Apostolado militante en China de uno de mis amigos

IMG_7743“Misionar -dicen algunos- es hacer que los musulmanes sean buenos musulmanes, los budistas buenos budistas y los ateos buenos ateos…”. Es hacer que “todos seamos más humanos, tolerantes y comprensivos”.

Pues bien; no todos piensan así, comenzando por el mismo Jesucristo: “Id por todo el mundo anunciado el Evangelio y enseñando todo lo que yo os he enseñado” (Mt 28,18); y cada uno según sus capacidades y talentos.

Mi amigo de años, el padre Federico, cura de sotana incluso en China, tampoco. Acá va la prueba de cómo evangeliza.

Dios los guarde y nos de su celo.

Y que tampoco te la cuenten sobre las misiones.

P. Javier Olivera Ravasi


Apostolado en la ancestral Fiesta China de los Faroles

El Año Nuevo Chino culmina con la Fiesta de los Faroles, la cual tiene un ancestral trasfondo legendario. Toda China, durante varios días, celebra esta tradicional festividad. Uno de los festejos tuvo lugar, en Taichung -la tercer ciudad más importante de Taiwán- donde nuestro Instituto misiona hace más de dos décadas.

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Los festejos fueron organizados por el Gobierno en un inmenso predio, donde cada Institución –tanto profana como religiosa- era invitada a instalar un stand adornado de faroles. La Iglesia Católica, gracias a la iniciativa del Obispo, puso su stand. El objetivo del Clero de la Diócesis era claro: esta fiesta es un gran aéropago para presentar la Iglesia a los paganos. El stand fue atendido por turnos por los Sacerdotes y fieles de las diversas Parroquias. El viernes 13 de marzo fue el turno de nuestra Parroquia de Taiping. He aquí que fuimos a misionar a esta fiesta china. Lo cuento sumariamente.

En la Misión nos ayudaron laicos que habían venido como voluntarios, pero la misionera más activa fue una joven que estaba de paso. Ella simplemente se había sentado a descansar un ratito en nuestro stand. No era una voluntaria, no había venido a cubrir ningún turno y nunca había misionado en su vida pero la enganchamos para que nos ayude … ¡y estuvo misionando más de tres horas con gran coraje! Los laicos quedaron muy contentos por este feliz día de apostolado directo.

Junto a nuestro stand, que estaba ornado con una gran imagen del Cordero de Dios –signo éste elegido adrede ya que para los chinos este es el “Año del Cordero”- y un original farol rotatorio con el nombre de Dios, nos pusimos a invitar a quienes pasaban a conocer a Cristo –¡había aluvión de gente!-, repartiendo, a diestra y siniestra, material apostólico, si bien el Gobierno había prohibido el “proselitismo” –según nos enteramos a la noche-. A varios que parecían más interesados les dimos catecismos (como el “de las 93 preguntas”, pero en chino), pero lo que más les gustaba era que les demos el “sobre rojo”, que es algo típicamente chino. Nuestro sobre rojo tenía un bello dibujo de nuestro Señor. A veces se amontonaban para recibir nuestro sobre rojo.

También desde el escenario, provisto de potentes parlantes, invitamos a las masas a conocer y a amar a Cristo. Admito que fue algo muy divertido. El escenario lo habían puesto para un concierto, pero algunas laicas se pusieron allí a recitar el Catecismo, pareciendo por momentos más un púlpito que un escenario… ¡Es que no podíamos desperdiciar esa oportunidad apostólica! Teníamos el escenario, los parlantes, el mar de almas… ¡Algo había que hacer! Y mas aun si consideramos que a 5 metros nuestros estaban practicando públicamente la idolatría, en un stand taoísta. Tampoco podíamos callar ante la enorme exhibición de politeísmo que estaban haciendo a 10 metros, en otro enorme stand. Por eso, tuvimos que anunciar por los parlantes que “no hay muchos dioses sino un solo Dios”. Luego, tuvo lugar nuestro “fogón”, que durante 3 horas convocó mucha gente (estando todos los asientos ocupados) y terminó con la bendición.

Muchos recibieron contentos el material, otros nos ignoraban y con varios hablamos, apuntando a la conversión. Dicho sea de paso, nunca hablé tanto en chino –¡fue el mejor ejercicio de mandarín de toda mi vida!- y tan intenso fue todo que por momentos el contexto chino me parecía un ambiente familiar y como connatural.

El ambiente de la Fiesta de los Faroles era, sin dudas, muy atractivo, mas fue opacado por algunas cosas, como ser el haber visto niños de rodillas reverenciando en público a uno de los dioses locales. Ésto causó gran dolor en mi alma sacerdotal, en la que resonaba el salmo 95 con su “Omnes dii gentium, daemonia“… Mas termino este relato con un haz de anécdotas apostólicas.

Pudimos hacer apostolado con los monjes budistas que pasaban. Fueron unos siete. Unos tres miraron para otro lado, otros nos respondieron amablemente que NO querían conocer a Cristo, mas un monje budista nos recibió contento el catecismo. ¡Esperemos se conviertan! ¡Lo sabremos el día del Juicio Final!

También pudimos hacer apostolado con taoístas de diversas facciones. Hoy que tanto se habla de diálogo, pudimos dialogar un rato con dos mujeres que estaban en un stand taoísta, a pesar de que el encargado del lugar nos miraba mal –a ese señor no le gustaba mucho nuestro diálogo-. Una de ellas, joven universitaria, mostraba ser un alma que buscaba la Verdad. Nos oía con agrado y nos recibió el catecismo. El diálogo fue al lado de un frecuentado ídolo, mas incluso en los lugares más inesperados uno puede hallar almas que aman la Verdad y la buscan.

En otro stand, una taoísta cortó el diálogo cuando le preguntamos porqué el ídolo que veneran había matado gente. Lo que pasa es que rinden culto a un hombre fallecido, que existió de verdad y mató gente.

Me encontré con otro taoísta, que era como el sacristán del culto de ellos, cuya cara me resultaba conocida. Luego, me acordé: ¡lo había conocido la otra vez en una incursión apostólica! Nos vimos, nos reconocimos ¡y nos dimos un sincero y fuerte abrazo! Luego, lo invité a tomar algo, mas como él no podía pues estaba muy ocupado sirviendo su culto, me fue a comprar un té, que tomé con gusto.

Cuento una última anécdota. Les repartimos unos volantes a los que estaban en otro stand taoísta, donde hacían un show. Pensé que nos iban a rajar, pero, en cambio, se mostraron muy contentos de nuestra insólita presencia. Por eso, “duplicamos la apuesta” y les entregamos los catecismos. Mas, después, vino la “frutilla de la torta”, del todo inesperada… Me vinieron a buscar los animadores del show y me hicieron pasar al frente. Me presentaron y pedí el micrófono. Dije dos palabras de cortesía y luego los invité a conocer a Cristo. Todos sonreían con placer.

Encomendamos a vuestras oraciones la conversión de todos los que aun no conocen a Cristo.

¡Cristo impera!

Padre Federico

Misionero en Extremo Oriente

Blog del Padre Federico: http://adgentes.verboencarnado.net

Van algunas fotos:

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