Críticas al Vaticano: El Instituto para las Obras de la Religión – IOR (2-4)

IOR1

Finalmente, unas líneas sobre la mencionada logia masónica P2 –Propaganda 2- que cobró notoriedad con las declaraciones de Michele Sindona durante el escándalo del Banco Ambrosiano. Se trata de una logia secreta que intentó, entre 1965 y 1981, de condicionar el proceso político italiano a través de la penetración de sus miembros en la magistratura, el Parlamento, el ejército y la prensa. El Gran Maestre era Licio Gelli, hombre relacionado con Marcinkus, Sindona y Calvi, estos últimos pertenecientes a la logia[1]. En el domicilio de Licio Gelli se encontró una lista de más de 900 personalidades italianas pertenecientes a la P2.

Una comisión parlamentaria investigó sus actividades y produjo un informe en el que se describen las relaciones e influencias no sólo italianas, sino internacionales, incluyendo las argentinas, involucrando al Gral. Perón y al Alte Massera[2].  El informe es parcialmente una reseña de la acción de la masonería en Italia desde la posguerra en adelante, señalando, por boca de masones, que se procedió a la “demolizione” de la P2.

La P2 tuvo relaciones importantes con políticos argentinos. Según La Nación, “El 18 de octubre de 1973 … Gelli recibió del presidente Juan Perón la Gran Cruz de la Orden del Libertador San Martín por su condición de venerable maestro de la logia P-2, según consta en el Boletín Oficial de seis días más tarde.[3]

El IOR no es técnicamente un banco[4]; funciona como una suerte de caja de seguridad o recipiendario de depósitos: recibe fondos de organizaciones religiosas o de miembros de la jerarquía católica, los custodia y los invierte, ya que no presta dinero. Fue precisamente cuando se produjeron escándalos cuando  se confió la administración de la inversión de los fondos depositados a terceros, bancos o instituciones financieras. De allí que Ernst von Freyberg, haya dicho (mayo 2013) que su “mala imagen daña el mensaje del Papa“, agregando “…es un triángulo lo que ha creado esta mala imagen: el primer lado es que hay verdaderos hechos que no deberían haber sucedido en el pasado y sólo menciono al Banco Ambrosiano. El segundo es que el IOR está sujeto a una interminable línea de rumores y calumnias que son sólo fantasmas. Y el tercer lado del triángulo es que el IOR nunca comunicó: si uno no comunica, también es un mensaje que uno envía[5].

Hace más de un siglo San Pío X escribió en el primer capítulo de su Encíclica Pascendi (sobre los errores de los modernistas) que los enemigos más perjudiciales de la Iglesia son los que están dentro de ella, “siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto  menos declarados”. Y en el capítulo segundo agregaba:

“Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero quien dijere que ésta no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro: en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable cuanto más a fondo conocen a la Iglesia”.

Si bien referida a los errores del modernismo teológico, en gran medida estos conceptos son aplicables a los que con su accionar irresponsable en el manejo de las finanzas de la Iglesia la han dañado provocando escándalos aprovechados por los enemigos exteriores y –lo que es peor- defraudado la confianza de muchos feligreses. Esto no es sino una expresión más de cómo opera el misterio de iniquidad al que se refirió Cristo, y que Él mismo tuvo que soportar en la persona de Judas. Un católico debiera interpretarlo así. Un no católico pensará que la Iglesia no es tan santa como se proclama, ya que carece del sentido de trascendencia que nosotros le damos y, además, no sabe que Su santidad no le viene por sus miembros, sino por Su Fundador: Jesucristo. Pero para atender ambos pareceres debemos estar vigilantes e indagar sobre la verdad de lo sucedido.

Estos escándalos pueden haberse originado en humanos errores de administración, y en tal caso no son tan graves como cuando son fruto de la codicia. Por supuesto que hay siempre una zona gris, pero cuando se reiteran es evidente que son manifestaciones del mal que se ha metido en la institución a través de sus hombres, y de errores pasan a ser pecados y delitos. Si el Papa Paulo VI habló del “humo de Satanás” que había entrado en la Iglesia, ¿por qué no suponer que una manifestación bien puede ser la comisión o reiteración de errores en el manejo del dinero?[6]

De la mano de errores en la administración de inversiones financieras vinieron delitos, escasos pero harto publicitados, de algunos particulares (y a veces religiosos) con cuentas en el Banco que intervinieron en operaciones dudosas investigadas por la Justicia italiana, pero de manera alguna pudo acusarse al IOR –y por extensión al Vaticano- de ser un organismo dedicado al lavado de dinero, como puede leerse en cierta prensa.

