¿Qué sabemos del diluvio? (5)

9.   Otros argumentos pro diluvio

9.1.   Evidencias del diluvio en otras civilizaciones

Los relatos del diluvio universal están documentados tanto en leyenda o historia en   casi todas las regiones de la tierra. Estos relatos diluvianos están a menudo relacionado con elementos comunes y paralelos al relato bíblico incluyendo la advertencia de la venida de inundaciones, la construcción de un barco de antemano, el almacenamiento de los animales, la inclusión de la familia, y la liberación de las aves para determinar si el nivel de agua había disminuido. La consistencia abrumadora entre leyendas del diluvio de partes distantes del globo indica que se derivan del mismo evento, más allá que la transcripción oral haya cambiado los datos a través del tiempo.

F. von Schwarz enumera 63 relatos del diluvio los cuales son en su opinión de origen independiente al bíblico[1]. R. Andree describe 88 narraciones del diluvio, 62 de las cuales resultan independientes de las tradiciones hebrea y sumeria/caldea[2]. F. Delitzsch sostiene que llamar al diluvio una fábula es equivalente a considerar a Alejandro Magno un mito. Sería un milagro más grande que el diluvio mismo si las múltiples y diversas condiciones de tantos pueblos del planeta hubieran producido todas ellas una tradición substancialmente idéntica[3].

Hay relatos de un gran diluvio en las creencias de los antiguos babilonios (Uta-na-pistim, en el Poema de Gilgamesh), sumerios (Ziusudra), acadios (Atrahasis), hindúes (Manú), griegos (Deucalión y Pirra), en los pueblos mesoamericanos K’iche’ y Maya (Popolvuh), también en los ojibwa, los saanich y los comox de América del Norte, los muisca, los incas y los mapuche en Sud América, y también en la tradición china y otros pueblos euroasiáticos, africanos y oceánicos.

Los textos mesopotámicos son junto al bíblico los más detallados: Enlil decide destruir a la humanidad porque le resultan molestos y ruidosos. Ea advierte a Uta-na-pistim para que construya un barco, el cual deberá llenarse de animales y semillas. El diluvio hace perecer a toda la humanidad, excepto a Uta-na-pistim y sus acompañantes. Uta-na-pistim se da cuenta de que las aguas bajan y suelta un cuervo el cual revoloteaba sobre las aguas yendo y viniendo hasta que se evaporaron las aguas de la tierra. Uta-na-pistim hace una ofrenda a los dioses y éstos quedan satisfechos por el sacrificio. Un relato muy similar es narrado en tablillas sumerias muy antiguas de la ciudad de Ur, en las cuales el protagonista es Ziusudra. Lo mismo podemos ver en un relato de origen acadio, titulado Atrahasis, poema épico que relata desde la creación hasta el diluvio universal.

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La épica de Gilgamesh que cuenta la historia del gran diluvio. Una de las tablas en el extinto idioma semita acadio y escritura cuneiforme encontrada en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive, circa siglo 7 a.C. Museo Británico, Londres. Imagen: livius.org.

 

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El diluvio de Decaulion. Johann Whilhelm Baur (1600-1640), Nuremberg edition, 1703. www.david-drake.com

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Nanabozho en la historia del diluvio de los Ojibwe (R.C. Armour, North American Indian Fairy Tales, Folklore and Legends, 1905).

9.2.   Etimología diluviana

Como apunta el sueco B. Sage, Manu es el nombre del héroe del diluvio en las tradiciones de la India. Al igual que Noé, habría construido un arca en la que se salvaron ocho personas. “Ma” es una antigua palabra para “agua” en sánscrito, por lo que Manu podría significar “Noé de las aguas.” El término sánscrito a su vez puede haber venido de una palabra equivalente en el proto –indo-europeo.

En el Antiguo Testamento hebreo, las palabras “agua” y “aguas” son a la vez las traducciones de mayim. El prefijo “ma” podría ser la forma original de la mar española  y la mer francesa, ambas derivadas de mare latina.

En sánscrito, el nombre Manu llegó adecuadamente a significar “hombre” o “humanidad” ya que Manu, o Noé, fue el padre de toda la humanidad después del diluvio. La palabra se relaciona con el germánico Mannus, fundador de los pueblos germánicos occidentales y mencionado por el historiador romano Tácito en su libro Germania. Mannus es también el nombre del Noé lituano. Otra forma sánscrita, manusa está estrechamente relacionada con la sueca manniska, ambas significan “ser humano”. La palabra inglesa man está por tanto, también relacionado con el sánscrito manu, así como sus equivalentes en otras lenguas germánicas. El gótico, la lengua germánica más antigua, utiliza el vocablo manna.

