Sexo y cisma

A propósito del escándalo homosexual de hace uno días donde un funcionario vaticano fue detenido en plena fiesta “gay”, presentamos aquí el resumen de un texto más largo que en 2005 el Dr. Octavio Sequeiros escribiera en el marco de otro escándalo mediático sobre la homosexualidad en la Iglesia.

El autor analiza las razones políticas de esta embestida que el mundo y la Iglesia vienen sufriendo desde hace décadas, según declaró hace poco el Papa emérito Benedicto XVI (Últimas conversaciones, libro-entrevista con el escritor alemán Peter Seewald).

A pesar de ser un académico y erudito de las humanidades clásicas, Sequeiros se encontraba muy lejos de aquello que Darío llamaba “las blasfemias de las academias”. Por su estilo agudo, desfachatado e irónico, bien podría ubicárselo al lado de un Anzoátegui o del mismo Padre Castellani, otros dos ilustres argentinos que decidieron hacer carne el castigat ridendo mores (“castiga las costumbres riendo”) de los romanos.

Que no te la cuenten

P. Javier Olivera Ravasi


SEXO Y CISMA  

Por Octavio A. Sequeiros[1]

 

El Bosco: “El jardín de las delicias” 

“Ser sacerdote en (Norte) América es una profesión gay”, dice el Padre Donald Cozzens en su libro, conocido desde hace cinco años, The Changing Faces of the Priesthood (Los rostros cambiantes del Sacerdocio); allí habla abiertamente de la sodomización del clero al igual que Earl Boyeas, en Another Face of the Priesthood en First Things, febrero 2001. Entre las revistas son notables las informaciones brindadas por Nacional Catholic Reporter, Catholic World Report y TheWanderer.

No se alarme: no estamos tan alejados del futuro ni del mundo primero. Al fin y al cabo como diría la famosa chacarera[2] tradicionalista:

“culos más, culos menos

igualito a mi Santiago[3].”

Chesterton la tenía mucho más clara, y para comenzar no está mal, pues se remonta a la teología y a la percepción de las circunstancias históricas. “

La próxima gran herejía va a ser sencillamente un ataque a la moralidad, y en particular a la moralidad sexual. Ya no viene de algunos socialistas sobrevivientes de la sociedad Fabiana, sino de la exultante energía vital de los ricos resueltos a divertirse por fin, sin Papismo, ni Puritanismo, ni Socialismo que los contengan… La locura de mañana no está en Moscú sino mucho más en Manhattan”[4].

Sin embargo la opinión de Chesterton, de 1926, no plantea sino los objetivos psicológicos de la herejía, el goce de los sentidos, pero hay otros tantos o más interesantes como la concentración de poder, la destrucción o sometimiento de la Iglesia y la estupidización de las poblaciones, el vaciamiento de los dogmas y las enseñanzas morales -en este caso las referidas a la sodomía-, la promoción de una nueva y antiquísima religión: son precisamente estos objetivos, no tocados por Chesterton y en general sólo advertidos por los pensadores de la izquierda sexual como Reich, a los que aludiremos brevemente en estas líneas.

El fin, la causa final, para ser precisos, de esta herejía claramente cismática es reemplazar la enseñanza de la Tradición Católica por otros contenidos, conservando en lo posible la cáscara de las fórmulas abstractas, según el método y técnica gnóstica que tiene a su favor dos milenios de experiencia. Por eso, como dice el citado P. Cozzens, la clerecía puede presentarse francamente como sodomita sin abandonar el obispado o el sacerdocio oficial de la Iglesia y ejerciendo cargos jerárquicos con apoyo de sus superiores.

En modo alguno parece exclusivamente un problema de moral privada ni menos aún de erotismo clerical, de placer ortopédico (en sus dos efectos auditivos, que según los lingüistas constituyen el valor fundamental de los fonemas y semantemas). Estamos ante una depravación rutinaria cuyo goce preferente y casi exclusivo es mental, pues se trata de una degeneración del espíritu, no sólo individual sino del espíritu o mentalidad de la “clase” superior de los estetas oligarcas, de los “intelectuales” y “teólogos” y no de la población, del pueblo “bárbaro” que nunca acepta complacido estas miserias: se lo impide su sentido moral del bien y del mal ínsito en la conciencia. La degeneración no es popular, aunque a veces el pueblo la acepte o se la impongan como ahora, y esta impopularidad era evidente aún en los mejores tiempos de la pederastia griega; la gran excepción es Sodoma, donde hasta los niños quisieron desflorar a los ángeles del Señor. La sodomización del clero, pues, cualquiera sean sus ventajas, no servirá para fundar la “nueva evangelización” que debe empezar por casa, o sea por los seminarios y los clérigos.

