“La bella virtud” y la libertad de los hijos de Dios
Un texto de San Juan Bosco
P. Javier Olivera Ravasi, SE
“Mi mensajero -contaba Don Bosco en uno de sus sueños- me tomó de la mano para introducirme en la caverna. Apenas puse el pie en el umbral, me encontré transportado a una magnífica sala con puertas de cristal. Sobre éstas, y a regular distancia, largos velos estaban colgados, cubriendo otros tantos departamentos que comunicaban con la caverna.
El guía me indicó uno de aquellos velos, sobre el cual estaba escrito: «Sexto mandamiento», y exclamó:
—La transgresión de éste es la causa de la ruina de muchos jóvenes.
—¿Pero no se han confesado? – preguntó Don Bosco.
—Sí, se han confesado, pero los pecados contra la “bella virtud” (la virtud de la pureza) los confesaron mal o los callaron por completo. Por ejemplo, uno que había cometido cuatro o cinco de estos pecados, confesó sólo dos o tres. Hay quienes cometieron uno solo en la niñez y tuvieron siempre vergüenza de confesarlo o lo han confesado mal y no han dicho todo. Ellos no tuvieron dolor ni propósito. Más aún: algunos, en vez de examinar su conciencia, estudiaban el modo de engañar al confesor.
Levanté el velo y vi un grupo de chicos a quienes yo conocía, condenados por este pecado. Entre ellos había algunos que, en apariencia, tienen buena conducta.
—Por lo menos, ahora me dejarás escribir los nombres de estos chicos para poderlos avisar en particular.
—No hace falta—me respondió.
—¿Qué debo decirles?
—Predica constantemente contra la impureza”.
* * *
Este texto de San Juan Bosco ha hecho que, muchas veces, en un mundo tan dominado por las pasiones y el hedonismo, debamos tocar este tema.
La “bella virtud”, la llamaba San Juan Bosco; la virtud angélica, la santa pureza: un tesoro de tal precio, que quienes la poseen serán semejantes a los ángeles del cielo. “Erunt sicut angeli Dei” (Mt 22,30) dice el Señor.
Porque es la virtud que nos hace libres; libres de la inmundicia de las pasiones desordenadas; por eso es tan envidiada por el enemigo de las almas: el demonio.
Por eso debemos siempre educar nuestros hábitos.
Pero Veamos qué consejos daba el santo patrono de la juventud a sus jóvenes para conseguir o mantener la ‘bella virtud’:
1) Una vida retirada: “La pureza es un diamante de gran valor”, decía; si ponemos un tesoro a la vista de los ladrones, no podemos luego quejarnos del robo… Porque, como dice la Sagrada Escritura, “quien ama el peligro, perecerá en él” (Eclesiástico 3:26-27). Por eso: cuantas menos ocasiones de pecado, menos tentaciones; cuanto más alejados del fuego, más fácil se evita el incendio.
2) Frecuencia en la confesión y comunión: debemos confesar nuestro pecado cuanto antes y comulgar mientras estemos en gracia de Dios. Y confesar, no “en piloto automático”, sino de verdad, con verdadero dolor de nuestros pecados, haciendo firmes propósitos para el futuro. Si luego, lamentablemente, caemos de nuevo por debilidad, iremos de rodillas a implorar el perdón de Dios, que es rico en misericordia (Ef 2,4).
3) Ayuno y oración: la impureza (en la gente decente), busca nunca ser vista. Se hace como muda; no narra sus caídas; y se hace como sorda, porque no quiere escuchar los consejos. Como el joven endemoniado del Evangelio, a quienes los discípulos no pudieron ayudar. “¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera?” (Mc 9,29), preguntaron los discípulos al Señor. “Porque este género de demonios no se vencen sino con el ayuno y la oración” -les respondió.
Es decir, con la mortificación de los sentidos: haciendo sacrificios físicos, refrenando las miradas, escapando de la gula, huyendo de la ociosidad. No hay un santo que no haya tenido una vida mortificada, incluso en su cuerpo. Porque de nada servirá rezar mil Rosarios si luego vivo una vida mundana. El caballo, dicen en el campo, si está muy bien comido, luego no obedece al jinete… Una ducha con agua fría no ha matado a nadie todavía… Ayuno, sacrificio y sobriedad, son cosas totalmente cristianas.
* * *
Dos son los extremos en los que se puede caer en estos temas: por un lado, en el puritanismo, que dice que el sexo es malo; por otro, en el hedonismo, que plantea que hay que seguir las pasiones.
Pues la Iglesia enseña con Aristóteles, que la virtud se encuentra en el punto medio. El uso del sexo no es malo de por sí, como tampoco lo es el uso del agua. Pero así como mucha agua puede ahogarme si me arrojo del Golden Gate Bridge, así también, el uso de nuestra sexualidad, fuera del ámbito propio que es el matrimonio católico entre el varón y la mujer, puede llevarnos no sólo a actuar contra la Ley de Dios (6to y 9no mandamientos), sino, con ello, a perder la libertad; la libertad verdadera de los hijos de Dios (Jn 8,36) que todos buscamos para ser felices.
P. Javier Olivera Ravasi, SE
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Para la mujer el 6° mandamiento es menos problemático ( por decirlo así) que para el hombre a Dios gracias; tienen que haber varios factores para que una mujer se condene por esto; la mujer que se valore y se sienta hija de Dios, pues sabe marcar el paso a un varón, y más si tuvo una buena crianza, creo ahí esta el primer factor para que una mujer haga honor a tan bella virtud de la Pureza , mi humilde opinión.
bendiciones.