El nombre aparece en sumerio como el dios del firmamento Anu, siendo el arco iris “el gran arco de Anu”, lo cual parece una clara referencia a Noé (Gén. 9:13). En la mitología egipcia Nu era el dios de las aguas que envió una inundación para destruir la humanidad.

En Europa, el prefijo “ma” a menudo parece haber tomado la forma “da”, que es una palabra antigua para ” agua” o ” río”. Esto dio lugar al nombre “Don” y “Danubio”. Los primeros griegos de las regiones costeras fueron llamados danaoi, o “gente del agua.” El río letón Dvina fue antes llamado Duna, de la misma raíz indoeuropea que Danu. La similitud entre Danu y Manu es evidente.

Desde la India la “manu” sánscrita viajó al este. En Japón, “manu” se convirtió en “maru”, una palabra que se incluye en el nombre de la mayoría de los barcos japoneses. En la antigua mitología china, el dios Hakudo Maru bajó del cielo para enseñar a la gente cómo construir barcos.

En el continente americano, “manu” parece haber devenido “minne” en lengua sioux, que significa “agua”. Por lo tanto, Minneapolis significa “ciudad del agua”, y Minnesota “agua del cielo azul”. En el lenguaje assiniboine, “minnetoba” significa “pradera de agua”. Este nombre se conserva en la provincia canadiense de Manitoba. En América Central el nombre Managua, capital de Nicaragua, proviene del náhuatl managuac, que significa “rodeado de estanques.” La ciudad brasileña de Manaus sobre el río Amazonas fue nombrada por la tribu india Manau. En Bolivia la terminación “manu” que significa agua, aparece en muchos ríos: Muymanu, Tahuamanu, Pariamanu, Tacuatimanu, etc.

El jeroglífico egipcio para “agua” se escribió como una línea ondulada. Cuando se inventó el alfabeto, este símbolo se convirtió en la letra “m”, que representa mayim, la palabra semítica para “agua”. En el fenicio de 1300-1000 a.C. fue llamada “mem”, que más tarde fue llamada “mu” en griego y finalmente “eme” entre los romanos”.

Del mismo modo la palabra original en sánscrito para “barco” es nau. Esta raíz se ha usado en palabras como “náutico”, “náuseas “, etc. Esta palabra podría muy bien ser otra variante de “Noé”,

En la mitología nórdica, Njord era el dios de los buques, que habita en Noatun. También hay lazos etimológicos con nativos de lugares tan distantes como Hawai y Australia.

Noé y el diluvio no sólo se recuerdan en las antiguas tradiciones de casi todos los pueblos, sino sus nombres se han también incorporado en las lenguas de sus descendientes. Los senderos son a veces tenues, por lo que algunas de las conexiones inferidas por Sage son especulativas y posiblemente erradas, pero las correlaciones son demasiado numerosas como para ser sólo una coincidencia, lo que añade aún una evidencia más de la historicidad de un diluvio global.

9.3.   Origen del nombre de las constelaciones

¿Atas tú los lazos de las Pléyades,

o desatas el cinturón de Orión?

¿Sacas las constelaciones a debido tiempo,

y guías a la Osa con sus cachorros? (Job, 38,31-32)

Las constelaciones han existido a través de muchas generaciones y culturas. Se las conocía mucho antes que existieran los telescopios. De hecho fueron diseñadas para ser distinguidas a simple vista. Se cree que el proceso de nombrarlas e identificarlas se originó para saber cuándo era el momento adecuado para plantar o cosechar. Hoy hay 88 constelaciones oficiales según la definición de la Unión Astronómica Internacional.

La pregunta que se cae de madura es ¿Por qué casi todas culturas tienen constelaciones similares? La hipótesis de J.F Henry es que estas se originaron después del diluvio en Babel, son representativas de eventos históricos compartidos como el diluvio, y se expandieron al resto del mundo luego de la dispersión.

Algunos afirman que las similitudes de las constelaciones fueron el resultado de una suerte de evolución cultural convergente que ocurrió espontáneamente en muchos pueblos; en otras palabras, civilizaciones independientes y lejanas desarrollaron la misma interpretación de las estrellas más o menos al tiempo. Hay que tener en cuenta sin embargo, que las estrellas dentro de una constelación no tienen ninguna conexión real entre sí hasta que la forma es imaginada por el observador. Con unas pocas excepciones las estrellas que las componen no yacen en un mismo plano del espacio, es su percibida proyección al “planisferio celeste” que crea esa impresión.  Es casi imposible que disímiles grupos de personas en diferentes regiones del mundo se “imaginaron” las mismas arbitrarias figuras en las estrellas.