           

Los pastores

Desde una perspectiva humana, que es obligatoria para el orden natural, la demolición de la polis eclesial, como la llama San Agustín, proviene de la degradación de sus dirigentes, de su elección malsana, de sus repetidas decisiones funestas, y no de la desviación genital de un individuo. Aunque generalmente estos vicios privados tienen consecuencias en las decisiones generales.

La Historia de la sodomía católica no empieza en un país determinado. Está, por ejemplo, en el Apocalipsis, donde San Juan discrimina a los “perros”, animal emblemático de la colectividad, y en las cartas de San Pablo. Pero el último capítulo, el que estamos gozando en directo, se inicia en el Imperio Americano, en Louisiana, hacia 1985, con el intento de tumbarlo al Cardenal Bernardin de Chicago mediante acusaciones falsas, de las que se hicieron eco incluso algunas publicaciones “tradi”.

Pronto se nos vino rodando una bola, no precisamente de nieve, formada con los abusos sexuales de los sacerdotes, que culminó con la rendición incondicional de los obispos norteamericanos.

Pues bien, la gran novedad de este capítulo es la táctica abierta de los sodomitas –táctica compartida con los progresistas en general-, a saber: resistir y mantenerse bien insertos en el sistema eclesiástico de poder[5].

Como toda táctica, ella está destinada a ganar batallas y forma parte de una estrategia para ganar la guerra. En general, tanto católicos conservadores o tradicionalistas como liberales evitan enfrentar este aspecto de la realidad eclesial: no hay ninguna “eclesiología” del mariconaje que yo conozca, ni la sodomía desempeña gran papel en las novelas, ensayos o exégesis apocalípticas. Solemos mirar para otro lado y evitar el análisis, incluso cuando se produce algún escándalo.

En cambio nos gana una mujer valiente y digna de haberse casado con un Papa, a lo San Pedro, y quizá en cuanto papisa de hecho hubiera impedido los actuales desenfrenos: Mary Jo Anderson es una mujer de negocios y madre de familia, notable especialista de la revolución eclesial; consígase este libro con título hoy de valor universal: Obispos Traidores a la Iglesia Católica, (Bishops Betraying The Catholic Church,World Net Daily, Posted: June 14, 2002), donde sin aludir a la política exterior de USA, lo que es comprensible y hasta perdonable, pone bien en claro que la homosexualidad es sólo un medio para dominar “las llaves de San Pedro”, la cultura y la moral del mundo: “Una guerra invisible se desarrolla por la vida de la Iglesia Católica en USA – y es una guerra a muerte…, por un ‘coup d’état’ dentro de la Iglesia Católica…”, etc.

El objetivo de esta táctica es conseguir la implosión de la Iglesia que, parangonando a San Jerónimo, un día despertó no ya arriana sino sodomita convencida y asumida, lo que de hecho ocurre en sectores importantes.

La política y la moral que estamos exponiendo no responde sólo, quizá ni siquiera principalmente, a la decisión de los obispos norteamericanos, más bien ellos fueron elegidos para esa política y en política se puede hacer cualquier cosa, menos evitar las consecuencias, dicen los estudiosos. Consecuentemente en estos momentos las papas y los Papas queman, hasta los católicos conservadores se tiraron a la pileta, como A. Sinke Guimarâes y las sus 300 páginas[6]. Sinteticemos lo que dice allí: 1) la Iglesia introdujo una nueva moral para adaptarse a la psicología de la antirepresión liberadora, o sea de la juerga y la orgía final. 2) permitió la infiltración de depravados en la jerarquía y burocracia superior. Hasta Pablo VI tuvo que defenderse en público por acusaciones fundadas en amigos “estetas”.

 Resultado: dar hoy marcha atrás – en el mejor sentido de la expresión- dañaría brutalmente a la Iglesia. Lo veremos pronto, pues Benedicto XVI está obligado a hacer el trabajo sucio que evitaron sus predecesores, a pesar de que él mismo está siendo atacado en USA por las supuestas “víctimas”.

