¿Quién mató al Padre Mugica? A propósito de un aniversario

Hace un tiempo hemos publicado AQUÍ un artículo acerca del Padre Carlos Mugica y su “mala educación de la utopía” marxista. Allí, a raíz de algunos testimonios de la época, señalábamos cómo su asesinato habría sido perpetrado por una facción armada de la agrupación Montoneros (parte de la izquierda peronista) y no por agrupaciones de la derecha setentista ni por los militares del “Proceso”, como algunos hoy nos quieren hacer creer.

Pero, ¿por qué se dio el asesinato? La hipótesis que planteábamos era la siguiente: Mugica, que había apoyado la sublevación armada desde un principio, habría cambiado de parecer ante la vuelta de Perón al poder, lo que disgustó sobremanera a los combatientes marxistas comprometidos con el combate.

Como testimonio irrebatible acerca de la sublevación armada están las mismas palabras del propio Mugica: “no se podía decidir“: no se podía impedir “que miles y miles de jóvenes ingresen en grupos guerrilleros“. Basta con escucharlo de su misma boca:

Al cumplirse 40 años de su deceso, con pompas y amnesias oficiales, se inaugurará en la Avenida 9 de Julio (Buenos Aires) un monumento conmemorativo al cura que “luchó por los pobres”, sin aclarar que esa lucha costó miles y miles de vidas de ambos lados, entre otras, la suya.

mugica 9 de julio

Para contribuir a la memoria completa, presentamos aquí la “sentencia” de la agrupación Montoneros que condenó al sacerdote a la “cárcel del pueblo”; la misma se dio -como aquí se narra- ante su vacilación y supuesto doblez ante “la causa”. Fue quizás éste, el veredicto que se cumplió aquel fatídico 11 de Mayo de 1974 cuando, al terminar la Misa, un “joven idealista” disparó al grito de:  “¡ahora más que nunca hay que estar unido junto al pueblo!”.

He aquí la “sentencia popular” publicada en Militancia Nº 38, apenas un mes y medio antes de su deceso.

MONTONEROS CONDENA AL PADRE MUGICA (2)

 Revista Militancia 38, 28-03-1974

 El diario Clarín de aquella época, así titulaba el doloroso atentado:

Mugica - titular diario muerte 01

 Diario Clarín, 11 de Mayo de 1974

La hipótesis presentada fue corroborada por gente de sus mismas filas; así lo corrobora Juan Gasparini, antiguo militante de la izquierda peronista: “el mayor montonero Antonio Nelson Latorre, (…) afirmaba muy suelto de cuerpo que fueron montoneras las balas que desplomaron al padre Mugica en la noche del sábado 10 de mayo de 1974 a la salida de la capilla de San Francisco Solano. Según él, el hecho se había justificado por la conducta que tuvo en el último tiempo quien fuera fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo en la Argentina”[1].

Como vemos, la realidad no siempre es como la pintan.

Que no te la cuenten…

P. Javier Olivera Ravasi, IVE

[1] Juan Gasparini, Montoneros: final de cuentas, Puntosur Editores, Buenos Aires 1988, 85.

7 Comments

  1. La prueba documental de la publicación de Militancia es impresionante. ¡Qué odio destila! ¡Excelente artículo! Sería bueno leer la carta de Lis. A ella también le mataron a su padre, hace 40 años. Pero como no era montonero de eso no se habla. Vale la pena leer esa carta. https://ia902501.us.archive.org/20/items/CartaAbiertaAMonseorArancedo/Carta%20Abierta%20a%20Monse%C3%B1or%20Arancedo.pdf

    • La historia la escriben por lo gral los vencedores. Montoneros y E.R.P. perdieron la guerra pero como los comunistas son los mejores sofistas en la accion psicologica y hoy escriben la historia K de korruptos. La Nueva Argentina los juzgara.

  2. Jordán Bruno Genta, asesinado por la guerrilla hace 40 años, advertía a los cristianos tercermundistas: “reiteramos que el socialismo por más evangélico que se lo quiera presentar, no sólo es imposible prácticamente sustraerlo a la corriente marxista-leninista que avanza arrolladora, sino que tiende a la despersonalización del hombre y a desvirtuar su espíritu comunitario enajenándolo en el colectivismo”. (Opción política del cristiano, p. 121).
    Carlos Alberto Sacheri escribe “La Iglesia clandestina” (1971), con el fin de “contribuir a disipar la confusión reinante en tantos católicos de buena fe en esta hora dramática que vive la Iglesia” (p. 7) y por eso denunciaba en ese libro que el Tercermundismo “configura una iglesia paralela que intenta instrumentar todo lo cristiano al servicio de una revolución social de inspiración marxista” (p. 8).
    Por eso es que estos sacerdotes o cristianos aún concediéndoles “buena fe” en sus acciones estaban sirviendo al marxismo engendrador del odio y tanta muerte (aún la de ellos mismos como en el caso de Mugica). Su admirado Che decía “El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal”. (Ernesto “Che” Guevara. Mensaje a la “Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América latina” – Abril de 1967)

  3. Yayo, los hechos demuestran que ni los Montoneros ni el ERP, perdieron la guerra. El primer presidente “democrático” que sucedió al Proceso militar, fue Alfonsín, abogado defensor de Mario R. Santucho, comandante del ERP. partir de ahí, solo hay que leer y ver lo que vino hasta hoy.

  4. P. Javier Olivera

    Vale la pena leer este interesante artículo de Agustín Laje sobre los curas tercermundistas que fogonearon a miles de jóvenes en su ingreso en la guerrilla: http://www.laprensapopular.com.ar/13719/carlos-mugica-y-los-sacerdotes-tercermundistas-por-agustin-laje-2

  5. Coincido con Néstor. Ni ERP ni Montoneros perdieron la guerra; simplemente, su fuerza armada fue arrollada pero mantuvieron intacta la victoria política que era su finalidad. Y la guerra aquella era y fue, eminentemente política, cuyo objetivo era derrotar uno de los peores enemigos de la Revolución: Las fuerzas armadas permanentes y las clases sociales que los apoyan y ocasionalmente, nutren. Consistió la estrategia en dejar mal parado al predecible triunfador militar, visto que no era posible derrotarlo por medio de las armas, para más tarde arrojarle a la cara su inmoralidad y desacreditarlo. Revolución gramsciana pura, dura y bien ejecutada, semejante a lo que hace el demonio: tienta para que el hombre peque, y después pueda acusarlo delante de Dios.
    Y claro está, resultó una estrategia triunfante.
    Así estamos.
    J

  6. Padre: me parece interesante este texto, escrito por el hijo de Carlos Sacheri -quien fuera asesinado hace 40 años por la guerrilla marxista- acerca de la posibilidad de que el P. Mugica sea mártir o no dependiendo de quiénes sean los autores y las razones por las cuales fue asesinado.
    “Personalmente opinamos (y no es más que una simple opinión, que de modo alguno pretende influir en un juicio eclesiástico al respecto) que sólo podría ser considerado mártir de la Iglesia en la medida en que con una investigación seria, se concluya con verdad que fue asesinado con odio a la fe por haber cambiado la alentada violencia del guerrillero que antes predicó, por la Cruz de Cristo, aceptando generosamente la muerte, como tantas veces lo manifestara en sus últimos tiempos. De insistir algunos en que la muerte la produjo la llamada Alianza Anticomunista Argentina, se verán enredados en la imposibilidad de probar que fue matado por defender la fe cristiana; más bien por el contrario, -más allá del horror que signifique cualquier muerte inocente- de haber sido éstos, lo habrían asesinado por haber defendido la guerrilla como método de liberación marxista, como hacía, -aunque no siempre, ni mucho menos-, esa triste organización paramilitar de la muerte. Claro, lo que en miras a estas cuestiones debieran realizar las autoridades de la Congregación de los Santos, que es la que se encarga de estos procesos canónicos para que alguien sea proclamado beato o santo; es evaluar en primer término a muchas otras personas asesinadas en parecidas circunstancias a aquellas en las que murió el P. Mugica. Muchas que han dado fe y muestras evidentes de haber amado hasta el fin a Jesús de Nazareth, y de modo ejemplar, dar testimonio (que en eso consiste el martirio) de la Fe católica y las virtudes cristianas. Por poner sólo contados ejemplos, el Ing. Raúl Amelong fue asesinado por la guerrilla por haber superado pacíficamente un gravísimo conflicto gremial en Acindar sin derramar una gota de sangre y en clara encarnación de las virtudes cristianas. El Prof. Genta, que fue asesinado yendo a Misa y terminó de morirse haciendo la señal de la Cruz, en claro y manifiesto “odium fidei” por lo que encarnaba y defendía. El Coronel Larrabure fue asesinado después de un largo secuestro torturante, pidiendo el perdón de su familia para sus asesinos. José Ignacio Rucci fue asesinado por los Montoneros, por buscar la Paz de la Argentina en la verdad y la concordia. Y por piedad filial no puedo callar el caso de mi padre que fue asesinado por haber escrito el libro “La Iglesia Clandestina” en la que denunciaba estas infidelidades clericales. Son muchísimos más, y sólo citamos los que personalmente conocemos, pero ninguno de ellos cometió los errores que pocos años antes de morir, produjera el P. Mugica de alentar gravísimamente la violencia guerrillera, devenida muchísimas veces en terrorista, y llevar a decenas o cientos de jóvenes a matar y morir por un fin absolutamente terrenal, con prescindencia grave del decálogo, obligatorio para cualquier hombre de buena fe, aunque sea completamente ateo. Objetivamente amó, se debió y subordinó a su Iglesia, y se declaró repetidísimas veces “Sacerdote de Cristo”. Creemos que el P. Mugica pudo haber alcanzado el martirio pero, para demostrarlo, sus postuladores han de demostrar exactamente lo contrario de lo que hasta el presente comúnmente se afirma. Y las autoridades de la Iglesia deberán abstenerse de realizar juicios gravemente imprudentes, alentando impulsos que distan mucho de ser serios, cuando en nuestro caso han existido claros ejemplos de que no haya vivido las virtudes cristianas, sino hasta sus últimos tiempos; mucho menos con el heroísmo necesario para alcanzar la santidad del modo ordinario”.

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