Con las miles de estrellas visibles a simple vista, la probabilidad de una evolución independiente en diferentes pueblos hasta llegar a las mismas constelaciones por casualidad es inverosímil. Por el contrario, la existencia de incluso unas pocas constelaciones idénticas sugiere que toda la humanidad se congregó hace tiempo en una región antes de ser dispersada.

Al examinar los planisferios celestes de los romanos, los griegos y los hindúes, se observa que incorporaron información previamente conocida; en particular los planisferios hindúes y griegos son casi idénticos. Por ejemplo la constelación de Orión, un pastor o cazador con arco y flecha, es reconocida así en las artes y leyendas mesopotámicas, egipcias, chinas, nórdicas, mexicanas, iraníes e hindúes. Las Pléyades, o siete hermanas, eran conocidas desde los aborígenes australianos a los pueblos nativos de Europa, África y América. Esto es notorio ya que a menudo solo seis de las Pléyades son visibles. La Osa Mayor es reconocida como tal aun en regiones del mundo donde no hay osos, e.g. Egipto, sosteniendo la hipótesis de un origen común en el hemisferio norte. Se ha sugerido que una única tradición mítica, o monomito o tradición primordial[4], yace bajo todas las tradiciones míticas. La evidencia apunta a que fueron los babilonios, en el período bíblico y la ubicación física de la tierra asignada a Babel, quienes las nombraron.

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Derecha: Constelación de Orión, una de las más antiguas y reconocibles, famosa por su cinturón de tres estrellas. Izquierda: Orión, el pastor de los cielos de acuerdo a los babilonios. (Foto: R.B. Andreo. Wikimedia Commons)

 Inclusive estudiosos seculares han sostenido esta teoría, como el astrónomo e historiador de la ciencia J. Jeans:

La tierra se tambalea y oscila a medida que gira… de modo que la porción del cielo que se puede ver desde cualquier parte de su superficie está cambiando continuamente; esa parte en la que las constelaciones tienen nombres antiguos es la que se podía ver desde la latitud 40°N., en torno al año 2750 a.C., y esto sugiere que estas constelaciones fueron agrupadas y nombradas por los babilonios de entonces. Son prácticamente idénticas con nuestras constelaciones actuales del cielo del norte

La edad bíblica de Babel se estima entre 2400-2300 a.C., comparable con la cifra de Jeans. Antes que él otros astrónomos llegaron a la misma conclusión. El astrofísico M. Ovenden sostiene que las constelaciones están orientadas simétricamente con respecto a los polos celestiales correspondientes al 2800 a.C. La latitud del pueblo que  nombró las constelaciones ha sido corregida en estudios posteriores a entre 30 y 38°N, y Babilonia cae en este rango.

La relación con el “evento histórico compartido” del diluvio viene por la constelación de Argo Navis. Ovenden apuntó que en los primeros mapas Argo Navis aparece en la punta de un monte con un centauro saliendo de ésta y sacrificando un animal sobre un altar. Corvus se muestra picando a la serpiente marina Hidra. La nubosa Vía Láctea se eleva como humo del altar asociándose a Gén 9,12-13. El arco de Sagitario apuntando a la nubosa Vía Láctea sería el arco de Yahvé en las nubes como señal de pacto con Noé (Gén, 9,13-17). También las Pléyades son asociadas al diluvio por los aborígenes australianos y los judíos. Es así que las constelaciones soportan la teoría que las culturas del globo habrían emanado de una región específica que la Biblia identifica con Babel.

10.   Mecanismos diluvianos

A continuación se resumen algunos de los mecanismos críticos que habrían actuado durante un diluvio universal y (re)formativo de la superficie terrestre.

