Sacerdocio, apologética y RR.SS. Conversando con el P. Tomás Beroch
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Si me permiten que diga, no estoy de acuerdo con el Padre Tomás Beroch cuando dice que despide al que le insulta, digamos que por sistema. Yo creo que esta sería incluso una oportunidad de oro para dar un buen testimonio, ya que hay personas que necesitan mejorar su interior, pero como tienen un exterior más o menos adaptado a los requerimientos sociales, pueden acomodarse a creer que no necesitan mejorar, sin embargo el que se propasa ya con un determinado comportamiento exterior es más fácil que no le ocurra esto, al menos de forma tan marcada (aunque es tal la tendencia al bien del ser humano, que difícilmente alguien reconocerá que es malo, por ejemplo). Yo creo que ante una agresión ya explícita como sería un insulto, habría que responder con conducta correcta por supuesto (incluso extremando esto, ya que fácilmente puede tratarse de una persona herida interiormente, o muy sensible), y lo fundamental, en el interior, con auténtica buena intención; es decir ni con mala intención, ni con indiferencia, sino que procurando anteponer el bien de verdad de la otra persona, a los intereses vanos o desordenados, o temporales, o materiales. Si uno es capaz, con la gracia de Dios, de anteponer el bien de verdad de la otra persona (de lo cual uno se hace bien en primer lugar a sí mismo, por supuesto, ya que antepone lo más importante, a lo menos importante, o malo), en ese tipo de situaciones, los efectos son inmediatos y sorprendentes. Eso sí, uno tiene que luchar con respecto a lo que pueden pensar observadores externos, que no siempre entienden esto, aunque algo capten; y, en muchas ocasiones, se «entiende» una simple indiferencia, pero no una auténtica buena respuesta, pero ahí está la dificultad de actuar bien, que no siempre es lo mismo actuar bien, que quedar bien, y de ahí la necesaria lucha pidiendo a Dios luz y fuerza para amar de verdad, para actuar bien, con lo que realmente se logra la auténtica libertad, que, según he leído, ya es una pregustación de la vida eterna.
Y por supuesto que cualquier decisión que uno tome siempre tiene que estar guiada por la caridad. A los demás siempre se les da buen ejemplo cuando uno actúa bien; no puede uno engañarse con que tiene que actuar de una determinada manera, «por el bien de todos», cuando es quizá por la comodidad de todos; actuar bien de verdad es lo que viene bien a todos.
Quería añadir que aunque la recriminación en sí no es siempre necesariamente mala, no me parece recomendable en este tipo de situaciones, ya que generalmente hay algo previo interior que curar, lo cual ser logra más fácilmente con el buen ejemplo y también ayudando a que la persona tenga una vida con sentido, y guiada por la caridad, con la gracia de Dios, lo cual tirará de todo lo demás, y tenderá a evitar de la mejor manera cualquier conducta de ese tipo. En cambio si uno sólo se mueve en el plano superficial, eso no funciona, si no va acompañado de un interior; y en este tipo de situaciones, menos. Y creo que este tipo de situaciones son buenas porque obligan a elegir entre el bien y el mal, viendo un efecto directo sobre la vida de otra persona; y sin duda que el amor puede hacer que uno no sucumba ante por ejemplo la demanda de otras personas de ver alimentada su vanidad, o cualquier otro interés meramente temporal.
Por favor sra. María, trate de ser un poco mas concreta a la hora de opinar; ha escrito usted tantas cosas, que finalmente no pude entender nada de lo que usted quiso expresar. Carlos.
Carlos: que siempre hay que responder con amor; que cualquier respuesta sin amor es mala; y Dios juzgará la responsabilidad de cada uno. Pero hay que distinguir el bien de los intereses. Tampoco esto se entiende sólo con un mero ejercicio intelectual. Hay que vivirlo, con la gracia de Dios. Y cuando uno se va venciendo, es decir, que va anteponiendo el bien a lo que pudiera interesarle, materialmente o temporalmente hablando, puede ir teniendo luz para entender. El que hace el esfuerzo, en cualquier sitio en el que se encuentre, de hacer lo que es bueno y justo, lo puede ir entendiendo; eso sí, la persecución llega desde el primer momento.