Leído para ud: “Sermones monásticos” del P. Diego de Jesús, Monasterio de Cristo Orante

El padre Diego de Jesús, es un bicho raro: monje porteño y, a pesar de esto, bienpensante, hace casi tres décadas que anda junto al P. Oscar Portillo –fundador del monasterio sui iuris de  “Cristo Orante”- en plena precordillera argentina. Allí hubieron de exiliar cuando al pequeño “monasterio urbano” que habían comenzado en Buenos Aires, se le dieron órdenes de emigrar a tierras campestres.

Lo cierto es que, luego de algunos años, han construido en Tupungato (Mendoza) un hermoso paraje monacal con iglesia y hasta claustro románico donde, casi semanalmente, escuchan confesiones, dan consejos espirituales y hasta pintan íconos.

Un oasis.

Entre quienes los visitan, como en todo monasterio, hay para todos los gustos: desde almas deseosas de alcanzar la santidad hasta esnobistas litúrgicos en busca de una espiritualidad chic. Lo cierto es que todos se aprovechan.

Litúrgicamente hacen que la “forma ordinaria” de la Santa Misa sea lo menos ordinaria posible. La verdad es que celebran bella y dignamente el Santo Sacrificio, siguiendo el misal, de cara a Dios y conforme a la lengua de la Iglesia.

Respecto de las vocaciones son bastante cautos –“demasiado…”, dijo un malpensado. No lo creo: en los tiempos que corren, sin ser elitistas, hay que ser cuidadosos antes de empujar a alguien al altar de Dios.

Pues bien: lo cierto es que el Padre Diego de Jesús ha publicado un libro que, según promete, es el primero de una serie de “Sermones monásticos”. Y lo primero que hay que criticarle es el título: “sermones” porque quienes venimos oyendo sus meditaciones en voz alta desde hace un tiempo, muchas veces nos quedamos extasiados con su pluma pero, al terminar, decimos: ¿Y? ¿La moraleja? ¿La enseñanza? Porque no estamos acostumbrados a este estilo un tanto borgiano de sermonear.

En los “Sermones monásticos” del Padre Diego de Jesús, más bien de tinte platónico que de corte aristotélico, hay que buscar esa belleza del verbo que lleva al Verbo. Esa finura de los detalles que impactan por medio de la parábola que enseña, del signo que significa pero que no muestra. La enseñanza llega sola.

Porque la poesía se impone.

Pues bien. Recomiendo el libro y recomiendo el lugar donde, de algún modo, se está intentando completar con el monacato, la evangelización de nuestras tierras.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

 

PS: para adquirir el libro pueden ponerse en contacto con estos números: +54-9-11-54833264 o +54-9-11-5039-3173 o con la página del monasterio.

PS2: para quien desee oír uno de sus “sermones monásticos”, puede ingresar aquí y disfrutar del último enviado hoy, 5 de noviembre de 2017.


 

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3 Comments

  1. Patricio Perez Millan (hijo)

    El Presbitero Portillo, no es porteño, es de Pehuajó, Provincia de Buenos Aires estudió en el Seminario Metropolitano y se ordenó allá por 1980 ó 1981.

  2. IMPECABLE!..

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