En relación a la participación de la Santa Sede cuando la quiebra del Banco Ambrosiano mencionado por von Freiberg, George Weigel apunta que:

“El escándalo amenazó con hundir el Instituto para las Obras de la Religión (IOR), un organismo que, a pesar de no pertenecer técnicamente a la Santa Sede, es conocido como el “Banco Vaticano”. Su director, el arzobispo estadounidense Paul Marcinkus, carecía de experiencia financiera internacional cuando fue nombrado para el IOR por el arzobispo Benelli jefe o Sostituto para el papa Pablo VI: la inexperiencia, fruto de la ingenuidad combinada con un exceso de obligaciones (Marcinkus era también gobernador de la Ciudad del Vaticano y … encargado de los viajes internacionales de Juan Pablo II), hicieron que el arzobispo tuviese dificultades con el financiero italiano Roberto Calvi y su Banco Ambrosiano en Milán. Creyendo que estaba ayudando a un amigo a ganar tiempo para salir de un aprieto económico, Marcinkus entregó cartas a Calvi en que señalaba el apoyo del IOR al Banco Ambrosiano, al tiempo que recibía una carta del propio Calvi en que le recordaba que el IOR no era responsable de las actividades del Banco Ambrosiano. Sin embargo, sólo la carta que Marcinkus dirigió a Calvi fue entregada a los acreedores del Banco Ambrosiano. A algunos les pareció un fraude, pero para aquellos que conocían a Marcinkus era un signo de su ingenuidad. Cuando el imperio de mil doscientos millones de dólares de Calvi se vino abajo en 1982, estalló una crisis de considerables dimensiones. Calvi fue encontrado ahorcado en el puente Blackfriars de Londres, el 18 de junio de 1982, y los tribunales italianos dictaron treinta y tres sentencias de fraude. A pesar de que el Vaticano continuaba negando cualquier malversación, el cardenal Casaroli negoció un acuerdo con el gobierno italiano en 1984 por el  cual el IOR pagó 244 millones de dólares a los acreedores del Banco Ambrosiano como pago de todas las reclamaciones presentes y futuras[7]. El arzobispo Marcinkus, cuyas dificultades podían haber provocado oposición por parte de los curialistas veteranos ante la presencia de un poderoso estadounidense en el vaticano, fue cesado finalmente de su cargo en el IOR en 1989, acabando así su carrera eclesiástica[8]“.

Hasta aquí Weigel, quien presenta una descripción objetiva y que desnuda desaciertos, comenzando por la larga permanencia de Marcinkus en el cargo. Las versiones alternativas de estos hechos han tenido bastante difusión, astutamente publicadas con buen estilo periodístico[9]. Probablemente el trabajo más conocido es el de David Yallop, inglés dedicado principalmente a crímenes no resueltos (también ha escrito algunos guiones para espectáculos cómicos), en dos de de sus libros, En el nombre de Dios, sobre la muerte de Juan Pablo I (más de la mitad dedicado a las conexiones del IOR con la mafia) y El Poder y la Gloria, una biografía crítica de San Juan Pablo II. En ambos le dedica al tema que nos ocupa innúmeros detalles. Su versión es diametralmente opuesta a la de Weigel: induce a la conclusión de que el IOR estaba manejado por la mafia y que el entretejido de responsabilidades y connivencias incluía al Papa. Desafortunadamente para el autor, muchas de sus afirmaciones presentan el mismo problema de los medios que venimos mencionando: para decir lo menos, la magnificación y la –al menos aparente- tergiversación. ¿Presenta pruebas o testigos? No hay casi referencias y si bien incluye muchas páginas de bibliografía (18 en el segundo de los mencionados), en general es no ajustada a los hechos que sindica como delitos.

