La animación retardada según Santo Tomás de Aquino y el tema del aborto. Respuesta a una consulta

Muchas veces he recibido consultas acerca de la postura de Santo Tomás de Aquino y la teoría de la «animación retardada» (alma vegetativa, alma sensitiva y alma racional). 

Gracias a las enseñanzas de mi amigo y ex-profesor, el P. Dr. Christian Ferraro, aquí intento dejar una respuesta a un correo que recibí hace unos días, por si llegara a servir. Aviso de entrada que no podré responder comentarios de los lectores por incapacidad material. Prosit y,

Que no te la cuenten

P. Javier Olivera Ravasi, SE


Consulta:

«Santo Tomás defendía la animación retardada, lo que puede utilizarse para justificar el aborto en la fase de cigoto. Contra ello se pueden dar dos argumentos: a) El cigoto está lo suficientemente formado (por lo que Dios infundiría el alma en él) porque ya está presente en él la molécula de ADN. b) Los argumentos metafísicos (de Santo Tomás). El problema está en que esos argumentos dejan de ser válidos en el caso de los gemelos univitelinos. ¿Saben ustedes cómo puede resolverse esta objeción?


Respuesta del P. Javier Olivera Ravasi

Estimado:

La objeción de los gemelos univitelinos suele presentarse como una dificultad decisiva contra la tesis de la animación inmediata: si desde el primer instante hubiese ya una persona humana plenamente constituida, ¿cómo podría luego “dividirse” en dos personas? Parecería implicar una imposibilidad metafísica, pues la persona, en cuanto substancia individual, es indivisible.

Sin embargo, el problema suele estar mal planteado porque se mezclan cuestiones biológicas, metafísicas y morales sin distinguir adecuadamente sus niveles.

Ante todo, hay que recordar dos cosas fundamentales que hoy casi nadie entiende bien: qué es el alma y qué es la potencia.

El alma no es simplemente “algo que da vida” en abstracto, ni una especie de entidad separada añadida al cuerpo. En la tradición aristotélico-tomista, el alma es el acto primero de un cuerpo organizado para ejercer operaciones vitales. Y los diversos tipos de alma se distinguen según las operaciones que hacen posibles inmediatamente. Por eso Santo Tomás sostiene realmente una sucesión de formas en la generación: primero un alma vegetativa, luego una sensitiva y finalmente la racional. No se trata de un simple crecimiento cuantitativo, sino de una cuestión ontológica.

Del mismo modo, la potencia no significa mera posibilidad abstracta. La potencia natural es un principio ontológico intrínsecamente direccionado a su acto. Aristóteles lo explica magistralmente en Metafísica IX. Un árbol no es una silla en potencia; lo es el bloque de madera ya dispuesto para ello. La potencia verdadera implica ordenación inmediata al acto correspondiente.

Y aquí está el error de muchos razonamientos contemporáneos: creen que porque el cigoto posee ADN humano ya debe haber necesariamente alma racional humana presente desde el primer instante. Pero el ADN, aunque importantísimo desde el punto de vista biológico, no prueba por sí mismo la presencia actual de operaciones sensitivas o racionales. Lo único que muestra es un patrón organizativo de desarrollo corporal.

En términos tomistas, el ADN describe materialmente el despliegue de ciertas potencias vitales, pero no constituye por sí solo demostración metafísica suficiente de que exista ya materia proporcionada para el alma racional.

Por eso Santo Tomás jamás fundamentaría la presencia del alma racional simplemente en la información genética. Para él, la forma se corresponde con un grado de organización corporal apto para ejercer ciertas operaciones. Y mientras esas potencias no estén presentes en acto de manera radical e inmediata, no puede afirmarse sin más la presencia de tal forma substancial.

Ahora bien: esto no implica en absoluto una justificación del aborto.

Aquí suele cometerse otra enorme confusión. Aunque uno sostuviese —como Santo Tomás— una animación humana retardada, el aborto seguiría siendo gravemente inmoral. ¿Por qué? Porque el movimiento se especifica por su término. Y la generación humana es un proceso natural intrínsecamente ordenado a la constitución de un hombre.

No estamos ante una “mera posibilidad” remota, sino ante un principio ontológico originariamente direccionado a la generación de una naturaleza humana. Destruir deliberadamente ese proceso es moralmente homicida en razón de su término natural.

Por eso el juicio moral contra el aborto no depende exclusivamente de demostrar que ya existe alma racional en acto desde el cigoto. Basta reconocer que allí existe un proceso generativo humano natural, un continuum vital intrínsecamente ordenado a la constitución de un hombre. Suprimirlo es suprimir violentamente ese dinamismo natural.

Y justamente desde aquí puede entenderse mejor el problema de los gemelos univitelinos.

La dificultad aparece sobre todo cuando se identifica inmediatamente cigoto = persona humana plenamente constituida en sentido metafísico estricto. Pero si se comprende el desarrollo embrionario como un proceso generativo todavía plástico, cuya unidad natural puede dar lugar excepcionalmente a más de un individuo humano, entonces la objeción pierde mucha fuerza.

