Críticas al Vaticano: El Instituto para las Obras de la Religión – IOR (4-4)

No._22._Banco_AmbrosianoNadie se salva de la transparencia

Recordamos que Benedicto XVI el 30 de diciembre del 2010 instituyó por primera vez en el Vaticano una Autoridad de Información Financiera (AIF), paso decisivo para armonizar las actividades con las normas internacionales contra las actividades ilegales en el campo financiero y monetario, si bien la Santa Sede y el Estado de la Ciudad del Vaticano carecen de moneda propia, como hemos reiterado.

Este Motu proprio de Benedicto XVI estableció que la nueva legislación vaticana para enfrentar el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo fuese vinculante, tanto para el Estado de la Ciudad del Vaticano como también para los Dicasterios de la curia romana, e inclusive para todos los organismos y entes dependientes, entre ellos el Instituto para las Obras de Religión, el IOR.

Era sobre este único organismo, entonces, que la AIF ejercía su poder de control. Y era siempre y solamente sobre este organismo que las autoridades judiciales del Estado de la Ciudad del Vaticano tenían jurisdicción penal.

En la misma línea se inscribe el Motu Proprio del Papa Francisco del 8 de agosto de 2013 para la prevención y represión del lavado de dinero, del financiamiento al terrorismo y de la proliferación de las armas de destrucción masiva, especificando  que la legislación anti-lavado –y en consecuencia también los controles de la AIF y la jurisdicción de la magistratura vaticana– se refiere no sólo a los Dicasterios de la curia romana y a los organismos y entes dependientes de la Santa Sede, sino también –y esta es la novedad– a las organizaciones sin fines de lucro que tengan personalidad jurídica canónica y sede en el Estado de la Ciudad del Vaticano, entre las que se incluyen a las Fundaciones registradas en este Estado, que administran bienes muebles e inmuebles con el fin de sostener las más diversas iniciativas de la Santa Sede (o sea, no se incluyen las fundaciones que colaboran con la actividad de las diócesis).

Un listado completo de estas organizaciones sin fines de lucro, actualizado hacia fines del 2011, se ha dado a conocer en el voluminoso Rapporto stilato dagli ispettori di Moneyval (Informe redactado por los inspectores de Moneyval), publicado en julio de 2012.

El Rapporto Moneyval detalla 48 entes con personalidad jurídica inscritos en los registros del Governatorato del Estado de la Ciudad del Vaticano[1]. Buena parte de estas Fundaciones están vinculadas con organismos vaticanos y tienen líderes eclesiásticos de distinto rango. Pero algunas son promovidas y dirigidas por laicos más o menos ilustres -intelectuales, científicos, periodistas, hombres de negocios, etc.

En su Rapporto, Moneyval pedía que las Fundaciones fuesen sometidas explícitamente al control de la Autoridad de Información Financiera, en paralelo al del IOR y al de APSA, en los siguientes términos: “Dado que estas fundaciones juegan un rol significativo en el financiamiento de las actividades del Estado de la Ciudad del Vaticano y de las obras sociales y religiosas de la Santa Sede, razón por la cual deben estar más allá de toda sospecha, la AIF debería tener acceso en forma indiscutible a todas las informaciones relevantes en poder de estas fundaciones”.

También a la luz de esta solicitud se explica el motu proprio de Francisco del 8 de agosto 2013, que elimina toda duda sobre la posibilidad de que detrás de las no pocas Fundaciones surgidas a la sombra de la cúpula de San Pedro pueda haber también aunque más no sea una que corra el riesgo de ser utilizada no para fines caritativos declarados, sino para otras operaciones financieras no recomendables, ilícitas o no.

En síntesis, el Vaticano se ha ido adaptado a las convenciones internacionales en materia de transparencia financiera y de este proceso no ha salido a luz ninguna de las tenebrosas actividades tantas veces invocadas por denostadores profesionales.

Y ello en un hilo de continuidad entre papados que parecen tan diferentes a observadores superficiales.

Todos estos esfuerzos para transparentar, modernizar y tornar eficiente el manejo de presupuestos que sumados rondan una cifra similar a las de los Congresos argentino o italiano. ¿Tendrán éstos tamaño escrutinio y control sobre sus dineros? ¿Hay acaso en el mundo un Estado tan supervisado? Dejo la inquietud al lector.