 


[1] La Loggia massonica P2 (Loggia Propaganda Due), http://www.stragi.it/index.php?pagina=vicenda&par=p2

[2]Commissione Parlamentare d´Inchiesta sulla Loggia Massonica P2, 10 novembre 1981 – 11 luglio 1983 (Legge 23 settembre 1981, n. 527) VIII Legislatura della Repubblica italiana

[4]Aún hoy es materia de discusión si el Vaticano debiera o no mantener esta institución financiera, por comodidad llamada banco. Se ha señalado que de no se pierde la posibilidad de rentabilizar sus ahorros; pero eso no debiera ser un problema para la Iglesia. En tal caso, habría que convertir la liquidez en patrimonio o en donaciones (construir una Iglesia o ayudar a los pobres). Y si en tal extremo se deprecian los siempre escasos fondos… “pues qué le vamos a hacer: su reino no es de este mundo” (cfr. Eulogio López,El banco escándalo del Vaticano y el torticero uso del arsenal nuclear de Tanzania, en:http://www.hispanidad.com/Editorial/el-banco-escndalo-del-vaticano-y-el-torticero-uso-del-arsenal-nuclear-20131004-158950.html).

[5]http://www.lanacion.com.ar/1587068-von-freyberg-la-imagen-del-banco-del-vaticano-dana-el-mensaje-del-papa El tercer “lado del triángulo”: esta expresión tiene mucha tela para cortar y es toda una definición sobre lo sucedido.

[6] Otras manifestaciones son, sin duda, la pedofilia y la homosexualidad, que suelen correr juntas, tanto que el P. Donald Cozzens afirmó hace algo más de una década que “Ser sacerdote en América (EEUU) es una profesión gay”, en su libro The Changing Faces of the Priesthood (Los rostros cambiantes del Sacerdocio); allí habla abiertamente de la sodomización del clero, al igual que Earl Boyeas en Another Face of the Priesthood  (First Things, febrero 2001). Entre las revistas son notables las informaciones brindadas por National Catholic Reporter y Catholic World Report. Cabe aclarar que la situación ha ido enderezándose, tanto en EEUU como en el mundo: Benedicto XVI fue tajante al respecto e igualmente Francisco, quien puntualizó que la Iglesia es la institución que más he luchado contra este mal y sin embargo “es la más atacada” (sic), con lo que pone en discusión –al menos- la seriedad de los medios (como lo señaló Sam Miller -ver infra, El orgullo de ser católicos). En cuanto a las relaciones entre pedofilia y homosexualidad (“de esto sí que no se habla”), puede verse un breve y sensato artículo de divulgación de Joel Mowbray, Homosexuality a factor in sex abuse by Priests —  http://www.jesus-is-savior.com/False%20Religions/Roman%20Catholicism/homosexuality_a_factor.htm Y de lo que menos aún se habla es de las relaciones entre éstas y corrupción en los negocios y finanzas –tema que quedará para otro trabajo.

[7] Comparar resulta útil una vez más para mantener la perspectiva sobre de qué estamos hablando. Un equipo de auditores contables relevó las grandes bancarrotas de la historia, que fueron las siguientes en miles de millones de dólares: en 1987 Texaco con 35.900; en 1989 Mcorp con 20.200; en 1998 FIN Corp. of America por 33.900; en 2001 ENRON por 63.400 y Pacific Gas & Electric Co. por 21.500;  en 2002 WordCom por 107.000; en 2002 Global Crossing Ltd por 25.500; Adelphia Communications por 24.400; Kmart Corp por 17.000 y NTL Inc. por 16.800, y en 2008 Lehman Brother por 50.000.  Los medios, tan duros con el IOR, que nunca entró en bancarrota, ¿se acuerdan de éstas? Rara vez. Pero un cura que cometió un delito con su cuenta particular en el IOR y que ya está entre rejas sirve para recordar el caso del Ambrosiano, de treinta años atrás y por cifras insignificantes al lado de las mencionadas. (Cfr. AAVV, “Escándalos financieros y su efecto sobre la credibilidad de la Auditoría”, XVII Congreso de la Asociación Española de Contabilidad y Administración, Pamplona, 25-27 de septiembre de 2013).

[8]George Weigel, Biografía de Juan Pablo II – Testigo de Esperanza, Plaza y Janés, Madrid 1999, 993.

[9] Entre otros “La historia del banquero Roberto Calvi. De la presidencia del Ambrosiano al puente de Blackfriars”. (Pedro Gianfranco Piazzesi y Sandra Bonsanti) y “Paradiso IOR” (Maurizio Turco, Carlo Pontesilli y Gabriele Di Battista).

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