 

La nueva liturgia

Toda iglesia necesita de un culto. El meticuloso desguace de la liturgia “tradicional” no se detiene en la grosería o la estupidez de la que el fiel supuestamente piadoso puede participar a diario en varias parroquias a la manera “nacional y popular”. Para los liturgos de vanguardia y los teólogos progres en cambio, el modelo está en las primeras páginas de El Último Papa de Malachi Martin, donde este distinguido jesuita detalla el culto transcontinental y coordinado de misas negras, con cierta semejanza a una ceremonia porno-pastoral. No se lo pierda, aunque sea por la lujuria que produce el conocimiento de los sucesos actuales ocultados por los dominadores del mundo y la Iglesia.

En fin, creemos que tampoco éste es el objetivo final, sino imponer un culto despojado, ambiguo y democrático directamente funcional a los poderes globales en estricta obediencia a algunos importantes hermanos mayores en la Infidelidad. Esa será, parece, la restauración litúrgica que se está cocinando para el “Pueblo de Dios”.

 

Cisma en puerta

Por más materialistas o evolucionistas que seamos, a no equivocarse: los cismas no provienen de la materia física, ni siquiera de la fecal, sino de la destrucción de la “materia” y del contenido de la Fe que es – como todos saben, en especial el enemigo – la base de la unidad. Aquí, y no en el sexo, mero pretexto, instrumento u ocasión, está la causa material, eficiente, formal y sobre todo final del cisma. Un segundo elemento indispensable al cisma es la existencia de un estado poderoso que agremie al clero “rebelde”. Ese Estado es el Estado Mundial en funciones.

Los obispos y los fieles nos encontramos ante el misterio y la duda profunda: ¿Aguantará Ratzinger? ¿A quién apostar en esta quiniela? El cálculo humano está a favor del cisma o en contra del Papado tal cual lo conocemos, pues no es cuestión de quedarse sin prebendas.

Ahora según informa el New York Times del jueves 22 de septiembre 2005 en primera página, Benedicto XVI prohibirá la ordenación sacerdotal de los seminaristas “homosexuales” o sea sodomitas, aunque no hayan ejercido durante diez años. Una comisión (¿servirá para algo?) analizará cada uno de los 229 seminarios católicos de USA.         Será un buen sondeo para medir fuerzas pues “en el interior de la Jerarquía de USA prevalece un fuerte disenso, con muchos influyentes líderes que están tratando de convencer a la Santa Sede de cajonear al expediente, porque su publicación podría hacer más mal que bien”, nos dice el Corriere della Sera del 23 de septiembre (p. 18).

Mientras se resuelve el partido finjamos un poco de fineza y recurramos a la estética. Dice Hölderlin: wasbleibetaber, stiften die Dichter, (Andenken) lo que permanece, sin embargo, lo fundan los poetas. Como uno de los mayores poetas de la interioridad cristiana es don Francisco de Quevedo, inasimilable por la cloaca curial, recitemos una y otra vez sus versos fundacionales e imborrables de la conciencia moral.

Quevedo es superior a San Juan de la Cruz y Santa Teresa en cuanto a desenmascarar la hipocresía con humor corrosivo: allí es poeta absoluto, ya que nombra el horror sin abstracciones, pues horror con horror se paga y asco con asco a precio de carcajadas descomunales y expiatorias. Sus imágenes quedan grabadas en nuestro espíritu, de eso se trata, no de razonamientos en estos casos tan piadosos como nulos. El lector sabrá discriminar algunas aparentes interpolaciones recurriendo a una buena edición como la de J. O. Crosby (Madrid, Cátedra, 1994) con notas explicativas indispensables:

                                               ………………………..

 

Yace en aqueste llano

Julio el italiano,

que a marzo parecía

en el volver de rabo cada día.

Tú, que caminas la campaña rasa,

cósete el culo, viandante, y pasa.

 

Murióse el triste mozo malogrado

de enfermedad de mula de alquileres,

que es decir que murió de cabalgado.

 

Con palma le enterraron las mujeres;

y si el caso se advierte,

como es hembra la Muerte,

celosa y ofendida,

siempre a los putos deja corta vida.

 

En este epitafio, profundamente feminista, científico y poético a la vez, es notable la vinculación entre la sodomía y la enfermedad, pese a que el autor se burlaba de los médicos. ¿Conoce Ud. otro poema hispanoamericano o multinacional más digno de figurar en un congreso pro-vida?