 

 

 

El orgullo de ser católicos

A modo de parcial recapitulación quizás convenga recordar que ha sido un líder empresarial norteamericano, Sam Miller, judío practicante para más datos que supo verse con Benedicto XVI, quien ha señalado hace ya más de diez años la gravedad de la campaña contra la Iglesia Católica de manera certera y profunda. Si bien se refirió sólo tangencialmente al tema que nos ocupa, encuadró perfectamente la ideología que la anima y prácticamente identificó sus voceros.

Sam Miller, en un discurso[2] dado en Cleveland, EEUU, dijo en 2003, cuando arreciaban las denuncias por pedofilia sacerdotal y los católicos estaban avergonzados y poco menos  que paralizados:

“Voy a decir aquí, hoy, cosas que muchos Católicos deberían haber dicho hace 18 meses. Quizás sea más fácil para mí decirlas porque no soy Católico, pero ya he tenido bastante, más que suficiente, repugnantemente suficiente. En toda mi vida nunca he visto una campaña más grande contra la Iglesia Católica, más prejuiciada, más vengativa, más grosera como la que he visto durante los últimos 18 meses, y la cosa más extraña es que es en un país como los EEUU, donde se supone hay libertad y respeto mutuo para todas las religiones.”

Seguidamente hace una suerte de racconto de las persecuciones y discriminaciones habidas a lo largo de la historia de los EEUU contra católicos y judíos por parte de la cultura Wasp (blanco, anglo-sajón, protestante), recordando la quema de cruces que solían hacerse después de terminada la guerra civil. Y a continuación agudas observaciones políticas:

“Hoy día hay un esfuerzo concentrado de los medios para denigrar de todas maneras a la Iglesia Católica en este país (…). Si ustedes leen el New York Times día a día, Los Angeles Times día a día, nuestros medios en general día tras día… (verán que) algunos de estos escritores son apóstatas, católicos o ex católicos a quienes les han negado cosas que ellos querían de la Iglesia y ahora están en misión de venganza. ¿Por qué los diarios se hacen cargo de esta vendetta sobre una de las más importantes instituciones que hoy tenemos en los EEUU, llamada la Iglesia Católica? (…). ¿Por qué? ¿Por qué estos enemigos de la Iglesia tratan de destruir una institución que tiene 230 colegios y universidades  en los EEUU con 700.000 estudiantes?”

No vamos a transcribir el inventario (a lo largo de varias páginas) de instituciones católicas de servicio público –escuelas, hospitales, atención a indigentes, etc., ni la puntualización de los beneficios que significan para los contribuyentes y usuarios, ya que cuando no son gratuitas sus costos son considerablemente inferiores a las privadas o estatales, además de ser la principal fuente de empleos después del Estado para los residentes del país.  Pero sí rescatar una observación sobre el New York Times, aplicable al resto de la prensa: “si usted lo lee, podría creer que los curas son cobardes, ansiosos, sexualmente frustrados, criminales insanos que hacen presa de los inocentes.”

Y concluye señalando que la Iglesia Católica es mucho más que la humillación a la que es sometida por la prensa y que tarde o temprano ésta tendrá que abandonar su campaña –cosa que sucedió parcialmente-, pero les pide a los católicos que no renuncien a su orgullo de ser católicos.

¡Un judío practicante defendiendo a la Iglesia con una valentía e inteligencia política ausentes en la mayoría de los católicos!

 

Conclusiones y advertencia

Puntualizaremos a continuación algunos hechos e ideas que complementan lo hasta aquí dicho.

En primer lugar el desempeño de los últimos papas para adecuar los mecanismos de contabilidad y control financiero a las normas internacionales y procedimientos generalmente aceptados en la materia, que se intensificaron a partir de los atentados a las Torres Gemelas en 2001.

Fue Benedicto XVI quien impulsó un aletargado proceso de transparencia y modernización montando el marco jurídico y político (la Autoridad de Información Financiera, negociaciones con el Grupo Egmont, Moneyval, incorporación de consultoras, etc.) que le ha facilitado al Papa Francisco continuar en la misma línea firmando con el Departamento del Tesoro de los EEUU en mayo 2013 el convenio antilavado, ingresar al grupo Egmont en julio y dictar el motu proprio del 8 de agosto para la prevención y represión del lavado de dinero.

