Jornada de la Hispanidad – Asunción, Paraguay, 2025
Una Civilización Viva: El éxito de la Primera Jornada de la Hispanidad en Paraguay. «América, que tiene sangre indígena, que reza a Jesucristo y habla en español». Esta frase icónica de Rubén Darío no fue solo un lema colgado en la pared; fue el espíritu vivo que palpitó en cada conferencia, en cada pasillo y en cada conversación de la Primera Jornada de la Hispanidad en Paraguay, celebrada el pasado sábado 8 de noviembre en la Facultad de Derecho de la UNA. El evento fue organizado por el Frente Nacional de Estudiantes Católicos del Paraguay, el Centro de Estudios Jordán Bruno Genta.
La jornada se configuró como un viaje intelectual y espiritual profundo, comenzando desde la raíz misma del ser hispano. Tras la «Lectio Inauguralis» del Cnel. Mayor Gabriel Camilli, que fijó el tono de la jornada, el Dr. Francisco Monges sumergió a la audiencia en un «análisis ontológico de la cultura», invitando a entender qué es una civilización, más allá de sus expresiones superficiales.
Este pilar filosófico se consolidó con el panel que el Dr. Francisco Monges compartió con el Dr. Alonso Salinas sobre el Derecho Natural. Lejos de ser una teoría arcaica, lo presentaron como una «ciencia jurídica vigente y necesaria», el fundamento moral y legal sobre el que se construyó todo el edificio de la Hispanidad y que hoy se presenta como una alternativa humana frente a las corrientes positivistas.
Con esta base filosófica establecida, la jornada condujo a los presentes al momento histórico fundacional. La Hna. Lic. Claudia Ortiz regaló una semblanza magistral de Isabel la Católica, no como una simple reina, sino como la auténtica «Forjadora de un Nuevo Mundo», una mujer cuya visión y fe trascendieron su tiempo.
Este legado histórico aterrizó de forma directa en nuestra tierra. El Dr. José Ocampos trazó con claridad «la influencia de la Hispanidad en el nacimiento y conformación del Paraguay», demostrando que la identidad paraguaya es incomprensible sin esa matriz hispánica. En una línea similar, el Dr. Antonio Rivas descubrió la fascinante figura de Ernesto Giménez Caballero y su «revelación del Paraguay», mostrando la gran cooperación de este embajador español al Paraguay, a quien tanto amaba.
El clímax histórico llegó con la poderosa conferencia del Lic. Emilio Urdapilleta, quien, con rigor y valentía intelectual, defendió al «Imperio Español: La civilización más gloriosa de la historia». Esta afirmación, tan necesaria en tiempos de leyenda negra, fue magistralmente complementada por la proyección del documental «España: la primera Globalización», que ilustró el impacto universal y civilizatorio de la obra española.
Finalmente, la Jornada no se estancó en la nostalgia, sino que se lanzó hacia el porvenir. El Cnel. Mayor Gabriel Camilli cerró las ponencias con una conferencia magistral sobre «Geopolítica e Hispanidad». Fue un llamado vibrante a asumir los «desafíos del mundo hispano en el siglo XXI», a dejar de ser espectadores y convertirse en protagonistas de la historia, unidos por una lengua, una fe y una cultura que nos hacen una potencia mundial.
El día culminó con un acto solemne: la lectura de la «Declaración de Asunción», un documento que sella los principios y el compromiso surgidos de este encuentro.
El entusiasmo de los jóvenes, la brillantez de los ponentes y el espíritu de hermandad que se respiró, son la prueba irrefutable de que la Hispanidad no es una reliquia. Es una civilización viva. Y este 8 de noviembre, en Asunción, su corazón latió con más fuerza que nunca.
¡Que viva la Hispanidad!
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La Hispanidad:
Una civilización mestiza, “que reza a Jesucristo y habla en español”.
No mejor ni peor que otras, pero muy importante y necesaria porque es la nuestra, porque nos une y porque nos defiende y ampara.
La unión hace la fuerza y en Cristo y con Cristo tendremos la palma de la victoria final.
Por mucho que digan los philosophes, los ideólogos y los ilustrados, todas las civilizaciones son producto de una religión, que les da ser y sirve de almagama a todos los elementos y personas que la integran y componen.
Quita la religión -no importa la excusa- y esa civilización se deshará sola como un azucarillo en una taza de café con leche.
Las religiones, sus civilizaciones y sociedades, elementos naturales y necesarios en el ser humano, sirven para que los humanos que las integran cumplan su función de nacer, crecer, multiplicarse y morir y, en el caso de los católicos que mueran en gracia, ir al cielo.
El individualismo y la soberbia que le acompaña es pues una anomalía que solo funciona cuando la persona es rica y adulta; nunca cuando es normal o pobre ni cuando es niño o es un viejo. Siempre necesitamos a alguien del mismo modo que los demás nos necesitan a nosotros. Esto se llama “sociedad”. Cuando esa sociedad intenta vivir como Dios nos ordenó, todos vivimos mejor.
O como dicen por ahí, en paz con Dios y en paz con uno mismo.
La verdadera civilización hispánica es un tesoro que no hay que destruir ni despreciar.
No hay que olvidar que el liberalismo se basa en efectivamente en la libertad.
¡Pero la libertad del que tiene plata!.
Con el liberalismo no importa la persona, ni el honor, ni la religión, ni la solidaridad, ni la familia, ni la nobleza (de carácter o de título), ni el arte, ni el patriotismo, ni la santidad, ni el heroísmo, ni la propia etnia,….Es decir no importa nada de lo que forma cualquier sociedad que ha existido y que ayuda a que continúen en el tiempo.
Lo único que importa es la plata y para ello hay que controlar al gobierno a través de los políticos (financiando sus carreras políticas, financiando sus campañas, sobornos…) y al Pueblo con eslóganes vacíos cómo “libertad, igualdad, fraternidad”; “progreso”, “ciencia”, “librepensamiento”…y promesas de subvenciones y ayudas sociales (“justicia social”)
Bien, seguro que esto es necesario e inevitable en el momento histórico que nos ha tocado vivir.
Pero al no proteger más que el dinero de los oligarcas, queda desprotegida la sociedad y todo lo que la defiende e interesa (es decir, nosotros y nuestros hijos). Porque el liberalismo y la “tolerancia” (especialmente la anticatólica) hace que las sociedades queden abiertas ante cualquier peligro suficiente organizado.
¿Cómo nos podemos proteger del dinero y de los marxistas culturales las personas normales?
Sí; las personas que tenemos que madrugar todos los días para trabajar y para pagar impuestos, sacar adelante a nuestras familias y levantar el país…
Pues evidentemente no dando más poder a los políticos y fortaleciendo lo contrario para que sirva de contrapeso:
La familia, la religión y nuestra civilización, la Hispanidad.
Necesitamos más familia, más religión y más Hispanidad; esto es, ser más humanos. No menos.
Con la ayuda de Dios, que nunca decepciona.
Este año pude participar de las Jornadas de la Hispanidad en el Colegio San Pablo ( 12 de Octubre) Han sido dos días de profunda reflexión y enseñanzas.
Gracias al Instituto Elevan, por permitirnos seguir cultivando el intelecto y el espíritu mediante estas propuestas enaltecedoras.