            Quevedo, además de todo lo demás, fue el gran profeta, el más trágico y serio, de la actual situación de la Iglesia y la “posmodernidad”. Los hipócritas no entienden ni aceptan su ironía desgarradora, su ritmo cautivante y aferrado al tema y las rimas explosivas que lo convierten en el poeta más adecuado para liberar en nosotros una lengua indomable a las represiones de una espiritualidad políticamente correcta. Quevedo no puede espiritualizarse y menos idealizarse al modo gnóstico: es verbo español encarnado y ultramoderno. Sigamos leyendo este retrato con la descripción de una siembra muerta y sus frutos tan vivos como mortíferos:

 

Luego que le enterraron,

del cuerpo corrompido

gusanos se criaron

a él tan parecidos,

que en diversos montones

eran, unos con otros, bujarrones.

                            (“Epitafio a un bujarrón”)

 

En la siguiente poesía nos ofrece otra solución, menos cruenta que la del primer ejemplo, para la juventud católica sobre todo la progresista, que al parecer sufrirá mayores acosos, ya que se andan paseando por mesas, cátedras, alcobas y trolo-gías más peligrosas que las sepulturas quevedianas. El único intelectual que previó la resurrección de los bujarrones actuales y la posibilidad de que sean soltados en nuestra Iglesia. Por eso, un cuerpo episcopal recompuesto debería ordenar ponerle música y hacerlo cantar en las misas solemnes y tedeums en lugar de las groseras estupideces con que somos agredidos los fieles.

Va con mis agregados:

……………………………………

¡Oh tú, cualquiera cosa que te seas,

pues por su sepultura te paseas,

o niño o sabandija,

o perro o lagartija,

o mico o gallo o mulo,

o pendex progresista

o joven catequista

o sierpe o animal que tenga cosa

que de mil leguas se parezca a culo,

guárdate del varón que aquí reposa;

que tras un rabo, bujarrón profundo,

si lo dejan, vendrá del otro mundo.

                                                                          (otro Epitafio “A un bujarrón”)

Octavio A. Sequeiros

La Plata, 9/05/2005

[1] Texto del año 2005, originalmente preparado para la Revista Gladius que se negó a publicar por lo crudo del lenguaje del profesor Sequeiros.

[2] Ritmo y danza tradicional argentino-boliviana.

[3] Santiago del Estero: provincia argentina en la que se originó la chacarera. Parafrasea una chacarera que refiriéndose a Nueva York, dice “casas más, casas menos igualito a mi Santiago”.

[4] Gilbert K. Chesterton, El Amor o la Fuerza del Sino, Rialp Madrid, 1993, p. 252.

[5]Así lo saben en varios lugares, como por ejemplo, en Nueva Zelandia, como surge del trabajo del distinguido filósofo y teólogo P. Duggan, G. H. , The Collapse of the Church in the West, Christian Order 2000, quien comenta el libro del historiador Mons. George A. Kelly, 1979, que adelantaba casi todo citando estas palabras de Teilhard de Chardin tan científicas y descriptivas en cuanto a la táctica de los disidentes internos, antiguamente llamados herejes: “Tengo tantos amigos en buenas posiciones estratégicas, que estoy muy seguro respecto del futuro”. Un verdadero profeta, ¿no?

[6] A. Sinke Guimarâes, Vatican II, Homosexuality and Pedophilia, Tradition in Action, Collection Eli, Eli, Lamma Sabacthani.

One Comment

  1. El artículo del Dr. Sequeiros, denso, profundo y superlativo, no necesita mayores comentarios, pues su mensaje es claro. Sí permite desbrozar muchos senderos para continuar su análisis.
    Me permito discernir sólo uno de ellos, que dice: “Estamos ante una depravación rutinaria cuyo goce preferente y casi exclusivo es mental, pues se trata de una degeneración del espíritu, no sólo individual sino del espíritu o mentalidad de la “clase” superior de los estetas oligarcas, de los “intelectuales” y “teólogos” y no de la población, del pueblo “bárbaro” que nunca acepta complacido estas miserias: se lo impide su sentido moral del bien y del mal ínsito en la conciencia. La degeneración no es popular, aunque a veces el pueblo la acepte o se la impongan”.
    En ese pueblo constantemente vilipendiado, subestimado y despreciado en nuestra Patria por las elites dominantes, resiste un “sentido moral del bien y del mal ínsito en la conciencia”, que en las otras clases se ha perdido o es fingido.
    Es allí hacia adónde hay que encaminar los esfuerzos pastorales para enfrentar la “revolución cultural anticristiana y antitea” promovida por “la escuela de Frankfurt”, a la que se refiere el RP Bojorge en nota posterior.

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