La moraleja de la historia es: no se desea nunca que el Santo Padre “se vaya al cielo”. Eso es pecado, aún más grave si sale de boca de un sacerdote, y aún más grave si se dice públicamente.
No es lo mismo decir “deseo que el Santo Padre vaya al cielo” que “deseo que el Santo Padre SE vaya al cielo”.
Números 12 enseña como se toma Dios las diatribas contra sus profetas.
La moraleja de la historia es: no se desea nunca que el Santo Padre “se vaya al cielo”. Eso es pecado, aún más grave si sale de boca de un sacerdote, y aún más grave si se dice públicamente.
No es lo mismo decir “deseo que el Santo Padre vaya al cielo” que “deseo que el Santo Padre SE vaya al cielo”.
Números 12 enseña como se toma Dios las diatribas contra sus profetas.