El Papa Francisco ha ido sumando la colaboración de organizaciones privadas de control y auditoría que complementan a las incorporadas por su antecesor, y ya se han escuchado críticas a estas decisiones: ¿Por qué yanquis o principalmente yanquis? Respuesta obvia: porque EEUU marcha a la cabeza en este tipo de procedimientos y sistemas de auditorías financieras y legislación internacional, que habiéndolos impulsado han sido asumidos por el mundo (pero tan complejo es el problema que a pesar de ello se producen “filtraciones”, por lo que también ha padecido resonantes escándalos  por fraudes y estafas, como hemos apuntado –el demonio no descansa…).

En segundo lugar, el papel de la prensa magnificando cuando no tergiversando permanentemente los hechos. La desinformación sobre las riquezas de la Iglesia y sobre las finanzas vaticanas; el ocultamiento sistemático de la labor de la Iglesia en obras de caridad social y el permanente y ridículo planteo dialéctico sobre los buenos y su lucha contra los malos que se esconden en los palacios vaticanos. Planteos en los que está ausente la impronta profesional y ética que debería caracterizarlos.

Por último: los dardos más venenosos se dirigen siempre contra el Vaticano, sede del Papado. ¿Por qué? ¿Por qué rara vez se hacen críticas similares contra las diócesis, que muchas veces administran presupuestos superiores a los de la Santa Sede, algunas de las cuales han incurrido en escándalos que sólo ocasionalmente se recuerdan? Muy sencillo: porque en el Vaticano está el Papa, cabeza de la Iglesia. Esto merece unos párrafos.

Si recurrimos a la historia teniendo presente que la Iglesia es, entre otras cosas, la unión de fieles católicos cuya cabeza es el Papa, podremos ver que en dos mil años muchos Obispos cayeron en la herejía, como durante el arrianismo o la Reforma, o fueron eliminados, como durante la Reforma, el comunismo y el socialismo. Pero la Iglesia no dejó de ser Católica, es decir Universal, porque no cayó el Papado.

Y nuestros enemigos no pueden atacar tan alegre e irresponsablemente a los Obispos porque la gente no les creería, ya que tienen a la mano, la ven todos los días, la obra de la Iglesia en las diócesis –esto sin perjuicio de escándalos para los que siempre hay algún monseñor disponible. La gente ve, palpa, lo que hace la Iglesia, como señala Sam Miller en su discurso.

Entonces el montaje se concreta apuntando al Vaticano, es decir, al Papa, porque está lejos, en cierto sentido es casi una creación mediática y se lo puede denostar sin consecuencias[3]. Porque el ataque desmesurado y las más de las veces infundado contra el Papado a la larga erosiona la fe. Él es el símbolo más importante y visible de nuestra religión –“heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas”.

Hace cinco años John Allen destacó que “la Iglesia católica es a la religión lo que EEUU a la geopolítica”, porque  “es la otra superpotencia que queda. Cada vez que hay alguna iniciativa interreligiosa importante en el mundo, nadie presta atención a menos que participe el Papa. La Iglesia católica es la más grande y la más integrada verticalmente. Tiene una estructura de mando clara. Como ninguna otra religión. Nadie sabe quién manda en el islam, en el hinduismo o en el judaísmo. Eso le da una capacidad única para movilizarse. Igual que no hay solución a ningún problema político o económico global que no implique a Estados Unidos, no hay solución a ningún problema religioso o espiritual global que no implique a la Iglesia católica”[4].

Y refiriéndose a la importancia del Papa en la política internacional, aclaró que es “más importante de lo que mucha gente piensa. La Iglesia católica tiene 1.200 millones de miembros esparcidos por todo el planeta. Aunque el Papa no puede pulsar un botón y que los católicos hagan algo, la línea que marca sí es importante para fijar las prioridades políticas, sociales y culturales de los católicos. El caso más obvio es el papel de Juan Pablo II en el derrumbe del comunismo en Europa. Él también fue la principal voz de rechazo moral a la guerra de EE.UU. en Iraq[5]. Y no es aventurado afirmar que Allen diría lo mismo ahora ante acontecimientos similares.