Porque el problema no es simplemente biológico, sino metafísico: ¿hay ya desde el primer instante una substancia racional individual completamente constituida, o estamos todavía ante una materia viviente organizada y naturalmente ordenada hacia tal constitución?

Autores como el Dr. Mario Caponetto han insistido, contra la simplificación de algunos, justamente en esto: el cigoto ciertamente está animado, porque realiza operaciones vitales; pero de ahí no se sigue automáticamente que posea ya alma racional humana en acto. La cuestión verdadera es cuándo la materia alcanza organización suficiente para recibir esa forma substancial eminente.

Y en ese contexto, el fenómeno de la gemelación deja de ser una “división de una persona” para aparecer más bien como una ulterior determinación del proceso generativo mismo.

En definitiva: la objeción de los gemelos univitelinos no destruye necesariamente la posición pro-life ni obliga a abandonar la metafísica tomista clásica. Más bien muestra la necesidad de distinguir cuidadosamente entre Biología, Filosofía de la Naturaleza, Metafísica y Moral, evitando tanto el reduccionismo genetista como las simplificaciones modernas sobre la persona y el alma.

Ahora bien, alguien podría preguntarse: “Entonces, si todavía no hay alma racional humana en acto, ¿por qué no sería lícito abortar antes de ese momento?”

Y la respuesta es que esa objeción parte nuevamente de una comprensión incorrecta de la potencia y del orden moral. Sucede que, el juicio moral, no recae solamente sobre lo que una cosa es en acto completo aquí y ahora, sino también sobre el dinamismo natural intrínseco que posee. Y (justamente) la potencia natural no es una mera posibilidad abstracta o remota, sino un principio ontológico real, originariamente direccionado a su término: el hombre.

De allí que, destruir un embrión humano en sus primeras etapas no es comparable a impedir una posibilidad cualquiera, como quien evita que un árbol llegue a convertirse en mesa. Aquí estamos ante un proceso vital ya iniciado, intrínsecamente ordenado y autoorganizado hacia la constitución de un hombre, porque la generación humana no es un agregado accidental de cambios biológicos, sino un movimiento sustancial cuyo término es precisamente el hombre. Y como el movimiento se especifica por su término, suprimir deliberadamente ese proceso generativo es moralmente suprimir al hombre mismo en cuanto término de ese dinamismo natural, aún cuando no sepamos cuándo el alma racional es infundida por Dios.

Es decir: incluso admitiendo hipotéticamente una animación racional no inmediata, el aborto seguiría siendo gravemente inmoral porque destruye un sujeto viviente cuya naturaleza entera está esencialmente ordenada a devenir hombre. No se trata de una “mera posibilidad” entre muchas, sino de un principio vital que posee ya una ordenación intrínseca e irreversible hacia la naturaleza humana.

Por eso Santo Tomás jamás habría aceptado que su doctrina sobre la generación sucesiva de formas pudiera utilizarse para justificar el aborto. Sería una conclusión completamente ajena a su metafísica del movimiento, de la generación y de la potencia.

De hecho, ya en la tradición medieval el aborto era considerado gravemente contrario a la ley natural aun en las discusiones sobre la animación retardada, precisamente porque se comprendía que allí ya existía un proceso generativo humano que no podía ser violentamente interrumpido sin grave desorden moral.

Por último: no deje de leer este texto del Dr. Caponnetto, previamente citado, si es que le interesan estos temas: https://www.teologoresponde.org/2014/03/16/contradice-la-teoria-de-la-animacion-inmediata-el-fenomeno-de-los-gemelos-provenientes-de-un-mismo-ovulo-fecundado/

Bendiciones

P. Javier 10 de Mayo de 2026

 


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5 comentarios sobre “La animación retardada según Santo Tomás de Aquino y el tema del aborto. Respuesta a una consulta

  • el mayo 11, 2026 a las 12:47 am
    Permalink

    Sobre un bautismo válido. Si una persona no está bautizada con la forma correcta, pero hay partida de bautismo, no hay vídeo, que pasa con esa persona.

    Otra duda, sin pruebas de un bsutismo inválido me bautizó otra vez, en otra Iglesis católica, o uns ortodoxa o protestante, no cometo sacrilegio?

    Respuesta
  • el mayo 11, 2026 a las 12:48 am
    Permalink

    Sobre un bautismo válido. Si una persona no está bautizada con la forma correcta, pero hay partida de bautismo, no hay vídeo, que pasa con esa persona.

    Otra duda, sin pruebas de un bsutismo inválido me bautizó otra vez, en otra Iglesis católica, o uns ortodoxa o protestante, no cometo sacrilegio?

    Respuesta
  • el mayo 11, 2026 a las 8:37 am
    Permalink

    Estimado Javier:

    Gracias por este interesante artículo, que merece ser leído y reflexionado en profundidad.

    Una pequeña objeción: aunque le estén tratando muy bien en USA, no use el término pro-life. Mejor, pro-vida.

    Juntos en oración.

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