Gramsci, la Virgen de Fátima y la Revolución Cultural (para meditar)

Hace unos veinte años, cuando era apenas un joven estudiante de abogacía, escuché por primera vez al Padre Alfredo Sáenz, SJ, hablar acerca de “Antonio Gramsci y la revolución cultural”.

Recuerdo que fue tal la fascinación de las ideas del intelectual italiano que, al terminar la conferencia, me acerqué al paciente jesuita y con todo mi entusiasmo juvenil, le dije:

– “Padre: ¡yo quiero hacer eso que dice Gramci pero al revés! ¡La contra-revolución cultural!

Ni lerdo ni perezoso, el jesuita, tomando un libro, me dijo:

– “Para eso debes comenzar a leer y escribir…”.

Y ahí nomás me dio mi primer libro para recensionar en la Revista Gladius: “La tiranía de la información” de Ignacio Ramonet, recuerdo.

Con el tiempo, nuestros límites y nuestras fallas, a eso hemos intentado dedicarnos en el ejercicio del ministerio sacerdotal, como parte de ese munus docendi (esa “carga de enseñar” que todo clérigo tiene); ¡y cuánto nos gustaría que fueran legión los que se dedicaran a esto en el ámbito católico!

Pero…, ¿qué decía Gramsci? Recordemos sólo algunas líneas a partir del texto del Padre Alfredo:

“El sentido común es la filosofía de los no filósofos, es decir, la concepción del mundo absorbida acriticamente por los diversos ambientes sociales y culturales en los que se desarrolla la individualidad moral del hombre medio”.

“Las ideas y las opiniones no «nacen» espontáneamente en el cerebro de cada individuo: han tenido un centro de formación, de irra­diación, de difusión, de persuasión, un grupo de hombres o incluso una sola individualidad que las ha elaborado y las ha presentado en la forma política de actualidad”.

Porque es imposible –nos decía el padre Sáenz- que el conocimiento, la cultura, broten desde aba­jo, desde las masas. La autoconciencia crítica sólo se explica histórica y políticamente por la aparición de una élite de intelectuales: una masa humana jamás se “distingue”, jamás se hace independiente “por sí misma”, sin organizarse, al menos en sentido lato, y no hay organización sin intelectuales, o sea, sin organizadores y dirigentes; es menester que el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se precise concretamente en un estrato de personas “especializadas” en la elaboración conceptual y filosófica.

La receta de Gramsci es clara: conquistar “el mundo de las ideas”, para que lleguen a ser “las ideas del mundo”.

 

            Pues bien, para que no crean que estas cosas quedan sólo en los libros, véanse este pequeño video que acaba de llegar a mis manos. Se trata del acto de clausura del Décimo Congreso de Intelectuales en Caracas, Venezuela (año 2014). Quien habla es Álvaro Marcelo García Linera, exguerrillero y político boliviano, quien fuera vicepresidente del país junto a Evo Morales.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi

6 Comments

  1. Excelente post y video. Lo de Gramsci se ha cumplido totalmente. Hay que empezar la Contra Revolución!!!!!

  2. Graciela Cánepa Rèbuffat

    He leído y aprendido a Gramsci en los cursos del Prof. Dr. Emilio Komar, allá por los ´70s y ´80s. Fue un pensador brillante…¡pero al revés!
    Vale la pena conocerlo y estudiarlo . Se ve descripta la realidad actual.
    ¡Ánimo ! Ante nuestra mirada semi incrédula, Komar nos decía, antes de la caída del muro de Berlín-mucho antes-que todo ese enorme poder se desvanecería “como un castillo de naipes”!!! porque estaba basado en la mentira.

  3. Walter Gutierrez

    Creo que Gramsci ha sido superado en sus ideas, aun mas destructivas, por un seudo filosofo argentino….Laclau…es alli donde hoy debemos prestar atención.

  4. Ludovico ben Cidehamete

    Según monseñor Luigi de Magistris, Antonio Gramsci se confesó y murió católico. http://www.abc.es/20081125/internacional-europa/gramsci-fundador-partido-comunista-200811252245.html.
    El Obispo afirma esto y, si mal no recuerdo, atribuye la exactitud de su afirmación al comentario que le hiciera un tío suyo, sacerdote y paisano en su infancia del pensador comunista, a quien constaba este hecho posiblemente por haber asistido al revolucionario en sus últimos días. No es un secreto que Antonio Gramsci era devoto de Santa Teresita de Lisieux -al igual que Charles Maurras, dicho sea de paso- y que retuvo consigo una imagen de la santa en su cuarto del Hospital donde pasó los dos últimos años de su vida. Es sabido también que Mussolini suavizó para su antiguo y admirado correligionario las penurias de la cárcel, en la cual el pensador pudo seguir escribiendo sin limitaciones reglamentarias; este hecho lo atestigua su obra “Cuadernos de la cárcel”.
    En el caso del por entonces ateo y monárquico Maurras, cuando el Papa Pío XI lo descomulgó, le sirvió de mensajera con el Vaticano una hermana de la Santa, monja del Carmelo de Lisieux, intentando explicar en sus cartas que nunca había puesto en entredicho la religión católica ni sus verdades eternas.

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