Hasta aquí una descripción del fenómeno. En cuanto a sus causas –que conviene conocerlas para entender mejor de qué estamos tratando- Gilbert Keith Chesterton las describió en un párrafo tan breve como profundo en su ensayo sobre Chaucer:

“Es una paradoja de la historia que el Papa haya sido más importante después de la Reforma que antes de ella. Por supuesto, siempre fue importante para los católicos, como el tribunal de la verdad en cuestiones disputadas, pero como figura política y social es por cierto más grande en el mundo moderno que lo que fue en el mundo medieval. La causa de esto es realmente muy razonable. Su posición personal había sido devaluada por las divisiones y rivalidades. Pero su posición doctrinal quedó más claramente definida después de haber sido desafiada. En el escándalo del cisma había habido dos y hasta tres papas, que eran aceptados por diferentes naciones. Mas en el supremo enfrentamiento de la Reforma hubo un único Papa, aun si no era reconocido por algunas naciones. Los procedimientos de las naciones protestantes que no lo reconocieron dejaron muy en claro, por vez primera, por qué las naciones más antiguas lo habían aceptado. Quienquiera haya sido el que tuvo la razón en la controversia, quedó perfectamente claro que los que disputaron con el Papa, lo hicieron también con el Credo.” “Ellos pudieron ver que el Papa era ahora un poder que sostenía todo un sistema a la vez moral y metafísico; como ellos mismos lo habían demostrado al apartarse de él para fundar un nuevo sistema moral y metafísico.”

Detrás de la batalla por el esclarecimiento de este tema tan caro a la Iglesia también está precisamente eso: un nuevo sistema moral y metafísico.

Algerio Solón

 

 

 

 

 

 

[1]Detalles de los mismos en: Committee of experts on the evaluation of anti-money laundering measures and the financing of terrorism (MONEYVAL). Mutual Evaluation Report – Aneexes – THE HOLY SEE (INCLUDING VATICAN CITY STATE), 4 July 2012.  Disponible en PDF en

http://www.coe.int/t/dghl/monitoring/moneyval/Evaluations/round4/MONEYVAL(2012)17ANN_HS_en.pdf . Para despejar eventuales dudas conviene  detenerse en las incluidas por Moneyval, dado que en todo el mundo se han dado casos de uso de estas instituciones para lavar dinero, a veces so pretexto de obras de beneficencia, filantrópicas o religiosas (como surge de la causa judicial que investiga una red que lavaba dinero del narcotráfico mexicano a través de iglesias evangelistas en el Chaco argentino http://www.clarin.com/politica/Lanata-impactante-sicarios-narcopolitica-pais_0_1119488512.html).

[2] El discurso se publicó en la edición mayo-junio del Buckeye Bulletin (órgano de la sociedad Los Caballeros de Colón), Ohio. Algunos nombres e información estadística pueden haber cambiado pero lo descripto por Sam Miller permanece como una dolorosa verdad.

[3] Además, ¿de qué vale descalificar a un Obispo si se lo cambia y sigue la obra de la Iglesia? (y muchas veces se lo cambia precisamente para que siga)

[4] Entrevista completa en http://www.periodistadigital.com/religion/vaticano/2009/10/19/-papa-vaticano-zapatero-iglesia-religion.shtml

[5] En el mismo reportaje, algo que debería tenerse presente: “Está muy claro que la tarea número uno para Benedicto XVI se dirige al interior de la Iglesia, no al exterior. Lo que intenta hacer es restaurar un fuerte sentimiento de identidad católica, qué significa ser católico y qué nos diferencia del resto. Por eso hay tanto cuidado por cómo se traducen los textos de la liturgia, tanta atención a los teólogos que, desde el punto de vista del Vaticano, están enseñando las cosas equivocadas. El proyecto principal de Benedicto XVI es restaurar un sentimiento de identidad católico fuerte, claro, musculoso. Su esperanza es que, si se hace, el catolicismo estará más unido y será más efectivo para llevar su mensaje al mundo.”

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