El perdón al asesino y el Sagrado Corazón

San Juan Evangelista, el único de los 12 apóstoles que estaba junto a la cruz, termina la narración de la muerte del Señor recordando la profecía del profeta Zacarías:

«Mirarán al que traspasaron» (Zac 12,10).

Y hoy, dado que ya hemos tenido una misa solemne este pasado viernes acerca del Sagrado Corazón de Jesús, quería aprovechar para predicar acerca de la misericordia que ese corazón tuvo con nosotros al punto de morir por quienes sabía que lo iban a traicionar, es decir, nosotros.

Porque toda historia del pecado es la historia de esa lanzada, de esa  herida que Nuestro Señor permitió que le hicieran, incluso después de muerto, para mostrar que, como dice la Escritura, “nos amó hasta el extremo” (Jn 13,1).

Y quiero ejemplificar esta historia del pecado con una historia real, el de Santa María Goretti y de su asesino, Alessandro Serenelli, especialmente en este mes en que en algunos lugares se quiere celebrar el orgullo de la sexualidad desenfrenada, contraria a la Ley de Dios y a la ley natural.

Porque recuerdo: no hay pecado más grande que lleve al infierno que el pecado de la lujuria o impureza y pocos son los que luchan de verdad contra este vicio nefando.

El perdón de Santa María Goretti

La tarde del 5 de julio de 1902, agonizaba en un hospital de la ciudad de Nettuno, al sur de Roma, una jovencita llamada María Goretti. Su agonía había comenzado cinco horas antes, cuando el joven Alejandro Serenelli la había herido con catorce puñaladas, por negarse a tener relaciones sexuales con ella.

Antes de morir, Santa María Goretti tuvo la gracia de recibir al sacerdote del pueblo que, durante la confesión, le preguntó:

– “¿Estás dispuesta a perdonar a tu asesino?”

Ella respondió:

– “Sí”… y no sólo lo perdono, sino que también lo quiero conmigo en el cielo”.

Esta es la misericordia de los santos; aquellos que han querido imitar a Dios.

Porque la misericordia, dice Santo Tomás de Aquino, es la compasión del corazón ante la miseria ajena, que nos impulsa a socorrerla en la medida en que podamos.

Y, en este sentido, como Dios es infinito, es Acto puro, es el ser por sí subsistente, posee una misericordia infinita, por eso Cristo explica con parábolas e hipérboles que Dios es el amante apasionado que casi irracionalmente da vuelta toda la casa para encontrar un centavo; o el pastor enloquecido que deja 99 ovejas para ir a buscar una sola, o el padre del hijo pródigo que no reprocha al hijo pecador sino que lo abraza, lo cubre de besos y hasta hace una fiesta.

El problema está en que, si bien la misericordia de Dios es infinita, muchos hombres no quieren recibirla y, libremente, desean condenarse yéndose al infierno sin convertirse.

– Es el pecador que abusa de la misericordia de Dios y hoy comete un pecado para hacerlo nuevamente mañana, no por debilidad, sino por desidia, por no poner los medios.

– Es el que roba por hábito, pero no es capaz de evitar el lugar donde se tienta para robar.

– Es el que se junta con las mismas personas con las que va a hablar mal de las otras.

– Es el que se va a acostar con el celular junto a su cama, sabiendo que se tentará viendo pornografía…

Ese pecador, ¿está realmente arrepentido? ¿o está jugando con la misericordia de Dios?

San Pablo dice que «Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4) pero surge una dificultad muy grande: muchos, muchos vivimos en la mentira y muchos, muchos, no queremos ir al Cielo; o creemos que tenemos comprada la vida y que Dios está obligado a salvarnos.

Y acá va la cuestión: los Padres de la Iglesia dicen que hay un número de pecados, luego de los cuales, ya Dios no perdona; y no perdona porque ya el pecador no quiere arrepentirse, no porque a Dios le falte perdón.

La misericordia de Dios exige, de nuestra parte, un cambio de vida. Un cambio de hábitos; de lo contrario, Dios nada podrá hacer.

Alessandro Serenelli, el asesino de Santa María Goretti pasó 30 años en prisión. Allí meditó diariamente el crimen que había cometido y expió sus culpas, rogando la misericordia de Dios.

En la Navidad de 1938, logró juntar fuerzas e hizo un largo viaje hasta la casa de la mamá de su víctima, la Sra. Assunta Goretti, quien aún vivía.

Tocó la puerta y, frente a él, apareció una mujer anciana.

– “Señora Assunta, ¿me reconoce usted? – preguntó Alessandro”. – “Sí, Alessandro; te recuerdo,” respondió la anciana. – “¿Me perdona?”, suplicó el visitante. – “Si Dios te ha perdonado, Alessandro, ¿cómo no te he de perdonar yo?”.

Aquella noche de Navidad Alessandro Serenelli comulgó en la misa de Gallo, junto a Assunta Goretti; algunos años después, ambos, pudieron participar de la canonización de la mártir de la pureza, viéndose en la Plaza San Pedro, juntos, al asesino y a la madre de una santa.

Alessandro Serenelli terminó sus días como fraile capuchino, muriendo en 1970 luego de una larga vida de penitencia y oración.

Antes de morir, hizo pública una carta donde pedía una vez más perdón por el crimen que había cometido y explicando cómo una vida de pecado, puntualmente, el del consumo de la pornografía, lo había llevado a querer abusar sexualmente de Santa María Goretti para, luego, matarla por su negación.

En su carta decía:

«Soy un anciano de casi ochenta años y estoy listo para partir. Echando una ojeada a mi pasado, reconozco que en mi primera juventud escogí el mal camino, el camino del mal que me llevó a la ruina. Veía a través de la prensa, los espectáculos y los malos ejemplos que la mayoría de los jóvenes siguen ese mal camino, sin reflexionar. Y yo hice lo mismo sin preocuparme por nada.

Tenía cerca de mí a personas que creían y vivían su fe, pero no me fijaba en esto, cegado por una fuerza salvaje que me arrastraba hacia el mal camino. Cuando tenía veinte años, cometí un crimen pasional, del cual hoy me horrorizo con solo recordarlo.

María Goretti, ahora una santa, fue el ángel bueno que la Providencia puso ante mis pasos. Todavía tengo impresas en mi corazón sus palabras de reproche y de perdón. Ella rezó por mí, intercedió por mí, su asesino.

Luego vinieron 30 años de cárcel… Acepté la sentencia que merecía, expié con resignación mi culpa. María Goretti fue realmente mi luz y mi protectora; con su ayuda, me porté bien y traté de vivir honestamente cuando fui aceptado nuevamente entre los miembros de la sociedad. Los frailes capuchinos me recibieron en su monasterio con su angélica caridad, no como a un sirviente sino como a un hermano. Y con ellos convivo desde 1936.

Ahora estoy esperando serenamente ser admitido a la visión de Dios, abrazar de nuevo a mis seres queridos, estar junto a mi ángel protector, María Goretti y a su querida madre, Assunta.

Desearía que quienes lean estas líneas aprendan la estupenda enseñanza de evitar el mal y de seguir siempre el buen camino, desde la niñez.

Piensen que la Religión, con sus mandatos, no es algo que pueda dejarse de lado, sino el verdadero consuelo, la única vía segura en todas las circunstancias, también en las más dolorosas de la vida. ¡Paz y bien!»

Alejandro Serenelli, 5 de mayo de 1961

 

Así es la vida del pecado y así es el Corazón de Jesús.

A pesar de haberlo traspasado con nuestras culpas, su misericordia es infinita para quienes desean recibirla; pero exige conversión, exige radicalidad, exige cambiar de vida. Porque como decía San Agustín, “el que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Pidamos hoy en esta Santa Misa la fuerza para cambiar de vida y hacer verdad en nuestras almas aquello que decimos en nuestro acto de contrición: “propongo firmemente no pecar más y evitar las próximas ocasiones de pecado. Amén”.

 P. Javier Olivera Ravasi

San Francisco, 14 de Junio de 2026

 


– Ayudashttps://www.patreon.com/pjavieroliveraravasi  Orden: https://ordensanelias.org/donaciones.html – CURSOS https://cursos.quenotelacuenten.org/ – Editorial y libreríahttps://editorial.quenotelacuenten.org/ – Youtube:AQUÍ y active la campanita. – Whatsapp: Haga clic AQUÍ y envíe un mensaje con la palabra ALTA. – Telegram: Suscríbase al canal aquí: https://t.me/qntlc – Twitterhttps://twitter.com/PJavierOR javieroliveraravasi.com

 

Descubre más desde QNTLC Blog

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *