Leído para ud: “La extraña muerte de Europa”. ¿Suicidio o asesinato? Por Enrique de Zwart

Douglas Murray, The Strange Death of Europe: Immigration, Identity, Islam, Bloomsbury Continuum, 2017, 352 pp.

por Enrique de Zwart

“…si éstos callan, las piedras clamarán” (Lucas 19,40)

 

El pasaje de Lucas es lo que me vino a la cabeza al leer este reciente libro de Douglas Murray. No porque dijera algo que no supiera, sino por quién lo dice. La función suprema del estadista es proveer contra los males evitables. Mutatis mutandis esto también aplica a los líderes de la Iglesia, encargados de defender al rebaño. Pero como últimamente, con nombradas excepciones, los que tendrían que hablar callan, las palabras vienen de los rincones menos esperados.

No todos los días la voz de alarma viene de un homosexual neoconservador (es decir liberal a quien le robaron la billetera) sólidamente posicionado en el mainstream de la clase ilustrada británica. No es el primero, uno recuerda a Oriana Fallaci, Thilo Sarrazin, o también el extraño giro de Arturo Pérez Reverte en los últimos años; y tampoco será el último.

Terminé de leer La Extraña Muerte de Europa unos días después del (segundo) atentado en uno de los puentes de Londres. Este tipo de sucesos siempre me han despertado sospechas ya que parecen ser más operaciones de “falsa bandera” que lo que los medios no dicen qué son. Después de todo si los señores de la foto de abajo quisieran realmente imponer la Shariah en Europa lo primero que tendrían que hacer es dejar de poner bombas y masacrar nativos bajo las ruedas de camiones, y en vez seguir el en vez de seguir el consejo del finado Coronel Muamar Gadafi.

“Hay signos de que Alá garantizará la victoria islámica sin espadas, sin pistolas, sin conquista. No necesitamos terroristas, ni suicidas. Los más de 50 millones de musulmanes que hay en Europa lo convertirán en un continente musulmán en pocas décadas”.

Más específicamente poco antes de ser cobardemente asesinado por otra “revolución de color” promovida por las “democracias liberales”, Gadafi ominosamente les advirtió a los europeos:

“Hay millones de negros que podrían llegar al Mediterráneo para cruzar a Francia e Italia; y Libia desempeña un papel en la seguridad en el Mediterráneo (…). Libia puede convertirse en la Somalia del Mediterráneo; verán a los piratas en Sicilia, en Creta, en Lampedusa, verán a millones de inmigrantes ilegales…”.

El Coronel tenía razón aun sin haber visto la bien planeada destrucción de Siria y sus consecuencias; y es de notar que predijo millones, no miles o cientos de miles. Y tenía razón también porque estos “atentados” lo único que obtienen es restringir más la libertad de pensamiento y de acción de la población nativa, con más leyes y más cámaras para espiar y controlar a todos, especialmente a los reaccionarios autóctonos. Ya que los mismos políticos europeos nos dicen que los atentados, no importa cuántos, no cambiarán para nada la actual invasión afro-islámica, quiero decir “política inmigratoria”.

¿O alguien aún cree que Macron, Hollande, Merkel, Cameron, Blair o Zapatero fueron “elegidos” para proveer contra los males evitables? El espectáculo de estos políticos tomando decisiones totalmente en contra de las preferencias de su propia base electoral y de los intereses de su nación requiere una explicación poderosa. Es difícil saber si  estos desgraciados han sido iniciados, coimeados, chantajeados, o simplemente odian a sus países luego de años entre los bien pensant. Pero de última hay que acostumbrarse, ya que como el nuevo alcalde musulmán de Londres, Sadiq Khan –que más que sino la personificación misma de la profecía de Gadafi desenvolviéndose en tiempo real– dijo como de pasada:

“El terrorismo islámico es una parte integral (part and parcel) de la vida en una gran ciudad”

La extraña muerte de Europa es la historia de este “suicidio asistido” cultural y biológico de Europa, debido a los efectos de la inmigración masiva en curso desde África y Asia. Tiende a confirmar las profecías del líder libio.

Este es un libro que, en términos de sus argumentos centrales, no dirá nada nuevo a los veteranos lectores de QNTLC, quienes saben que, si no se cambia el curso actual de Europa lo que ocurrió en el 711 con la España goda. Las soluciones que propone el autor en la obra que estamos comentando no son su fuerte, sin embargo, su mejor punto se encuentra en la manera concisa, convincente y clara en que expone la tesis de que el multiculturalismo es una condena a muerte para Europa. El libro de Murray es una contundente refutación de la mentira de que estamos “progresando” hacia un futuro mejor, trayendo el importantísimo tema de la destrucción de Europa a un público masivo –en Gran Bretaña es bestseller. A pesar de la propaganda omnipresente de los medios, hay claramente mucha hambre de voces disidentes.

Murray comienza con la aserción dura: “Europa se está suicidando”, luego refinada al argumento más matizado de que los líderes políticos de Europa, junto con los cómplices medios de comunicación, están llevando a sus pueblos al camino de la aniquilación étnica y cultural. El aparente beneplácito de la gente en este viaje sin retorno es atribuido a una serie de factores: Europa ha perdido la fe en sus creencias, en sus tradiciones y en su misma legitimidad. En el corazón de esta pérdida de dirección y sentido está la imposición de un culto de culpabilidad por pecados, reales o imaginarios, de generaciones pasadas.

Esta situación es ya una crisis civilizacional y el destino de Europa se vuelve doblemente precario debido a la entrada masiva de inmigrantes totalmente ajenos e históricamente enemigos de Europa, que ha sido designada no como el hogar de los europeos, sino como un hogar para todos los que desean reclamarlo. Las naciones europeas y sus diásporas fuera del continente, son las únicas en ser sometidas a esta forma de apropiación de tierras internacional. “Sabemos que los europeos no podemos ser indios o chinos, por ejemplo. Y sin embargo, se espera que creamos que cualquier persona en el mundo puede moverse a Europa y convertirse en europea“, se queja el autor.

Centrándose en la demografía y en las mentiras que los políticos y los “think tanks” han empleado para ocultar esta invasión al público, Murray comienza su análisis diciendo que, entre 2002 y 2012, los ingleses se convirtieron en una minoría en Londres. En la primera década del siglo XXI, el número de musulmanes en Inglaterra y Gales se duplicó a casi 3 millones, una cifra que no tiene en cuenta a los inmigrantes ilegales. Gran Bretaña es una nación “completamente alterada”, y agrega que “en 2011, Gran Bretaña ya se había convertido en un lugar radicalmente diferente del lugar que había sido durante siglos“. Lo mismo se puede decir de Francia y otros países de Europa occidental. La reacción política y mediática permitida para tales cambios es “únicamente en un espíritu de celebración“. Los políticos y periodistas se han alineado para “celebrar” cada evidencia de nueva “diversidad” y los que resisten son tildados de “literally Hitler”. Por supuesto que esto solo sucede en las así llamadas “democracias liberales”. Nadie ha visto al primer ministro chino, saudita, turco o israelí celebrando la diversidad de sus países.

Un punto repetido de estos vendedores de humo es la “pretensión de que esto no es nada nuevo” pues -de acuerdo a esta falsa narrativa- plantean que Europa siempre ha sido “diversa”. Murray se encarga de destruir esta mentira señalando que, por milenios y hasta la mitad del siglo XX, los países europeos conservaron una población notablemente estática. Con contadas excepciones (vgr. España en el año 711, Constantinopla en 1453) los flujos más significativos habían sido intra-europeos. Esta continuidad poblacional milenaria, luego arraigada en el cristianismo, comenzó a ser destruida después de la segunda guerra mundial con una sucesión de actas y decretos impulsados rápidamente sin consultar a la población (si hubiese sido un proceso realmente democrático, mediante plebiscito, jamás se hubiera aprobado). La excusa usada entonces era que hacía falta llenar puestos de trabajo… argumento pobre si los ha habido.

Ciertamente, sectores importantes de la población han sido como mínimo cómplices involuntarios en este “suicidio”, pero esto no fue el resultado de un error de cálculos. Más bien fueron legislaciones cuyo objetivo principal fue intentar cambiar la constitución étnica, cultural y religiosa de Europa. Murray da nombres, por ejemplo Barbara Roche, la principal arquitecta del estado multicultural durante el gobierno de Tony Blair, Jack Straw, quien fuera ministro del interior –y esto seguramente le traerá problemas a pesar de su filo-semitismo. Como puede verse, debido a la naturaleza del tema, está indirectamente discutiendo la influencia judía en estas deletéreas políticas migratorias. Parece, sin embargo, saber con qué bueyes ara.

Los críticos de estas posturas, sin embargo, son tachados de “racistas”, de ser “demasiado blancos”, y eventualmente de “nazis”. Roche: “me encanta la diversidad de Londres, me siento tan a gusto.” Justamente, han deshecho el país original para  que ellos puedan “sentirse a gusto.” Murray no puede dejar de notar un espíritu revanchista que contradice su tesis de suicidio:

“…si la venganza es, incluso parcialmente, un estímulo para la reciente transformación de nuestro país, entonces lo que estamos atravesando no es un accidente, ni una mera relajación de las fronteras, sino un acto de sabotaje nacional directo y deliberado”.

Esta teoría más realista es dejada conspicuamente sin mayor elaboración.

A pesar de esto, las falacias de la narrativa multicultural están muy bien descriptas. Las mentiras nos son conocidas: el argumento de que Europa está envejeciendo, que la inmigración es un beneficio económico, que la inmigración hace a una sociedad más culta e interesante y que la globalización hace que la inmigración masiva sea inevitable e imparable. Murray refuta estas aserciones de modo penetrante y conciso.

Por razones de espacio trataremos solo algunas.

1. El argumento de que Europa está envejeciendo y necesita un influjo de inmigrantes es tratado a fondo. Murray señala que todo indica que los europeos quieren tener más hijos, pero que les resulta difícil debido a las presiones económicas, sociales y culturales. Argumenta además que el multiculturalismo en sí mismo tiene un impacto deprimente en el deseo de los europeos de tener hijos, ya que reduce el sentido de seguridad y hace que las familias sean menos optimistas sobre el futuro. Para esto, el autor demuele el superficial y peligroso argumento de que la baja tasa de natalidad europea debe ser “resuelta” con inmigración masiva, y pide que los gobiernos europeos introduzcan políticas que fomenten la procreación. La solución al supuesto “problema de edad” de Europa, en vez de importar una nueva población, es recurrir a políticas que fomenten la reproducción y la familia, y la reeducación de los jóvenes lejos de expectativas de vida materialistas.

2. Tal vez el argumento más contundente del libro contra la hipótesis del “enriquecimiento cultural” es su extenso análisis sobre los crímenes de los inmigrantes. Rotherham y ejemplos similares de explotación sexual masiva de niños europeos por pandillas de inmigrantes (en general musulmanes) son presentados en detalle. Un abre ojos; es notable el impacto de la corrección política en la neutralización de la policía y gobierno local, culminando en una inercia tal que ha permitido que el abuso sexual de niñas continúe sin cuestionamiento durante años.

El multiculturalismo es, en su esencia, una ideología antieuropea, y anticristiana. Abundan los ejemplos donde políticos (como la secretaria parlamentaria sueca Lisa Bergh, y más recientemente Emmanuel Macron) repiten que los suecos, los franceses, etc., “no tienen cultura” o eslóganes similares.

Murray explica este odio de sí mismo con “la tiranía de la culpa” y destaca la importancia de las representaciones históricas y culturales que se impusieron luego de la segunda guerra, promoviendo un sentimiento de culpa entre los europeos, que conduce en última instancia a “que Europa no tiene otra opción que recibir a todos los que querían venir. No hacerlo es ser nazi“.

La culpa europea es extremamente útil para sus enemigos. No todos los europeos son susceptibles a esta narrativa, aunque algunos son particularmente propensos a ella. Incluso de modo grotesco, como el ejemplo del zurdo noruego Karsten Hauken que, después de haber sido golpeado y sodomizado por un inmigrante somalí, escribió una carta pública expresando su “sentimiento de culpa y responsabilidad” en caso de que su agresor fuera deportado de vuelta a Somalia donde experimentaría un “futuro oscuro e incierto”.

Es Europa la que se enfrenta a un futuro oscuro e incierto si no hay cambio de rumbo. Murray ofrece sugerencias (deportaciones, cambios culturales y convertir en delito penal el avergonzar a la nación, como ocurre en países como Turquía). Pero, siendo quien es, homosexual y ateo, no suena muy convincente ni convencido, lo cual tiene sentido, ya que todo eso sin un resurgimiento del cristianismo sería solo un paliativo temporal.

Ese futuro oscuro podría llegar pronto.

A mediados de este siglo, mientras que China probablemente sea China, la India sea la India, Rusia sea Rusia y Europa del Este sea Europa del Este, Europa occidental se parecerá a las Naciones Unidas en gran escala. … No será más Europa.

Los pueblos originarios europeos serán como los kurdos, un pueblo sin estado; o simplemente desaparecerán de la historia, como los vándalos o los alanos, o las diez tribus perdidas de Israel.

Aparte del Coronel Gadafi, dos grandes escritores europeos predijeron, en distintos momentos del siglo XX, lo que está ocurriendo. Gilbert K. Chesterton en La Hostería Volante, y Jean Raspail en El Campo de los Santos. La gran diferencia entre ambas novelas es que la primera termina bien, y la segunda no. Aunque imperfecto, este libro es otra advertencia importante (y bastante popular) sobre el Üntergang spengleriano de los pueblos europeos. Roguemos para que El Señor de la Historia se incline, aunque no lo merezcamos, por la opción chestertoniana.

 

Enrique de Zwart

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2 Comments

  1. Además de los libros citados, recomiendo La mesquita de Notre Dame de la rusa Elena Chudinova (hay traducciones al francés, polaco, serbio, búlgaro y, desde hace poco gracias a The Remnant, al inglés).

  2. Esto me recuerda la ceguera de cierto sector de la nobleza y algunos monarcas del siglo XVIII (caso pragmático el de Francia), que brindaron protección y financiamiento a la “filosofía de las luces” y luego terminaron perdiendo todo, incluyendo sus vidas, como consecuencia de la ideología que ayudaron a propagar. Un verdadero suicidio

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