estoy de acuerdo con usted, pero le quiero respetuosamente hacer notar que esto vale también para usted, sobre todo en su proposición sobre la licitud del “sexo oral” como acto preliminar para… ect.
    En este punto soy sincero y después de ver como usted ya expuso algunos argumentos reafirmo que los mismos no cuentan con la objetividad y claridad suficiente para justificar la licitud moral de esa practica, aun que sea con la mejor intención (eso no lo dudo padre).
    Agradezco su consideración. Un saludo en María Reina!

    • Que No Te La Cuenten

      Muy bien. Dejamos aquí la discusión y que la gente lea los comentarios y las respuestas, analice las fuentes que he citado y, si desea, que lo consulte con su confesor. Dios lo bendiga. PJOR

  8. Enseñaba Sto. Tomás (no me pidan dónde, porque cito de memoria) que hay dos formas de conocimiento “per cognitionem et per connaturalitatem”, “per congnitionem” conoce el bien el moralista, “per connaturalitatem” conoce el bien el hombre bueno. Dios nos ayude, digo yo, a ser cada vez más buenos…con ayuda de los moralistas o sin ella…”per connaturalitatem”.

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