10.1.   Subducción deslizante

Eso sería el rápido movimiento de las placas tectónicas. El geofísico J. Baumgardner propuso una forma específica de subducción denominada “tectónica de placas catastrófica”. La cual sostiene que la rápida subducción de las antiguas placas oceánicas bajo el manto terrestre aumentó localmente las presiones sobre manto al punto que su viscosidad se redujo varios órdenes de magnitud siguiendo las conocidas propiedades de los silicatos que lo componen. Una vez iniciado el proceso, las placas descendientes habrían causado la propagación de zonas de baja viscosidad en todo el manto resultando en un “manto deslizante” con consecuentes catastróficos movimientos tectónicos que habrían arrastrado continentes través de la superficie de la tierra. Una vez que las antiguas placas oceánicas, que se cree que son más densas que el manto, alcanzaron la parte inferior del manto se llegó a un equilibrio. Las presiones volvieron a bajar, la viscosidad aumentó, y el manto deslizante se detuvo, dejando la superficie de la tierra reorganizada. Los proponentes de esta teoría señalan zonas de subducción en el manto que siguen estando relativamente tibias como prueba de que no han estado allí por millones de años de equilibrio termal.

10.2.   Placa hídrica

Le teoría de la placa hídrica propuesta por W.T. Brown sostiene que grandes cantidades de agua atrapadas en cámaras localizadas entre el manto y la corteza terrestre fueron el principal origen de las aguas diluvianas. De acuerdo a esta hipótesis antes del diluvio un estrato relativamente continuo localizado debajo de la corteza terrestre contenía grandes volúmenes de agua a presión en cámaras interconectadas de cientos de metros de espesor. La tierra antediluviana estaba compuesta por un único megacontinente, similar a la Pangea, que cubría un 75% de la superficie. La orografía terrestre era menos pronunciada que la actual (en concordancia con las visiones de A.C. Emmerick), siendo las montañas más altas raramente superiores a los 1500 m por sobre el nivel del mar. Durante el diluvio la corteza se habría partido en enormes grietas formando cordilleras y liberando el agua a alta presión a lo largo de lo que hoy se conoce como dorsales oceánicas (Gén. 7,11 y 8,2).

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Fuentes del gran abismo: la placa hídrica en su fase de ruptura (www.creationscience.com)

 

El agua subterránea expulsada a alta presión habría alcanzado altos niveles en la tropósfera (la parte más baja de la atmósfera terrestre) creando un diluvio de proporciones globales por un tiempo prolongado. Al vaciarse gradualmente de agua las cámaras subterráneas entre el manto y la corteza, partes del proto-continente se hundieron. Al tiempo que las nuevas dorsales rápidamente creadas alrededor de las grietas empujaban antiguas placas tectónicas en diversas direcciones creando en zonas de colisión nuevas cadenas de montañas como el Himalaya. Es de notar que más allá del agua subterránea a presión que gatilla el proceso, esta teoría es similar a la de deriva continental A. Wegener pero en cámara rápida.

Las antiguas masas continentales que se hundieron, lo hicieron a profundidades mayores que aquellas antediluvianas, formando el fondo de los actuales océanos y permitiendo acomodar los enormes volúmenes de agua subterránea liberados. Estos procesos explicarían no solo por qué el agua subió con el diluvio, sino también por qué bajó luego.

Esta teoría explicaría muchos otros fenómenos geológicos, como el Gran Cañón del Colorado, los cañones submarinos, el carbón y el petróleo[5], los domos de sal submarinos, etc. El lector interesado puede leer más sobre la teoría de Brown en internet[6].

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 10.3.   Anillos de vapor

Propuesta por I. Vail a comienzos del s. XX extrapolando la hipótesis nebular. La hipótesis nebular es uno de los modelos cosmogónicos más aceptado para explicar la formación y evolución del sistema solar. Sugiere que éste se formó a partir de material nebular en el espacio.

De igual modo el diluvio se explicaría mediante anillos similares a los de Saturno compuestos de vapor de agua. Uno a uno, estos anillos habrían llovido sobre la Tierra resultando en una sucesión de cataclismos separados por períodos de tiempo desconocidos. El diluvio del Génesis habría sido causado por el último de ellos.

 

[1] von Schwarz, F. (1894). Sintfluth und Völkerwanderungen, Stuttgart, pp. 8-18.

[2]Andree, R. (1891). Die Flutsagen ethnographisch betrachtet, Brunswick.

[3] Maas, A. (1908). Deluge. In The Catholic Encyclopedia. New York, Robert Appleton Company. http://www.newadvent.org/cathen/04702a.htm

[4]Cfr. La tradición primordial R. Guenon y el monomito de J. Campbell.

[5]No nos referimos aquí a la hipótesis del origen inorgánico (o abiótico) del petróleo la cual sostiene que el petróleo natural se forma a partir del metano en condiciones termodinámicas específicas del manto superior. Científicos rusos y ucranianos fueron los que inicialmente propusieron esta idea.

[6] www.creationscience.com/onlinebook/HydroplateOverview2.html

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