Sermones sobre la Misa en audio: ¿Por qué el latín en la Misa?

En la nueva capilla donde estoy, como ya lo habíamos comentado aquí, a diario se celebra la Santa Misa según la “forma extraordinaria”.

Y dado que hay gente que se está acercando a este modo de celebrar la liturgia, me pareció interesante dedicar la predicación de algunos domingos a la explicación y profundización de este precioso tesoro del cual abrevaron tantos santos a lo largo de la historia.

El tema de hoy fue: “¿Por qué el latín en la Misa?” 

Se trata de un resumen (pues es un sermón) pero quizás sirva para…

Que no te la cuenten.

P. Javier Olivera Ravasi

Para oír o descargar el audio, hacer clic aquí (14 min.)

Post-post: cometí un error al narrar la anécdota de César; no fue Actium sino la batalla de Zela cuando dijo “veni, vidi, vici”.

2 Comments

  1. Graciela Cánepa Rèbuffat

    Me gustaba la Misa en latín,cuando era chica. Me atrae el latín como idioma madre de tantos otros; conocer la etimología de las palabras.ES universal, sublime ! Pero no puedo aprender las declinaciones!
    Asisto a las ceremonias de las Monjas Benedictinas en Semana Santa y en Navidad,y canto en latín con música gregoriana, que une la tierra con el Cielo!
    Si no fuera por el misal , no podría seguirlo…

    • Santiago Calzadilla

      Luego de escuchar la homilía (hace unas semanas, le pido perdón si menciono algo que haya mencionado) me pasaron estas cosas por la cabeza:

      – Acceder al latín eclesiástico a partir de la Misa Tridentina me permitió familiarizarme con el idioma y de ese mudo disfrutar mucho más de mis discos de música clásica – no es lo mismo escuchar el Requiem de Mozart sin entender nada a hacerlo con las oraciones en latín (y su traducción en castellano – bien por el misal de mi abuela).

      – Si bien las lenguas romances son accesibles para quien habla castellano, el latín permite que el resto de ellas lo sean aún más.

      – Permite que uno preste más atención a la hora de participar de la misa porque implica un esfuerzo: esto es algo personal, pero es mi experiencia.

      – Conozco gente que ven en el uso del latín en las actividades litúrgicas un síntoma de posiciones conservadoras, casi fundamentalistas: el “voy a misa en latín” implica miradas de sospecha, de mínima, incluso entre los fieles de mi Parroquia.

      Ahora, una vez en Milán, mientras visitaba el Duomo junto con unos parientes, uno de ellos, ateo, no dudó en reconocer lo atractivo que era el rezo del Ángelus en latín – estábamos allí durante el mediodía.

      Mi aclaración fue que, justamente, uno percibe a partir de los detalles. Si bien el Angelus (y más aún, rezado en el Duomo) no es precisamente un detalle, visitarlo sin actividades religiosas de por medio era perderse 2/4 de la visita. Y si estas se oficiaban en el vernáculo, sumamos 1/4. Punto para el que escribe, silencio de mi pariente ateo y un “estos turistas deben enojarte mucho, ¿no?”

      – ¿Alguna duda lo que podría significar ir al oficio de Maitines en la Sixtina durante el Tiempo Pascual y escuchar el Miserere Mei Deus de Allegri con un coro afín a su majestuosidad ? Es una experiencia en las antípodas al uso contemporáneo, saturada de turistas y dos empleados que piden a gritos que guarden silencio y que no tomen fotos. Más que enojo, una pena enorme.

      En mi humilde opinión, el uso del latín en los oficios no es para todos porque se mal interpreta o no se entiende, a veces para “los ajenos” toma al tinte de una declaración ideológica bastante contundente. Quienes lo hagamos tenemos la obligación de convencerlos de que no es así; el ejemplo se da en las buenas prácticas cristianas.

      Pero también me da la sensación de que con el uso del vernáculo la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana perdió algo de su universalidad y su sentido de lo sagrado. Y si tratamos a los grandes monumento que la historia del catolicismo legó a la humanidad de ese modo, peor.

      Entonces, cuando salgo de la Misa Tridentina mi mente no deja de girar en torno de “¿qué cornos quisieron hacer?”. Mi respuesta es la misma: “el camino al infierno lleva adoquines de buenas intenciones”.

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *